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dimarts, 16 d’octubre del 2018

Meditar para el bienestar emocional y mental

El autor de este ensayo es un estudiante de 18 años que vive en Leicester, Reino Unido. Traducido y resumido del original en inglés.

El año pasado casi abandono la escuela.

Estaba dividido entre dos mundos: mi padre en Gales, un individuo inteligente y carismático, y mi madre en Leicester, que siempre había sido amable y paciente. Después de años de no entender el conflicto entre los dos, tuve que averiguar más sobre el mundo de mi padre. Me fui a Gales en enero de 2017 con la intención de no volver.

Sin embargo, volví a Leicester la semana siguiente, después de haber experimentado de primera mano las burlas coercitivas y el comportamiento destructivo de mi padre. Esto fue suficiente para darme cuenta de lo que realmente es vivir con problemas de malestar mental, y de que necesitaba un método confiable para poder controlar mi propia mente.

Muchas personas de mi edad tienen que lidiar con relaciones perturbadoras, problemas de identidad y género, abuso de drogas y alcohol, y las luchas con problemas emocionales y mentales a largo plazo como la depresión y la ansiedad. Algunos acuden a facultativos para manejar estos problemas. Si bien estas son vías válidas, para mí la solución ha sido la meditación.

¿Cómo medito?

Al meditar, me siento con las piernas cruzadas, excluyo al mundo exterior y me concentro en desarrollar sentimientos positivos específicos, como el amor o la compasión. A veces, lo único en lo que puedo concentrarme es en el dolor en mis rodillas, pero cuando cesan todas mis distracciones, puedo sentir una profunda sensación de calma y paz.

"¿Y qué?", Podría decir: "Me siento bastante relajado después de un par de cervezas. Esto suena como una tontería para mí ".

Probablemente hubiera estado de acuerdo con eso hace uno o dos años. De hecho, es cierto que para las primeras sesiones es posible que no experimentes resultados instantáneos. Hay mucha confusión acerca de la meditación. Algunas personas piensan que se trata de perderse a uno mismo, mientras que otras piensan que se trata de encontrarte a ti mismo; algunos piensan que la meditación tiene que ver con parar la mente y ser como una piedra. Para mí, después de soportar tanto dolor y confusión durante mi infancia, estaba decidido a encontrar un método que, basado en el razonamiento lógico, estuviera dirigido a producir resultados positivos duraderos.

Después de investigar varias tradiciones y escuelas de meditación, descubrí que una parte clave del proceso meditativo es poder identificar los estados mentales que producen sentimientos negativos y luego trabajar para reducirlos e identificarlos. Y también con los estados de ánimo positivos trabajando para aumentarlos. Por lo tanto, la meditación es una metodología para familiarizar la mente con la positividad.

¿Cómo mejora la meditación nuestro bienestar emocional y mental?

La principal fuerza motriz de la meditación es la concentración y la atención plena. Al aprender a concentrarnos únicamente en estados mentales positivos sin distracciones, nos entrenamos para desarrollar patrones de pensamiento positivos. Esto es similar a un músico practicando escalas y acordes, o entrenar nuestros músculos en el gimnasio a través de repetición de ejercicios. Finalmente, a través del entrenamiento en meditación, las secuencias mentales positivas se arraigan, se estabilizan, y es posible acceder a ellas sin esfuerzo. Como el bienestar emocional y mental provienen de estados mentales positivos, podemos entender cómo la meditación, cuando se practica correctamente, tiene un gran poder para mejorar nuestro bienestar.

La evidencia

Para saber más sobre cómo la meditación ha ayudado a otros, hice un estudio de caso de cinco personas que usan la meditación: un médico, un practicante budista, un investigador y dos de mis amigos en la universidad.

