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dimarts, 11 de juny del 2019

Consciencia emergente


¿Qué es la consciencia?

La consciencia puede verse como la facultad de un ser para estar inteligentemente conectado con su entorno. Sin entrar en detalles filosóficos de qué significa exactamente la palabra "ser", a eso se dedica una rama de la Filosofía: la Ontología, aquí simplemente nos referimos a algo que existe (no es producto de la imaginación, realmente existe); existir viene del latín existere que significa ‘salir’, ‘nacer’, ‘aparecer’, y a su vez deriva de sistere ‘colocar’, ‘estar'.

La consciencia está en todas partes 

Claro, si ser es existir entonces una piedra es un ser, incluso un grano de arena lo es; ¿está una piedra conectada a su entorno? Pues sí, en realidad todo lo que existe está conectado a todo lo demás. Esa piedra está influenciada por su entorno, y modifica su estado en respuesta a ese entorno. Afectan a la piedra los cambios de temperatura y humedad (su estructura interna, sus moléculas, modifican sus vibraciones), de luz ambiente (la luz del Sol es absorbida en parte por la piedra, y en parte reflejada), está sujeta a la gravedad, y por supuesto es afectada por cualquier ser vivo que la golpee o la recoja, incluso se puede convertir en un adorno de un jardín, o en objeto de estudio de un geólogo. Desde este punto de vista, todo lo que existe, o sea todo ser, está conectado con todos los demás seres, tiene pues consciencia.

Consciencia y evolución

Atendiendo a la complejidad de la conexión es cuando aparecen los grados de conciencia. En un ser vivo, además de la conexión con el entorno que encontramos en un mineral, aparecen nuevas posibilidades, más sutiles, que hacen que el ser pueda reaccionar al entorno para adaptarse y mejorar su bienestar. La reacción al estímulo del entorno es básica para la supervivencia, pues el ser vivo es mucho más delicado que el ser mineral, necesita protegerse. Así, la consciencia se hace más y más sensible, compleja, a medida que la evolución crea organismos más avanzados.


¡Qué mirada! Despierta, atenta, amable, expectante ... ¡consciente!
En la especie humana la consciencia alcanza su máximo desarrollo, pues además de conectarla de forma muy sensible a su entorno a través de la conciencia sensorial, el ser humano es capaz incluso de percibirse a sí mismo, de relacionarse consigo mismo, ya no es sólo una relación del ser con su entorno exterior, es además una relación consigo mismo. Por eso empieza a preguntarse ¿quién soy yo en realidad?, esa pregunta nace de la auto-consciencia de sí mismo. 

Consciencia plena, no reactividad

En todo caso la consciencia no es un atributo especial del ser humano, es una propiedad emergente de la materia, está en todo, en grados distintos de evolución. Y sigue evolucionando, probablemente la denominada conciencia plena (mindfulness) que tanta difusión está teniendo en estos principios del siglo XXI sea la siguiente fase de esa evolución: es una emergencia de una consciencia que nos conecta con todo de forma no dual, pues tiene una visión del todo que incluso nos incluye a nosotros mismo en ese todo. 

Además ya no hay una reactividad actuando detrás como sucede en la consciencia menos evolucionada, pues esa reactividad era para proteger al ser vivo, protección que en una sociedad amable, evolucionada, humana, no debería ser necesaria en absoluto. La reactividad en realidad no forma parte de la consciencia, pues ésta como ya hemos dicho es una conexión inteligente, mientras que la acción en respuesta a la información que le llega, de la que es consciente, pertenece a otro ámbito del ser vivo. Es por eso que en los programas de mindfulness se trabaja la no reactividad, pues es fácil confundir la reacción con la consciencia, y se hace necesario un trabajo personal para distinguir una de la otra. El ser humano está capacitado para tener ese grado de consciencia capaz de discernir la diferencia entre reaccionar de forma automática y actuar de forma reflexionada, o incluso de no actuar si es lo mñas conveniente. 

dilluns, 6 de maig del 2019

La práctica de la conciencia plena es transformante

La práctica de conciencia plena es transformante, pero hay resistencias al cambio

Es de lo más frecuente, para los que nos dedicamos a impartir talleres y cursos prácticos de relajación y de mindfulness, a encontrarnos con muchas personas, de hecho la mayoría de los asistentes, que a pesar de encontrar placenteras e incluso reveladoras las prácticas que se realizan, confiesan no ser capaces de decidir dedicar un tiempo a la práctica diaria, más allá del que dedican durante el taller; dicen que no tienen  tiempo, cuando en realidad todos podemos reservar 10 minutos al día por muy ocupados que estemos; o también dicen que simplemente no piensan en ello, etc.  A pesar de que se les insista que la práctica diaria, mantenida de forma constante durante algunas semanas, es fundamental para que los beneficios asociados a la práctica se consoliden, se hagan suyos, y teniendo constancia directa de esos beneficios pues durante el taller experimentan relajación, bienestar e incluso silencio mental, así y todo se ven incapaces de decidir incorporar unos minutos a la práctica personal en su día a día.
En consecuencia para la mayoría de personas que asisten a cursos, el resultado final es haber tenido un contacto agradable con la práctica de mindfulness, pero que no modifica en nada, o en muy poco, la vida de la persona. La verdadera práctica de mindfulness es transformante, transforma a la persona; si no es así, es que sólo estamos tocando la superficie, como si nos apuntáramos a clases de piano para sólo tocar con dos dedos las piezas más simples, o como si nos matriculáramos en la Universidad sólo para saber qué es la Universidad, sin estudiar de verdad ninguna asignatura.

A profound transformation
En palabras de Jon Kabat-Zinn (transcrito del vídeo original en ingles):

"Our attempts to identify and solve our problems will usually be thwarted by our own prejudices and preconceptions. Our doubts about our own abilities then become self-fulfilling prophecies. They can come to dominate our lives and in this way we effectively make our own limitations through our own thought processes.

You can get a closer look at this process on a day-to-day level by being mindful of your own inner dialogue and beliefs and how they affect what you wind up doing in certain situations.

