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diumenge, 14 de gener del 2018

Gestión del sentimiento de traición, del rencor y la animadversión

Sentirse traicionado es uno de los sentimientos más negativos que podemos experimentar. Habíamos depositado nuestra confianza en alguien, nos habíamos confiado a ella, no teníamos ninguna duda acerca de su comportamiento con nosotros, pero así y todo nos ha fallado. Cuando sucede, sentimos primero desconcierto, después rabia, ira, no sólo hacia la persona que nos falla, sino incluso contra nosotros mismos por haber sido unos ilusos, por habernos dejado engañar, por tontos. Después, esa rabia va bajando de intensidad conforme empezamos a asimilar que nos habíamos equivocado, y acaba convirtiéndose en rencor, o en una animadversión más o menos intensa, más o menos duradera, estable. 

Pero toda emoción negativa ha de ser gestionada y resuelta; lo que no nos debemos permitir es que la negatividad, cualquier negatividad,  se aloje en nosotros de forma permanente, haciéndonos daño, de hecho cuando antes se disipe mucho mejor. Una idea básica en gestión emocional es que las emociones negativas nos traen información muy valiosa sobre nosotros mismos y nuestras relaciones con el mundo, y esa información emocional debe usarse para crecer como personas, y no para ir acumulando negatividad que nos impide crecer. Y cuanto antes realicemos este proceso de asimilación y crecimiento, tanto mejor para nosotros y para los demás, pues les ahorraremos nuestra negatividad.

Cuando nos sentimos traicionados quizá es más difícil realizar este proceso de asimilación; cuando creemos que la otra persona ha obrado mal, de forma indigna, injusta, etc, esta creencia puede alimentar el rencor durante mucho tiempo, pues creemos que debemos mantener la animadversión pues es lo que se merece. Creemos que hacemos lo correcto manteniendo nuestro rencor, y por eso dejamos que se nutra, que siga vivo, que no se apague. Nos reafirmamos que tenemos razón para sentirnos así respecto a esa persona. Esta creencia mantiene viva la animadversión durante mucho tiempo. ¿Cómo "soltar" esta creencia para poder superar el estado negativo que alimenta? Quizá el lector no conozca esta situación de primera mano, o quizá sí. Puede suceder entre compañeros de trabajo, entre amistades, y por supuesto, entre familiares y entre parejas.

Si miramos con plena conciencia ese sentimiento de animadversión "correcta", "merecida", seremos capaces de discriminar entre lo que es por una parte juzgar una acción como correcta o incorrecta, y lo que por otra parte es traicionar nuestra confianza: son cosas distintas. Veamos.

Que nosotros consideremos, a nuestro juicio, una acción como correcta o incorrecta evidentemente es muy parcial. Hay acciones que evidentemente pueden ser calificadas como de poco éticas, o quizá de mala educación, u otros calificativos. El grado de incorrección también es subjetivo; habrá quien le de mucha importancia, habrá quien le reste importancia. Este juzgar lo hacemos constantemente, tanto si la acción que juzgamos nos afecta o nos importa personalmente como si no. Es una función cognitiva natural relacionada con el instinto de supervivencia, el distinguir lo que es bueno y favorable de lo que es malo y desfavorable. Que por cierto sabemos que es una actividad que puede ser regulada conscientemente, con numerosos beneficios. De hecho, la actitud mindfulness-conciencia plena es una de aceptación de lo que ocurre sin juicio.

Por otro lado, si nuestra confianza es traicionada por alguien, tenemos que ser capaces de ver que, de hecho, esa persona y sus acciones no son la verdadera fuente de nuestro sufrimiento, sino la aparente. Sufrimos por que la idea que teníamos, más aún, que queríamos tener de esa persona resulta ser falsa. Lo que nos hace sufrir no es la acción en sí, sino la negación de nuestra idea, una idea confortable, que nos daba seguridad, el poder confiar en el comportamiento favorable para nosotros de esa persona. Hay que mirar esto con atención, con calma, para irse dando cuenta de que es así. Cuando nos damos cuenta, vemos  que el sufrimiento ha sido causado por nuestro error de percepción, repetimos, nuestro error. Independientemente de si las acciones de esa persona pueden ser juzgadas como correctas o incorrectas. De hecho sucede a menudo que se sienten traiciones y desengaños como resultado de acciones que difícilmente pueden juzgarse como incorrectas. Simplemente ha habido un desengaño, esto es un des-engaño, un salir del engaño. 