1) La doctora Judith Casson, médico de cabecera en Hinckley, ha estado practicando meditación de atención plena durante quince años. Ella ha descubierto que es una herramienta inestimable para su propia salud mental y ha sido testigo de la implementación positiva de las prácticas de atención plena en colegas médicos y en sus pacientes. Ella piensa que la meditación es como "sembrar una semilla de la cual crece la compasión y la paciencia a largo plazo".
2) Existe abundante evidencia científica de que la meditación mejora la salud mental. La neurobióloga Sara Lazar, PhD, afirma en una entrevista con el Washington Post que, después de realizar estudios, se descubrió que la meditación aumenta la materia gris en diferentes partes del cerebro, incluido el hipocampo izquierdo que se asocia con la regulación de las emociones. Esto podría probar un vínculo neurobiológico directo entre la estabilidad emocional y la meditación.
3) Derek es un practicante budista que comenzó a meditar hace casi cincuenta años. De niño, luchó con serios problemas de salud y casi muere. "Tuve que aprender a lidiar con una gran cantidad de sufrimiento y tormentos mentales, que actuaron como un gran incentivo para tratar de trabajar con mi mente". 45 años más tarde, ahora es capaz de mantener la estabilidad mental a pesar de los continuos problemas de salud.
4) Después de solo un mes de practicar una meditación básica de atención a la respiración, mi amiga Ellie, quien sufre de trastorno de estrés postraumático y ansiedad, dice: "La meditación me ha permitido encontrar la paz en los momentos más difíciles, ha sido un auténtico cambio de vida". De manera similar, mi amigo Alex, que sufre de parálisis cerebral y depresión, también ha recurrido a la meditación. En sus palabras, "Me ha dado claridad cuando la racionalidad sale por la ventana".
5) En mi caso, después de un año y medio de practicar la meditación, yo mismo soy mucho máscapaz de lidiar con los desafíos diarios, mi estrés se ha reducido, no me frustro tan fácilmente y rara vez me deprimo. La mayoría de las veces no estoy desconcertado cuando las cosas no salen como esperaba. Mi empatía y compasión han aumentado dramáticamente y también puedo pensar con claridad y organizar mi tiempo. No soy perfecto, pero puedo ver claramente una trayectoria ascendente de paz y estabilidad mental.

¿Dónde estoy ahora?

Ha pasado un año y medio desde que tuve que cortar lazos con mi padre, y aunque todavía estoy lidiando con el dolor y la pérdida, la meditación me ha ayudado a seguir adelante y puedo enfrentar mis adversidades con una mente feliz. Al meditar en la compasión, también aprendí a ver las cosas desde la perspectiva de mi padre, que me abrió los ojos al comprender su sufrimiento.

Al igual que convertirse en piloto lleva muchos años de entrenamiento y conocimiento, desde mi propia experiencia, creo que a través de la práctica constante podemos volar nuestra mente hacia una salud mental profundamente mejor a través de la meditación.





diumenge, 27 de maig del 2018

Gestión de la emociones negativas con atención plena

Cayendo en la negatividad
Si no vigilamos de cerca, atentamente, lo que pensamos, podemos fácilmente caer en el lento pero constante desarrollo de una tendencia compulsiva a pensar en negativo. El problema no es lo que determinada persona haya dicho o no haya dicho, haya querido decir o no haya querido decir; el problema real es que hemos desarrollado la compulsión de quedar afectados por lo que cualquiera diga sobre nosotros, lo que es equivalente a decir que estamos desarrollando una tendencia a ser disgustados, molestados, o directamente cabreados por cualquiera. Nos estamos haciendo a nosotros mismos "disgustables", "molestables", "cabreables", o sea, emocionalmente frágiles bajo estrés. Es como si nos entrenáramos para ello, pues cada vez que reaccionamos así, reforzamos el comportamiento; acabamos siendo sensibles a las más mínimas señales negativas de los demás, y quedamos a completa merced de los demás, de sus actitudes hacia nosotros.


Atender al pensamiento
¿Cuál es el remedio? Des-programar el hábito adquirido. Se puede hacer por métodos diversos, pero aquí mencionaremos sólo el entrenamiento en la atención plena: cuando ya hemos progresado un poco en la adquisición de esta habilidad personal, estaremos preparados para empezar a aplicarlas en la des-programación del hábito de la reactividad negativa. En efecto: al ser capaces de atender, con cierta perspectiva y distanciamiento, lo que pensamos en cada momento, podremos detectar cuando la mente divaga hacia recuerdos desagradables o pensamientos negativos, y una vez detectado, podremos también desviar la atención voluntariamente hacia el presente, hacia el aquí-y-ahora, hacia nuestras sensaciones vitales, nuestro cuerpo, o simplemente detener el flujo de pensamientos y buscar el silencio mental. No nos dejaremos llevar inconscientemente por la reactividad. Ésta es una habilidad preciosa, que llega de forma natural a medida que vamos progresando en la práctica de la atención plena. Y cuando la aplicamos a la vida diaria, cuando enfrentamos sin reaccionar las situaciones que antes nos invadían de emociones y pensamientos negativos, y lo hacemos atendiendo amablemente, con cierta distancia, a lo que está sucediendo, poco a poco vamos des-progamando nuestros viejos hábitos, los que nos hacían tan vulnerables emocionalmente.

Pobreza recibida con alegría
A medida que des-programamos nuestra actitud de reacción negativa, nos viene otra habilidad maravillosa: la de poder escoger libremente nuestras reacciones. Podemos por ejemplo escoger responder con gentileza, con amabilidad, ante cualquier situación por estresante que pudiera parecer; es posible hacerlo, cuando se va adquiriendo la habilidad de no dejarse llevar por reacciones negativas. Entonces dejan de "caerte mal" ciertas personas, ya no necesitas evitarlas, para impedir que te alteren tu estado de ánimo, porque nadie puede alterarlo, eres demasiado estable para ello. 