Unless we are practicing mindfulness we rarely observe our inner dialogue with any detachment and ponder its validity especially when it concerns our thoughts and beliefs about ourselves. (...)
What we mean above all is that they are undergoing a profound transformation of you; this transformation is brought about by the encounter with one's own wholeness catalyzed by the meditation practice itself."
"Nuestros intentos de identificar y resolver nuestros problemas generalmente se verán frustrados por nuestros propios prejuicios y preconcepciones. Nuestras dudas sobre nuestras propias habilidades se convierten en profecías auto-cumplidas. Pueden llegar a dominar nuestras vidas y, de esta manera, creamos nuestras propias limitaciones a través de nuestros propios procesos de pensamiento.
Podemos observar de cerca este proceso en un nivel cotidiano haciéndonos conscientes de nuestro propio diálogo y creencias interiores, y de cómo afectan a lo que terminamos haciendo en determinadas situaciones."
A menos que estemos practicando la atención plena, raramente observaremos nuestro diálogo interno con cierto desapego ni ponderaremos su validez, especialmente cuando se trata de nuestros pensamientos y creencias sobre nosotros mismos.
Lo que queremos decir sobre todo es que están sufriendo una profunda transformación de ustedes; esta transformación es provocada por el encuentro con la propia totalidad catalizada por la práctica de la meditación misma.
A menos que la persona esté determinada a cambiarse a sí misma, en general las resistencias psicológicas impedirán que la transformación personal tenga lugar. Es como el pez que se muerde la cola: las propias creencias sobre lo que somos y de lo que somos capaces nos limitan, la práctica de mindfulness puede aflojar esa limitación, pero nuestras creencias, manifestadas como resistencia al cambio, en el fondo como miedo a lo desconocido, nos impiden cambiar.

También pueden aparecer resistencias no basadas en el miedo a la transformación, sino en las inercias: la persona sigue obrando como siempre, haciendo lo de siempre, sin ser capaz de variar su rutina habitual para introducir el nuevo elemento que es la práctica de la atención plena, por simple inercia.

Etapas de todo proceso de transformación personal

Siguiendo a A. Blay, un psicólogo que creó su propia línea de trabajo para la transformación y crecimiento personal, para transformar nuestra personalidad a pesar de las resistencias internas, debemos pasar por las siguientes etapas de cambio, aceptación e integración:
  1. Percepción de la posibilidad de cambio, de nuevas perspectivas
  2. Tomar conciencia de ello
  3. Asumirlo
  4. Actuar en consecuencia de lo asumido
  5. Ser eso, serlo.
Vemos cada fase.

Percepción: percibimos algo cuando nuestra mente recibe información de ese algo a través de un canal de transmisión de información. Habitualmente ese canal es sensorial (los cinco sentidos) y la información proviene del exterior de nuestro cuerpo, pero también puede provenir de nuestro propio cuerpo (como en la propiocepción o la interocepción) o de realidades no físicas (percepción extrasensorial), aunque esta última no está aceptada por la ciencia. Cuando asistimos a talleres de mindfulness percibimos los efectos de la práctica: relajación, centramiento, calma, sensación de estar muy despiertos, etc. 


Tomar conciencia: es incorporar a nuestra conciencia una experiencia, implica percepción pero además aceptación de lo que percibimos tal como lo percibimos, o sea es aflojar nuestras posibles resistencias a aceptar lo que percibimos. Con ello obtenemos un conocimiento directo, vivencial,  de la existencia de ese algo percibido, independientemente de nuestras ideas previas. Por ejemplo en un taller de relajación y conciencia plena, en un ejercicio concreto de observación de los pensamientos propios, al terminarlo y comentar los estados de los asistentes, hubo quien resultó confundido, y preguntó "pero entonces, ¿quien soy yo?", pero fue una pregunta realizada con cierta angustia, con cierto miedo a lo que se había percibido, con una resistencia a aceptar que el yo personal no se limita a lo concebido anteriormente; aquella persona quedó confundida, y no integró la experiencia en su conciencia, al contrario, dudó y se cerró a ella.


Asumir: significa literalmente tomar para uno mismo lo percibido, hacerse cargo de ello, responsabilizarse de algo.  Se refiere a lo que percibimos e incorporamos a nuestros esquemas mentales, aceptándolo plenamente en nuestra vida: aquello es, y está en nuestra vida, es parte de ella.

Por ejemplo en tu trabajo recientemente te han ascendido, ahora eres el jefe de tus antiguos colegas, lo sabes pues percibiste el mensaje, escuchaste el nombramiento, te has hecho consciente de ello, lo sabes, pero no te lo esperabas, no estabas preparado para ello, así que lo sabes pero todavía no lo has asumido, el hecho no lo has aceptado plenamente, no te has responsabilizado de tu nuevo cargo, y en consecuencia no estarás actuando aún plenamente como jefe hasta que no lo asumas, todavía no eres jefe de hecho, sólo sabes que te nombraron jefe. El asumir algo puede ser parcial: lo sabes, pero no acabas de aceptarlo del todo, tienes una aceptación parcial debido a resistencias mentales.

Para asumir el cambio totalmente debemos superar los condicionamientos y resistencias que tengamos, y eso pasa por un proceso de tomar conciencia de esas resistencias. Del mismo modo, en la práctica de la atención plena se produce una profunda transformación personal que hay que percibir, aceptar y asumir para que se estabilice.

Actuar en consecuencia: es un ajustar nuestra acción cotidiana al conocimiento asumido que tenemos, actuando como corresponde a lo que hemos aceptado y asumido en nuestra vida. En el ejemplo anterior decíamos que en tu trabajo recientemente te han ascendido, ahora eres el jefe de tus antiguos colegas, aunque no estabas preparado para ello, todavía no lo has asumido. En el momento que lo asumes (te responsabilizas de ello) es cuando puedes empezar a actuar en consecuencia, esto es, a actuar como jefe. Al asumir tu jefatura, las trabas mentales de no aceptación plena caen, y puedes actuar como corresponde al cargo. En la práctica de la conciencia plena, seria vivir instante a instante con plena conciencia, aplicando lo percibido, aceptado y asumido no sólo durante las sesiones de trabajo, sino con continuidad.