Cuando vemos claramente este hecho, seremos capaces de ver también que no tiene sentido prolongar el sufrimiento del desengaño, del topar de bruces con la realidad, juzgando negativamente las acciones de esa persona, creándonos una imagen negativa de ella, para justificar nuestro error de percepción. Lo inteligente es parar de juzgar, tanto si hay motivos para ello como si no, para afrontar nuestro error y asumirlo. Cuando asumimos, entendemos, crecemos, y dejamos de sufrir. Y entonces, si lo creemos conveniente, podemos mantener el juicio sobre lo ocurrido que creamos conveniente, si es que realmente nos aporta algo ese enjuiciar. 


 

dissabte, 23 de desembre del 2017

Fluir con la vida: aprovechando las lecciones de la realidad

La función categorizadora de la mente

Poner etiquetas calificativas a todo lo que nos rodea, como por ejemplo "es una persona egoísta", "es una buena persona", "es un hotel confortable", "es un restaurante caro", etc, es una de las funciones cognitivas de la mente, que lo evalúa y categoriza constantemente todo en función de nuestro punto de vista particular, de nuestras ideas, o de la utilidad que le vemos a la cosa para nuestro uso particular. Es una función básicamente ego-centrada, hecha desde una visión muy particular de cada uno sobre la cosa que etiqueta. También, las creencias del tipo creer que una cosa "es así", o que se comportará de un modo determinado,  las podemos considerar también como otro tipo de etiquetas más sutiles; por ejemplo, más allá de etiquetar a una persona simplemente como buena, mala, etc quizás mantenemos una creencia sobre sus reacciones ante ciertas situaciones, como "estoy seguro de que si le pido ayuda me la prestará", o "creo que opinaría lo mismo que yo". 

El poner etiquetas proporciona una sensación de conocimiento sobre lo que nos rodea, y por tanto de seguridad, pues lo que no conocemos es difícil de prever y de controlar; y esa la sensación de seguridad contribuye al denominado equilibrio homeostático vital, o homeostasis, un estado vital en el que todo el ser vivo está equilibrado, estable, a todos los niveles, desde los básicos celulares hasta el nivel del sistema nervioso, un estado de bienestar que por cierto la mayoría de los occidentales han dejado de percibir conscientemente, estando su atención absorbida por los eventos exteriores y por sus propios pensamientos. En efecto, cuando estamos sanos, si quitamos la atención de los pensamientos y se la prestamos a la sensación corporal de homeostasis, sentimos el bienestar del cuerpo, y sentimos el placer simple de estar vivos. 

Mantener este equilibrio vital de bienestar es el objetivo último del etiquetaje mental, el de tenerlo todo controlado. Paradójicamente resulta ser una fuente de malestar, de desequilibrio emocional, pues como veremos a continuación las creencias y las etiquetas mentales producen con frecuencia emociones negativas. ¿Porqué sucede así? Antes de entrar en el terreno de las emociones vamos a analizar un poco más las creencias y las etiquetas.

Creencias y etiquetas positivas, negativas y neutras

Hemos dicho que el proceso de etiquetar mentalmente es ego-centrado, su utilidad no es ser útil a los demás si no a uno mismo, a la propia integridad y seguridad, a la utilidad de cada cosa que nos rodea. Por ello, las etiquetas pueden verse como positivas (la cosa nos es útil, nos beneficia), negativas (la cosa nos perjudica, o puede hacerlo) y neutras (ni es útil ni es una amenaza). Entonces, tener confianza en algo o alguien es tener una o diversas creencias positivas respecto a la cosa o la persona, y el estado de estar confiado proporciona bienestar, es un estado cognitivo-emocional positivo; algunos autores relacionan el estado emocional de confiar con el amor (Bisquerra, 2015) aunque no estamos de acuerdo en ello, ya que se puede amar a sin confiar, y se puede confiar sin amar: un hijo muy amado que nos dice que la próxima evaluación estudiará más pero no confiamos en que lo haga y por ello lo vigilamos, o un médico más bien antipático pero bueno en su oficio y por tanto al que confiamos nuestra salud a pesar de que no le tengamos aprecio serian dos contraejemplos. Más bien creemos que la confianza se relaciona con la emoción bienestar-felicidad.