Serlo: Decimos que somos algo cuando estamos actuando siempre conforme a un conocimiento aceptado y asumido, y eso significa 1) conocemos  2) asumimos  y 3) actuamos en consecuencia. Es por tanto una combinación de saber y actuar. En el ejemplo anterior, cuando te han nombrado jefe de tus antiguos colegas de trabajo, debes asumirlo, y partir de ahí dejar de actuar como colega y empezar a actuar como jefe; cuando ese saber-asumir-actuar se estabiliza y asienta en ti,  eres el jefe, no "haces de" sino que lo eres. De parecida forma, cuando actúas de forma habitual con conciencia plena, eres conciencia plena.

En cada fase de la transformación personal podemos experimentar bloqueos que nos impidan avanzar; esquemáticamente:

Aceptación

Aceptar una realidad , en el sentido de permitir que esa realidad percibida entre en nosotros, que pase la puerta de nuestra interioridad, es clave para poder vivirla plenamente e incorporarla a nuestro vivir. ¿Por qué no aceptamos una experiencia percibida? Porque choca frontalmente con lo que nosotros pensábamos acerca de lo que somos. Una idea aceptada choca con una realidad percibida momentáneamente que niega la primera; la idea aceptada lleva con nosotros probablemente toda la vida, mientras que la nueva realidad percibida acaba de llegar, y como decíamos antes, quizás sólo se experimenta durante unos instantes, en el transcurso de un taller de conciencia plena. Esos breves instantes de percepción de una realidad distinta a menudo no son suficientes para debilitar y sustituir la antigua idea aceptada: esto es la inercia de la antigua idea, la resistencia a ser movida o cambiada.

Por esto es importante la práctica continuada, día a día: al insistir en vivirse a uno mismo de forma distinta a la aceptada, se va haciendo más y más evidente que eso es real, y se aflojan las inercias a quedarse con las antiguas ideas sobre uno mismo. Tampoco se crea que es necesario un gran esfuerzo: entre diez y veinte minutos diarios, mantenidos durante dos a tres meses, bastan para asentar la experiencia de vivirse a uno mismo de forma distinta a lo aceptado anteriormente. Mucho menos de lo que hace falta para aprender a tocar un instrumento, para aprender a conducir, y por supuesto para obtener una titulación, que precisan años.

El tiempo previo de vivencia puede incluso reducirse si la persona empieza a practicar con una actitud realmente abierta a lo que venga, o sea, con una actitud inicial de aceptación, de curiosidad, de ganas de experimentar sin condiciones lo que traiga la práctica. Entonces las inercias se reducen al mínimo, y la persona se transforma interiormente con facilidad.

La aceptación de lo vivido es de hecho una parte básica de la práctica de la atención y conciencia plena: por eso se llama de conciencia plena, pues al introducir la aceptación abierta de lo percibido, es cuando realmente nos volvemos conscientes de lo percibido: cuando no hay barreras mentales autoimpuestas. 

Conclusiones

Siempre que vayamos a realizar una práctica o un taller de mindfulness-conciencia plena, si queremos realmente aprovechar sus muchos beneficios, es importante que acudamos a la práctica con una actitud previa de aceptación de lo que se va a experimentar, sabiendo que interiormente tenemos unas inercias al cambio, a las experiencias que niegan nuestras ideas previas, y que esas resistencias se superan aplicando aceptación de lo que de va a experimentar. Y recordar que para superar las propias inercias se necesita cierta constancia en la práctica, cierto tiempo de práctica cotidiana, pues se trata de movilizar unas inercias que han estado con nosotros muchos años, y no se pueden mover en cuatro días. Con este conocimiento y la actitud adecuada, cosecharemos mucho más beneficios de nuestra practica.




dijous, 7 de març del 2019

Deseos y aspiraciones con atención plena


Es conocido que la práctica de la atención plena, o Mindfulness, provienen de la tradición budista, y que ésta señala al deseo como fuente de sufrimiento. Pero no todos los deseos son generadores de sufrimiento. A continuación distinguimos cuáles son esos deseos perturbadores del bienestar, y como Mindfulness puede ser de gran ayuda para minimizarlos.

Tipos de deseos
Una clasificación adecuada para nuestro propósito es la siguiente:

  • Deseos no saludables: socava el bienestar propio y/o ajeno, produciendo lo que el budismo suele llamar "sufrimiento". Ahí tenemos las motivaciones que llevan a algunas de las cosas más horribles y horribles que hace la gente.
  • Deseos saludables: puede contribuir al bienestar psicológico, la felicidad y la paz. El deseo expresa algunos de los aspectos más bellos y nobles de la vida humana.
  • Deseos compulsivos: no dirigidos a voluntad, te dirigen incluso contra tu voluntad, y por lo tanto no es fácil soltarlos;a menudo van acompañados de dependencia, tensión o presión para conseguir lo deseado. La libertad, el libre albedrío y la capacidad de elegir sabiamente, se comprometen fácilmente a manos del deseo compulsivo. Si no puede satisfacerse, el deseo compulsivo puede fácilmente convertirse en frustración e ira y en todo caso geenra sufrimiento.
  • Aspiraciones: La aspiración es un tipo especial de deseo que se caracteriza por la apertura a una posibilidad que se ve como buena (deseable) pero sin generar una necesidad o condicionamiento de que realmente suceda. Esto no significa que no actuemos de acuerdo con nuestras aspiraciones, sino que no lo hacemos de forma compulsiva. La aspiración a menudo surge de la parte no discursiva de la mente (aquella relacionada con el razonamiento lógico y la argumentación), y está asociada a la quietud interior y la relajación: a veces, solo durante largos periodos de reflexión profunda y contemplación, las personas descubren en qué quieren de verdad basar su vida.

Podemos encontrarnos con combinaciones de los tipos anteriores. Ejemplos:



Saludables No saludables
Aspiraciones Desear ayudar a los demás siempre que sea conveniente hacerlo.
Desear ser mejor persona sin obsesionarse ni pensar que ahora no lo eres. 😊
Aspiraciones con buenas intenciones pero equivocadas, como querer ofrecer ayuda para sanar enfermedades sin tener la habilidad necesaria, dañándolo con nuestras buenas intenciones mal dirigidas. 😕
Compulsivos Desear mejorar más y más indefinidamente la forma física, «enganchándote» al ejercicio físico intenso, viéndolo como una necesidad personal.
Desear mejorar la vida de los demás de forma forzada, incluso a pesar de su resistencia, y sufriendo por ello. 😕
Deseos dañinos no controlados:
Beber en exceso.
Tener envidias y rencores (desear la desgracia ajena para sentirse mejor con uno mismo) 😭



Las expectativas generan compulsión
Frustración generada por deseos compulsivos
Las aspiraciones pueden degenerar en compulsivas; una forma es a través de la expectativa: el esperar resultados favorables en respuesta a nuestros esfuerzos por hacer realidad la aspiración. Por ejemplo aspiramos a tener unos hijos sanos y felices, hacemos todo lo posible, pero debido a circunstancias adversas no se satisfacen nuestras expectativas, y sufrimos por ello, pues esperábamos conseguirlo. La auténtica aspiración mantiene una apertura a la posibilidad pero sin generar una necesidad de que se consiga realizarla, es un ideal deseable; esto no significa que no actuemos de acuerdo con nuestras aspiraciones, significa que no nos aferramos a su consecución. Ya de por sí es plenamente satisfactorio tener una aspiración saludable, y actuar de forma coherente y constructiva con ella, sin depender del resultado. 
 

Tensión-compulsión y aspiración-relajación
Puede ser útil establecer una relación entre estos conceptos. Cuando experimentamos un deseo compulsivo de alguna manera estamos cerrando nuestra mente en torno a ese deseo; nos aferramos a él y a su consecución, y rechazamos la idea de no conseguir realizarlo. Siempre que nos aferramos a una idea, cerramos nuestro campo de percepción, al no querer considerar la posibilidad de negar la idea, o su consecución. Hay ahí una tensión, un forzar. En cambio cuando aspiramos algo hay una relajación, es un desear abierto a toda posibilidad, incluso la de que sea prácticamente imposible realizar la aspiración. Al soltar la mente nuestro campo de percepción es abierto, y de hecho es la forma de captar mejor todas las posibilidades que realmente existen. Podemos pues decir que las aspiraciones además de no tensarnos nos mantienen más conectados a la realidad total, pues nos mantenemos receptivos y abiertos incluso a la posibilidad de no ser posible conseguir realizar nuestras aspiraciones, sin sentir frustración por ello; si sentimos frustración es señal de algún tipo de cerrazón compulsiva de la mente.

Amor y deseos saludables
Amor bondadoso en
la tradición Budista

El amor es un generador de deseos de todo tipo, tanto saludables como no saludables, tanto compulsivos como aspiracionales. Cuando el amor nos dirige a desear algo o alguien para nuestro beneficio fácilmente generará deseos en principio saludables pero compulsivos, pues de forma automática se produce en nosotros la idea de que ese algo o alguien es muy importante o incluso necesario para nuestro bienestar, o nos imaginamos una necesidad que convierte el deseo de amar o ser amados en compulsivo. Hay también deseo compulsivo en el amor por los hijos e hijas, como ya hemos visto. De nuevo, un amor bien dirigido será capaz de generar aspiraciones bondadosas en vez de deseos compulsivos: la aspiración bondadosa es aquella que, por amor, por bondad, nos moviliza a actuar para el bienestar, pero sin exigencias compulsivas.

Mindfulness para evitar la compulsión
La sensibilidad y la conciencia más abierta que proviene de la práctica de la atención plena ayudan a percibir cuando nuestros nuestros deseos son saludables; también ayuda a percibir cuando la aspiración se convierte, a través de las expectativas, en deseo compulsivo. A través de la práctica de la auto-observación con plena atención llegamos a ser capaces de darnos cuenta cuando se produce la tensión física y mental, la presión y el malestar que vienen con el deseo compulsivo, incluso cuando son sutiles, que es el caso con los deseos saludables y las aspiraciones cuando se mezclan con expectativas.

Expectativas y mindfulness
Una expectativa es una idea respecto a un resultado futuro, fruto de acciones nuestras; al ser una idea, tiene la fuerza de toda idea: podemos caer en la identificación con nuestra propia idea, creer que nosotros, de alguna manera, somos en parte esa idea. De esa forma cuando la expectativa no se cumple, la idea es negada, y nosotros mismos podemos sentirnos negados, de ahí el sufrimiento, pues toda negación de nosotros mismos provoca sufrimiento. La práctica de la atención plena lleva nuestra conciencia al presente, tendemos a divagar menos sobre el futuro, debilitando así las possibles expectativas sobre acontecimientos futuros. Hacemos lo que creemos correcto aquí y ahora, no para conseguir un posible resultado futuro que cumpla nuestras expectativas.

Aspiraciones y mindfulness
La verdadera aspiración en el sentido de no generar necesidades, condicionamientos o expectativas suele tener un claro matiz impersonal: es como si nos sobreviniera sin esfuerzo por nuestra parte, està ahí como un impulso limpio, inegoísta, un impulso a obrar para realizar algo beneficioso, y al mismo tiempo no nos condiciona, no nos añade ni quita nada, deja nuestra libertad intocada. Aquí «impersonal» significa no pensar en uno mismo, que no equivale a no ser uno mismo, de hecho es todo lo contrario: cuando simplemente somos, no necesitamos pensar sobre nosotros. Al simplemente ser momento a momento, relajamos los pensamientos compulsivos acerca de nosotros mismos y nos abrimos a captar verdaderas aspiraciones. 





diumenge, 27 de gener del 2019

Julen

Un 13 de enero Julen, un niño de corta edad, caía en un angosto pozo abandonado, cavado a ras de tierra, una auténtica trampa mortal, simplemente por la mala suerte de pasar por allí. Durante casi dos semanas los equipos de rescate trabajaron día y noche para recuperar al pequeño, manteniendo viva la esperanza de encontrarlo con vida, sin éxito, pues cuando por fin lograron llegar a él lo encontraron sin vida.