¿Y qué decir de la desconfianza? Puede derivarse tanto de las creencias negativas como de las neutras: desconfiaremos de aquello que hemos etiquetado como perjudicial, y quizá también de lo que etiquetamos de forma neutra; cuando un taller al que tenemos etiquetado como "un taller más" (por tanto de forma neutra) nos presente una factura elevada, desconfiaremos, más o menos, de que sea justa, cosa que seguramente no ocurriría si fuera un taller de nuestra plena confianza. Evidentemente, si tenemos etiquetado al taller como "de poca confianza" dudaremos mucho más de la factura, incluso si su importe no es demasiado elevado, pues hay un pre-juicio negativo actuando. 

Etiquetas y creencias negadas: emociones sentidas

Supongamos que algo o alguien se comporta de forma contradictoria con las etiquetas que le habíamos asignado; si realmente nos creíamos nuestras etiquetas, al ser negadas por la experiencia directa seguramente hará su aparición la emoción de la sorpresa, que puede ser positiva o negativa: en general si la etiqueta era negativa, la sorpresa será positiva, y viceversa. Creemos que en ese restaurante  no se come demasiado bien, pero en la cena de empresa nos toca visitarlo, y descubrimos que estábamos equivocados, pues la cena ha sido estupenda, ahí hay una sorpresa positiva, que puede inducir un cambio de creencia, un transitar de la desconfianza a la confianza. Invitamos a comer a un hermano y a su pareja, ésta tiene una creencia negativa sobre la calidad de nuestras comidas, que además ha divulgado, pero descubre que estaba equivocada, que se come bien en nuestra casa, sólo que la sorpresa en su caso es negativa, pues contradice todo los que ha estado diciendo sobre nosotros, y la deja en una posición incómoda; se esperaba, se quería una comida de poco calidad, y se obtiene lo contrario.

La sorpresa es una emoción que suele durar poco, y su energía se convierte a menudo en otras formas emocionales negativas, especialmente cuando la creencia era firme, cuando había una confianza que se ve destruida, y entonces pueden aparecer la ira, la tristeza e incluso la ansiedad. Aunque no forzosamente: en una persona equilibrada emocionalmente, la sorpresa, tanto la negativa como la positiva, conduce a la curiosidad, el deseo de saber, de corregir el error, que es una emoción positiva, pues se quiere observar de nuevo la situación para descubrir la realidad, ya que la sorpresa ha sido el resultado de darse cuenta claramente que el el concepto previo era erróneo; no se siente una pérdida, sino una oportunidad para mejorar nuestra imagen del mundo, y esto es fundamentalmente positivo.  

Fluir con la vida

La realidad nunca debería generarnos emociones negativas, esto sólo sucede cuando hay una resistencia a aceptarla. La aceptación, como estado emocional, es positiva, pues considera los hechos no como negativos (o positivos), sino como simplemente hechos, neutros, de los cuales podemos aprender, quizá responder, dentro de nuestras limitaciones. El estado cognitivo que conduce, o predispone, al estado emocional de aceptación (que no de resignación, emoción negativa relacionada con la tristeza) es el de ser muy conscientes de nuestras emociones, teniendo claro lo que se ha dicho hasta aquí, pare reconducir, si es necesario, las reacciones emocionales negativas: al notar que aparecen, introducimos consciencia en el proceso, razonamos, nos decimos a nosotros mismos que teníamos un concepto erróneo, inexacto, y que tenemos una oportunidad para mejorarlo, no nos resistimos a la vida, sino que fluimos con ella.ç




dijous, 21 de gener del 2016

La ira desapercibida

La ira es la emoción que libera, o que maneja, más energía, la cual pide ser canalizada, empleada para algo, de lo contrario puede dañarnos a nosotros mismos y a los demás. La ira explosiva que desemboca en violencia física o verbal no es la que trataremos aquí, atenderemos en cambio a la ira de baja intensidad, más frecuente, más sutil, que incluso puede pasar desapercibida, aunque no sus efectos, siempre dañinos. En efecto, la ira sutil suele quedar latente, y siempre que tenemos ira sin liberar nos afecta negativamente, quizá de forma inconsciente.