Cada persona reacciona ante este tipo de tragedias de forma distinta, hay quien se encoge de hombros y simplemente dice "mala suerte, se hizo lo que se pudo", otros en seguida piensan en consecuencias legales y castigos, hay quien se queda en un mar de preguntas aparentemente sin respuesta del tipo "¿por qué han de suceder desgracias así a un niño que justo empezaba su vida?", aún otros, cerrando sus corazones al drama, lo ignoran, justificándose con pensamientos tales como "hay muchos niños muriendo en el mundo de forma injusta como para prestar tanta atención a uno en concreto", como si la existencia de muchos casos quitara la importancia que tiene cada uno de ellos, cada drama humano.

Realmente para quien busca un sentido a la existencia estos casos complican mucho la búsqueda  de comprensión, pues parecen completamente fuera de todo sentido, incluso parecen crueles. Seguramente por esta dificultad, que de hecho nos encontramos casi cada día cuando vemos las noticias, muchos han renunciado a entender, algunos son escépticos a todo los trascendente, incluso se muestran agresivos, destructivos, contra quien defiende un sentido trascendente de la vida, otros que también renuncian a entender lo hacen en sentido contrario, creyendo que un Dios que todo lo dispone tendrá sus razones que son incomprensibles para la razón humana. ¿Realmente está fuera de nuestro alcance la comprensión del sentido de la vida, con sus desgracias incluidas? Fácil está claro que no, ¿pero imposible? Seguramente la palabra clave sea: conciencia.

No hay comprensión posible sin conciencia; una conciencia despierta, amplia y a ala vez profunda, que contemple con ánimo de entender, sin perderse en razonamientos intelectuales, en pensamientos, nada de lógica, simplemente ser y mirar atentamente con interés de profundizar, de entender. Todos tenemos la capacidad de ser conscientes, sólo que no la tenemos desarrollada por igual. El sistema educativo tradicional se preocupa sobre todo por desarrollar el intelecto, y la sociedad "avanzada" tecnológicamente más bien lo que promueve es la estrechez de conciencia, proporcionando mucho trabajo a todo el mundo, todos estamos muy ocupados y "no tenemos tiempo" y todo tipo de "distracciones" para descansar del trabajo. Con este entrenamiento y este estilo de vida, nuestra conciencia es estrecha, superficial, y no alcanza demasiado lejos, y por supuesto, no da para iluminar el sentido de la vida y el sentido de las desgracias. Así que si de verdad queremos entender algo más, si queremos trascender la visión estrecha y superficial de la vida, necesitamos ejercitar nuestra conciencia en profundidad y en amplitud.

Daría para un libro entero, o para unos cuantos, desarrollar convenientemente el párrafo anterior; en este corto artículo nos contentaremos con mostrar sólo un aspecto de los diversos resultados obtenidos al trabajar la conciencia: la percepción del sentido profundo de ser.  En el trabajo de profundización, que es sólo una parte del trabajo, todo meditador acaba encontrándose cara a cara con ese ser interior,  ese observador que está más allá, por detrás como si dijéramos, de todo lo que acontece. Es tan profunda su conciencia que todo, absolutamente todo, parece exterior, incluso los propios pensamientos, las emociones y el cuerpo, se ven desde esa conciencia central como externos a ella. Y no obstante la sensación de conexión es absoluta, eres más allá de todo lo externo, pero estás conectado con todo, eres plenamente consciente de todo, incluso de tu ser más profundo. Al principio la percepción de ese ser interior viene como un flash corto e intermitente, con la práctica paciente se va estabilizando; al cabo de un tiempo tienes la extraña sensación como de "ver doble", a veces tu conciencia es la superflua habitual, a veces espontáneamente se profundiza y te centras, te sitúas en el centro de todo tu campo de conciencia. 

Entonces, ¿cuál es la relación entre la profundización de la conciencia y el sentido de la desgracias? Cuando aprendes a centrarte en esa sensación profunda de ser te das cuenta que potencialmente todos la tenemos, incluso aunque no se sepa simplemente por que no se le presta atención. Desde esa conciencia profunda todo se ve mucho más relativo: la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, la juventud y la vejez, la vida y la muerte, son estados, no son el ser, el ser es inmune a ellos, para el ser son cosas que suceden, pero que no le afectan directamente. De hecho nada puede dañar a ese ser central. Julen también lo tiene, también lo es, y hablamos en presente, no en pasado, así que de hecho sigue siendo ese es, ese ser central indestructible, sólo que probablemente no se había dado cuenta todavía. Para el Julen central, para su ser, lo que le ha sucedido es simplemente algo que ha sucedido, el sigue siendo, el Es. Esta conciencia central pues lo relativiza absolutamente todo, marca una distancia desde la cual se puede observar lo que acontece.

Después de meses de viajar por el inmenso subcontinente indio por fin el buscador encontró el hogar del sabio que buscaba. Llamó a la puerta y una suave voz le invitó a entrar. El sabio se encontraba en ese momento almorzando frugalmente, y le invitó a acompañarle. El buscador estaba impaciente por saber, por empezar a obtener respuestas, así que recién terminado el refrigerio sin más tardar preguntó.

- Oh sabio entre los sabios, no debes conocer el dolor y el sufrimiento que nos afligen al resto de los mortales, ¿verdad que es así?

- No es así, al contrario, conozco muy bien el dolor y el sufrimiento, como todo ser humano

- ¡Caramba! No lo entiendo, creía que las personas realizadas espiritualmente habían trascendido el sufrimiento, ¿no es así maestro?

- Trascender no equivale a ignorar amigo mio, pues ¿que sabio merecería realmente ese calificativo si no conociera de primerísima mano todos los sufrimientos que padecemos los seres humanos? No, en verdad, para conocer realmente algo has de haberlo vivido con intensidad, si no es así, sólo lo conoces en teoría, pero no en la práctica.