La ira y el apego

When you keep thinking about sense objects, attachment comes. Attachment breeds desire, the lust of possession that burns to anger. Anger clouds the judgement; you can no longer learn from past mistakes. Lost is the power to choose between what is wise and what is unwise, and your life is utter waste. But when you move amidst the world of sense, free from attachment and aversion alike, there comes the peace in which all sorrows end, and you live in the wisdom of the Self. - The Bhagavad Gita
Traducción: Cuando tu te mantienes pensando en los objetos de los sentidos, te apegas a ellos. El apego alimenta el deseo, la codicia de poseer que alimenta la ira. La ira nubla el entendimiento; ya no puedes aprender de los errores del pasado. Pierdes el poder de escoger entre lo que es sabio y lo que no lo es, y tu vida es absolutamente desperdiciada. Pero cuando te mueves en medio del mundo de los sentidos, libre tanto de apego como de aversión, entonces te viene una paz en la cual todo el sufrimiento termina, y tu vives en la paz del Ser.
El apego que nos interesa aquí es sutil: es a ideas preconcebidas en nuestra mente. Puede ser a la idea de ti mismo, a como crees/deseas que los demás se comporten contigo, o como quieres que sea tu vida en general. Cuando ese apego es atacado, surge la ira como mecanismo automático de defensa. El antiguo texto del Gita nos hace una advertencia muy seria en este sentido: con la ira generada por el deseo frustrado perdemos nuestra capacidad de discernir, nuestro "sentido común", y una vida así está desperdiciada, según el punto de vista del que busca la sabiduría.

¿Cómo se manifiesta esta ira de baja intensidad? Siguiendo al Dr. Bizquerra, tenemos una galaxia entera de emociones relacionadas con la ira:

Algunas emociones relacionadas con la ira; Dr. bizquerra: apuntes de
Gestión emocional y afectiva, Máster Remind, UB



Pongamos un ejemplo: el despecho, emoción (negativa) que surge cuando alguien no nos presta la atención que creemos merecer, o que esperamos. Es una especie de resentimiento, pero con tintes distintos. En todo caso, esperábamos algo de alguien, que no nos ha dado, y hay una respuesta de ira. No hay violencia explícita, pero sí una animadversión contra alguien ... !por el mero hecho de no cumplir nuestras expectativas!

Otro ejemplo de ira que puede pasar por otra cosa si no afinamos nuestra percepción es la indiferencia, o la frialdad con alguien:

Emociones de resentimiento

En el origen de esa actitud emocional de frialdad encontramos de nuevo a la ira: el proceso es parecido, algo o alguien al que habíamos desarrollado apego no cumple con lo deseado, y nuestra reacción es de ignorarlo. Cuando ignoramos algo, le quitamos nuestra atención, lo apartamos de nuestra conciencia, que es una forma de destruirlo, de quitarlo de nuestro mundo. La ira es siempre destructiva, en todas sus formas.

La ira puede ser contagiosa

 Por el mismo mecanismo del apego, la ira puede contagiarse; por ejemplo si dos personas tienen apego una por la otra, y una de ellas cae en comportamientos dictados por la ira, incluso siendo de baja intensidad, la otra persona sin duda lo detectará. Estando también apegada, la frialdad, indiferencia, despecho, o cualquier otra forma de ira "solapada" le producirá un sufrimiento, al cual puede a su vez reaccionar con ira. Como un virus, la ira se ha transmitido usando como mecanismo de infección el apego. Es una de las formas más rápidas de destruir una relación, pues la ira, como energía que es, puede irse acumulando en la persona hasta ahogar cualquier sentimiento de amor o amistad.

Como notar la ira desapercibida y como evitarla

Para ser capaz de percibir que estamos en un estado negativo basta con ser un poco conscientes de lo que estamos viviendo en cada instante. Cultivar la vida interior es un poco esto: ser capaz de ser protagonista de lo que sucede en nuestro interior, no una víctima inconsciente, arrastrada por emociones automáticas.

Una vez detectado el estado negativo, y es importante hacerlo cuanto antes mejor para evitar que se vaya haciendo fuerte en nuestro interior, tenemos que contrarrestarlo con alguna técnica de gestión emocional, relajación, meditación, etc. Claro lo ideal sería, tal como indica el Gita, estar libre de apegos, ser un espíritu libre, pero eso es otra forma llamar a la auto-realización, que no es nada fácil de conseguir. En ese estado, no nos identificamos con nada que nos sea el Ser: ni el cuerpo, ni las emociones, ni los pensamientos. Al no identificarnos con nada, no podemos tampoco apegarnos a nada, somos libres.