- Entiendo, pero entonces maestro, ¿tu también sufres? ¿Si sufres, para qué sirve estar iluminado, si sigues sujeto al sufrimiento?

- Como todo ser humano podemos experimentar dolor, pero la diferencia es que no me importa en absoluto, el dolor sucede, está ahí, y yo lo contemplo desde mi morada interior con total aceptación y comprensión, sé que forma parte de la existencia humana, y también se que no afecta a mi Ser. No me identifico con ese dolor, sino con el Ser que trasciende al sufrimiento, al dolor e incluso al pensamiento. Conozco el dolor, lo siento, pero no me afecta en absoluto. Eso es la trascendencia del sufrimiento hermano mio.




dilluns, 24 de desembre del 2018

Volviendo a la inocencia con sabiduría

La mente de cualquier adulto generalmente está llena de pensamientos, yendo y viniendo y volviendo ... en un carrusel sin fin.

¿Recuerdas cuál era tu estado mental en tu infancia? ¿Qué pensamientos llenaban tu mente?

 

Probablemente bien pocos, era impulsos simples, deseos inmediatos, percepciones directas ... más que un pensar era un simplemente estar allí, viviendo el momento en el momento.

A medida que más retrocedes en tu infancia, menos pensamientos encuentras; Tal estado mental se llama inocencia. Y es un estado agradable, feliz, en paz, pero muy despierto, muy vivo.

Hoy en día, la meditación es un tema de tendencia en Occidente, y uno de sus objetivos es reducir el número de pensamientos involuntarios.


Meditar es como regresar a aquel estado mental tan pacífico, el de nuestra infancia: simplemente esté aquí y ahora, despierto, observando, percibiendo.

Pero no es el mismo estado infantil: un niño reacciona a las percepciones, actúa impulsado por los deseos, es movido por sus emociones como un barco a la deriva es movido por el viento y las olas; en cambio, un meditador adulto experimentado no reacciona automáticamente, y no es impulsado por deseos ni emociones, su mente es estable, tiene un temperamento ecuánime, y en el centro profundo de esa mente hay un observador que contempla toda la escena, contempla delante suyo el mundo corriendo y girando.



Desde ese centro profundo de la mente, el observador no se ve afectado por nada. Cuando debe actuar lo hace, pero actúa, nunca reacciona. Tal estado mental se denomina sabiduría, es un estado de visión amplia, libre de prejuicios, pero que posee el conocimiento, la experiencia de una vida, que puede usar y usa cuando es necesario.

Entonces a través de la meditación podemos volver a la agradable inocencia, pero esta vez con conocimiento, con sabiduría. Tener conocimiento no significa estar pensando continuamente, por el contrario, los pensamientos se reducen al mínimo, los pensamientos involuntarios ya no están allí.


 Nos convertimos progresivamente en un inocente sabio.

diumenge, 18 de novembre del 2018

Aceptación positiva, con plena conciencia

La aceptación de lo observado es junto con la observación atenta de los que sucede la base de la práctica de la atención plena - mindfulness, y también suele ser la parte menos comprendida, porque aceptar suele identificarse con rendirse, con dejar de intentar buscar soluciones, con el derrotismo, en definitiva con actitudes pasivas o negativas. Por otra parte no aceptar la realidad puede generar fácilmente frustración. Pero hay un punto de equilibrio entre aceptar las cosas con actitud derrotista y no aceptarlas y frustrarse por ello.

Aceptación positiva

La aceptación a la que se refiere la práctica de la atención plena es un hacerse cargo de la situación, tanto si es en presente como si está en el pasado. Esto es, no negarla, aquello está sucediendo o ha sucedido, y después asumir una actitud pro-activa, positiva, hacia ello. Lo contrario de esta aceptación es negar la realidad, no querer verla, ocultarla o intentar pasarla por alto, o simplemente oponerse a ella de forma reactiva, emocional. La aceptación positiva es, primero de todo, interior: en nuestro pensar aceptamos que eso es así, lo sabemos; en cambio en el exterior podemos intentar hacer muchas cosas para cambiar la situación, pero desde esa aceptación interior a lo que es.  Algunos ejemplos de aceptación positiva:

Un misionero o un colaborador de una ONG, destinado a un país como India o a países africanos, ve la miseria a su alrededor, la acepta interiormente, y gracias a esa aceptación es capaz de no caer en la frustración y otras actitudes negativas, y estar muchos años, día a día, trabajando para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de ese denominado tercer mundo. 
Un enfermo terminal que acepta interiormente su situación tampoco cae en la depresión, que es un estado emocional surgido de la no aceptación, y por ello será capaz de disfrutar de todo aquello que pueda disfrutar en ese último período de su vida, en vez de perderlo lamentándose hasta el final.
Y un ejemplo de aceptación negativa:
Un joven, sensible a la realidad social, la encuentra absolutamente equivocada, no ve en ella casi nada bueno, sólo ve problemas, injusticias, conflictos. Es sensible a ello, pero no es un activista, pues cree que no se puede hacer nada para cambiar de verdad las cosas, hay demasiadas inercias al cambio, y él carece de los recursos necesarios. Exteriormente acepta porque no tiene más remedio, pero interiormente no lo acepta, al contrario, le produce cierta frustración.

Beneficios de la aceptación positiva

Cuando aceptamos plenamente, interiormente, nuestra mente no se desequilibra fácilmente por las situaciones difíciles: adquirimos ecuanimidad. Desde esa ecuanimidad, podemos valorar mejor la situación, y de ello resulta una mejor capacidad de acción encaminada a mejorar las cosas, si es que es posible. No te tomas la situación, que quizás es muy negativa, como algo personal, sino como algo que simplemente sucede. Al hacerlo así, abres la puerta a la comprensión amplia del porqué sucede lo que sucede, a la empatía con el que sufre, a la bondad de la aceptación tanto de lo bueno como de lo malo, y a una sabiduría práctica consistente en entender lo que sucede para poder hacer lo posible para mejorar las cosas en cada momento, y si no se puede hacer nada, se acepta también.

Como conseguirla

La mejor combinación para adquirir una habilidad como la aceptación positiva seguramente es la práctica de la meditación sedente (sentado) más la auto-observación atenta de cómo nos tomamos las cosas conforme suceden. 

Un esquema básico para la meditación de la aceptación positiva puede ser el siguiente:

  • Preparación: 2-3 minutos de respiración profunda y lenta, y/o estiramientos y/o auto-masajes para relajar el cuerpo.
  • Conciencia plena corporal: Fijar la atención plenamente al cuerpo: mínimo 5 minutos, y hasta 10-15, anclando la atención a las sensaciones de la respiración, del calor corporal, de su estado general, y sobre todo a la sensación de bienestar que suele estar ahí pero a la que no solemos prestar atención. 
  • Aceptar: recordar situaciones personales, vivirlas de nuevo, de forma desapegada, aceptándolas desde la ecuanimidad, desde la comprensión bondadosa ("no supe hacerlo mejor en ese momento", o "los demás no supieron", o "las circunstancias fueron las que fueron",  etc.). De 5 a 10 minutos.
  • Salida: como la preparación

diumenge, 4 de novembre del 2018

Tener "buen juicio" es una habilidad que deberíamos trabajar

Juzgar

Juzgar es formar una idea, una opinión, sobre una persona, una cosa o unos hechos, pero no una opinión cualquiera así en general, sino más bien en el sentido de decidir en favor o en contra, de afirmar o de negar, de ver como  correctos o incorrectos unos hechos y por extensión a las personas que los realizan, a sus actitudes y comportamientos.

Juzgamos continuamente

Se juzga en base a unas creencias personales, o a unas costumbres o unas normas escritas. Juzgar es innato en nosotros: lo hacemos continuamente, de forma automática, tanto a nivel personal como a nivel social, y por eso las sociedades modernas tienen una enorme cantidad de normativas, desde la de las comunidades de vecinos o de cualquier club social hasta el gobierno de la nación, y todas esas normas sirven para juzgar comportamientos, para afirmar que son correctos o no. 

Juzgar bien es complicado

Pero no obstante no existe ningún conjunto de creencias, costumbres o normas que sea completo, entendiendo por completo el contemplar todas las posibilidades y sus variantes que se presentan en toda acción humana; por tanto todo juicio será siempre hasta cierto punto parcial, incompleto e incluso puede llegar a ser claramente injusto, pues juzgar lo puede hacer cualquiera, pero ser justo no es tan fácil ni frecuente: ser justo tiene relación con ser equilibrado, exacto, preciso, estar en su justa medida.  

Este asunto de la incompletitud de toda normativa o conjunto de creencias como base para enjuiciar lo correcto o lo cierto y distinguirlo de lo incorrecto o lo falso ya fue establecido hace 100 años, a principios del siglo XX, por diversos pensadores e investigadores que dedicaron sus esfuerzos a buscar ese sistema infalible que permitiría establecer la verdad sin error alguno, pero seguimos actuando como si todavía existiera la posibilidad de la certeza absoluta. La historia de esa búsqueda de la certeza está muy bien explicada en un libro en formato de cómic, ameno y muy recomendable: Logicomix, una busqueda épica de la verdad

Juzgar para represaliar

Juzgar como negativo o incorrecto el comportamiento de una persona de por si cierra la puerta de la comprensión sobre su comportamiento, pues ¿para qué entenderlo si lo vemos como incorrecto? En cambio el juzgar negativamente abre otra terrible puerta: la que nos lleva a la represalia, la hostilidad, la ira, el querer castigar, querer venganza y la emotividad negativa. No en vano para muchas personas obtener justicia es sinónimo de obtener venganza. Este es también un comportamiento típico humano, el represaliar al que obra mal, es un instinto heredado, un acto de defensa que en principio es correcto, pero que hay que vigilar de cerca para no caer en la negatividad irracional. Pues lo "malo" tampoco es un concepto claramente definido, universal, sino relativo.
Justicia clásica: aplicar ciegamente
las normas y castigar (con la espada)
su incumplimiento. Podemos hacerlo mejor.


Juzgar para mejorar como personas

Viéndolo desde otro punto de vista: ¿cuál debería ser la utilidad del juzgar como correcto o incorrecto? Podríamos decir que es detectar comportamientos erróneos para en la medida de lo posible corregirlos, pero ya hemos dicho que el concepto erróneo no es absoluto sino relativo. Las acciones que son dañinas, para uno mismo o para otros, podrían parecer buenos candidatos para ser etiquetadas como erróneas; pero  a menudo ese daño proviene de mantener una cierta posición mental cerrada que al sentirse cuestionada reacciona con negatividad y dolor, a veces simplemente actuar de forma diferente a lo que se espera de nosotros ya está dañando, ¿es correcto entonces juzgar como malas tales acciones?

¿El desmontar unas creencias, dañando entonces a la personalidad que se apoya en ellas, es "malo"?  Depende de cómo se haga, y de las circunstancias en las que se haga. Es complicado, hay muchos matices y condicionantes a tener en cuenta en el momento de juzgar. Y no obstante necesitamos tener una opinión en la que apoyarnos, necesitamos tener un juicio formado.  

El buen juicio es no personal

Una manera infalible de mejorar nuestro juicio es, y no es fácil de hacer,  olvidarnos de nosotros mismos cuando vayamos a juzgar. ¿Por qué? Porque entonces será un juzgar imparcial, no somos parte interesada en el juicio, y podemos ver las cosas con perspectiva. Podremos juzgar para ayudar al otro, para poder opinar sobre cómo mejorar la actuación, y no para protegernos a nosotros. Por esto se pide imparcialidad en los jueces, aunque es casi como pedir la Luna, ya que cuando lo que juzgan les concierne personalmente, difícilmente serán capaces de mantener la imparcialidad, como ocurre en casi todas las personas.
 
El renunciar a protegernos a nosotros mismos, el enjuiciar sin motivos personales, desactiva el instinto de supervivencia-defensa, que es el que conduce al deseo de represalia y otras emociones negativas, y es lo que nos hace imparciales, ja que no somos parte interesada en el juicio. Esto ya es un gran avance en el juzgar, es necesario, pero no es suficiente, incluso así aun podemos equivocarnos mucho en nuestro juzgar, pues todavía sigue estando presente el otro gran problema, la incompletitud de nuestro conocimiento, de nuestro discernimiento racional. 

Necesitamos también la humildad de reconocer que no lo sabemos todo, que no lo comprendemos todo, añadiendo entonces prudencia, reconocer las circunstancias, el ser comprensivos y benevolentes con aquello que vamos a juzgar, que en definitiva son personas como nosotros, imperfectas. En suma, para juzgar como más sabios seamos mejor, más justos seremos.

Buen juicio en situaciones muy personales

Entonces las situaciones en las que será más complicado mantener un buen juicio serán aquellas altamente personales, en las que nos atacan verbalmente o se nos muestra hostilidad manifiesta, o bien cuando nos sentimos traicionados o desengañados por alguien en el que confiábamos.

En efecto, es difícil mantener el buen juicio cuando alguien te juzga injustamente, o al menos eso crees, y por ello te agrede con su actitud hostil. Puedes sentir la emoción negativa de ser tratado injustamente,  la indignación,  que fácilmente puede hacer que reacciones con más hostilidad, creando un círculo vicioso entre tu y tu atacante. En esta situación es preciso aplicar los mismos principios: olvidarte de ti mismo, relajarte, procurar no sentirte dañado, no lo serás si tu no te dejas, y  no quedarte con la negatividad sino al contrario intentar ser proactivo: mirar de entender la motivación profunda del otro que suele ser miedo a ser dañado de alguna manera.  A menudo la otra persona es inconsciente de su miedo, su reacción de ira contra ti es también en buena parte inconsciente, y reaccionar  contraatacando reforzará todavía más la ira.
 
¿Cómo mantener en esas situaciones la imparcialidad? La emotividad de esas situaciones tan personales fácilmente nos arrastrará, y nos lo tomaremos todo como muy personal, seremos muy parciales en nuestro juicio.  

Ira: nos han juzgado negativamente
Aquí es en donde entra en escena la inteligencia emocional, que nos permite gestionar la emotividad sin dejarnos llevar por ella. Una excelente herramienta de gestión emocional es la práctica de la atención plena. Combinándola con los otros factores que hemos mencionado, prudencia, benevolencia, ser comprensivos, querer ayudar en vez de querer defendernos, nos permite conservar nuestro buen juicio incluso en medio de las circunstancias más adversas. Y si tenemos que defendernos, lo haremos en su justa medida, sin caer en batallas sin sentido y en la sinrazón. 

Entrenar la habilidad de mantener el buen juicio en situaciones personales

Se realiza dos tipos de trabajo: meditación diaria en soledad, y trabajo práctico durante situaciones complicadas con otras personas.
Damos a continuación un esquema  de sesión de meditación de unos 25 minutos para entrenar la capacidad de mantener el buen juicio en situaciones complicadas; suponemos que la persona ya ha practicado meditación básica durante un tiempo y por ellos está preparada para aplicarla a este caso práctico, si no es así recomendamos empezar por una práctica meditativa básica diaria y mantenerla por al menos 2 meses antes de empezar esta práctica específica.

Fase 0: preparación. Como en cualquier sesión de meditación, hay que preparar el cuerpo para tenerlo inmóvil pero bien despierto durante toda la práctica.
Fase 1: Práctica de la conciencia plena corporal. Durante 10 minutos atendemos plenamente al cuerpo (estiramientos y auto-masajes con plena atención, observar la respiración, escáner corporal, ...). Ojos abiertos o cerrados, como convenga.
Fase 2: Atender plenamente a las emociones negativas: preferentemente con los ojos cerrados, rememoremos alguna situación en la que hemos sido agredidos verbalmente o tratados con hostilidad o injustamente, o engañados, etc, una de esas situaciones que comportan emotividad negativa, y durante 5 minutos aproximadamente contemplemos esa escena y nuestra emotividad sin emitir juicio alguno, solo observando, manteniendo la distancia, como si estuviéramos viendo una obra de teatro, sin tomar partido. Estemos muy atentos a ello, y si notamos que emerge cualquier pensamiento sobre lo observado, no le prestemos atención, y volvamos a simplemente atender a la escena.
Fase 3: Reprogramar nuestra respuesta. Imaginemos ahora que volvemos a vivir esa situación pero esta vez ya tenemos plenamente desarrollada nuestra capacidad de mantener el buen juicio, estamos provistos de ecuanimidad, benevolencia, comprensión del otro, y deseo de ayudar a mejorar el clima que se ha enrarecido con emociones negativas, no nos defendemos, si no que intentamos comprender y ser proactivos, positivos. Procuremos visualizar no solo las imágenes sino la sensación sentida de paz interior y deseo de ayudar a mejorar la situación. Nos quedamos ahí unos 5 minutos.
Fase 4: Salida. Volvemos poco a poco a la conciencia habitual, abrimos los ojos, y saboreamos el estado emocional y mental en el que nos encontramos ahora. Un minuto. 

El trabajo práctico durante situaciones complicadas con otras personas consiste en, cuando nos suceda, acordarse de respirar profundamente unos instantes, sentir esa respiración, sentir como las emociones alteran el cuerpo, permitirlo y experimentarlo plenamente sin reaccionar, esto es muy importante, observar sin reaccionar por unos instante antes de actuar. Y mientras actuamos, intentar seguir conscientes de nuestro estado momento a momento. Este es el primer paso: gestionar la emotividad. Más adelante, cuando lo tengamos más o menos asumido, podremos ir incorporando los otros elementos en nuestra respuesta: ecuanimidad, benevolencia, comprensión del otro, deseo de ayudar, y si nos defendemos hacerlo en su justa medida.