Hay también otro efecto muy importante, y es que nos volvemos más empáticos, más tolerantes con las personas, e incluso con nosotros mismos. Al eliminar la reactividad negativa, nuestra capacidad de escuchar, de entender al otro, y de aceptarlo con sus defectos y sus virtudes, se ve grandemente aumentada. Y ṕor las mismas razones, eliminamos también la posibilidad de caer en pensamientos negativos hacia nosotros mismos del tipo "no me gusto a mí mismo". Todos nos equivocamos, nadie es perfecto, es más, todos tenemos el derecho a equivocarnos y a ser imperfectos; además el ser humano "viene de serie" con la importante habilidad de aprender de los propios errores. 


Escoger la bondad constante
Así que no se trata de ser unos santos, invulnerables a toda maldad humana, en absoluto, se trata simplemente de usar bien nuestras capacidades innatas, de aprender a observar de cerca nuestras reacciones, pensamientos y emociones, y si vemos que son negativas, con toda la paciencia enmendarlas. Sólo cuando renunciamos a usar estas valiosas capacidades, y nos estancamos en la negatividad, es cuando podemos conducirnos a nosotros mismos a la negatividad compulsiva. Usando bien nuestras capacidades, la reacción negativa todavía se presentará, pero seremos capaces de captarla, de distanciarnos de ella, de no dejarnos arrastrar por ella, y de escoger libremente nuestra respuesta, la mejor que sepamos dar en esas circunstancias. 

Adaptado de "Conquest of mind - E. Easwaran"

 

dijous, 12 d’abril del 2018

Vivir siempre en positivo es lo natural

Como es sabido somos seres emocionales: nos emocionamos, experimentamos estados emocionales que pueden ser positivos o negativos. Las emociones positivas podemos decir en general que nos afirman como personas, mientras que las negativas nos niegan, porque sentimos que nosotros somos "no válidos", o porque nos sentimos amenazados, o porque sentimos que es nuestro entorno el que no es válido, siempre es una negación de nosotros mismos o de nuestro entorno. 

La Naturaleza, la vida en sí es pura afirmación positiva, es un ciclo continuo de crecimiento/decrecimiento, nacimiento/muerte, de renovación continuada de todo lo que existe. Y en el caso de la vida, así vista en general, hay además una evolución natural funcionando, mejorando las especies. Es por tanto afirmación, renovación, mejora continuada, positividad.  

Paz absoluta natural
Las emociones negativas tienen su lugar en la Naturaleza: son herramientas de supervivencia; cuando un ser vivo está en frente de una amenaza, experimenta la negatividad de la situación, pues esa amenaza puede dañarle de un modo muy real, por ello, surge la emoción negativa, básicamente miedo-huida o ira-ataque, que está plenamente enfocada a solucionar la situación de forma inmediata, sin demora. Una vez superada, la emoción negativa simplemente se apaga y no queda ningún rastro de ella. Las emociones positivas son mucho más suaves, no hay urgencia en ellas, para un animal simplemente es estar en paz y en comunión con su medio ambiente, un estado natural en el que siempre está, excepto en los momentos de peligro.




Negatividad emocional-mental
¿Que pasa con nosotros, los seres humanos? Nuestro arsenal de emociones es muchísimo mayor y más complejo, se han identificado más de 300 emociones distintas, la mayoría negativas. El problema que aún tenemos de forma generalizada es: siendo seres no solo emocionales sino también y sobre todo mentales, nuestras emociones se activan ya no exclusivamente por sucesos de nuestro entorno, sino también pos sucesos de nuestra mente, por nuestros pensamientos y estados mentales, de hecho emociones y mente están estrechamente enlazadas, casi diríamos enredadas, se hace difícil diferenciar donde y cuando empiezan la emoción y el pensamiento relacionado con la emoción ... o la emoción relacionada con el pensamiento. A resultas de esto, se originan estados emocionales-mentales negativos duraderos, que además no tienen porque estar relacionados con la realidad física: la persona puede imaginar que está bajo una amenaza ficticia y obsesionarse con ello, generando estados emocionales de ansiedad y angustia que, a diferencia del reino animal, son de larga duración, no se resuelven con urgencia. Podemos incluso guardar en la memoria estados negativos durante muchos años, quedan a nivel subconsciente situaciones no resueltas en su día, causando malestar larvado, sueños desagradables, reacciones involuntarias exageradas, etc.

No ha sido hasta las últimas décadas del siglo XX que nos hemos dado cuenta de estos hechos, y lentamente estamos tomando conciencia de ello. Proliferan los estudios universitarios y los programas de desarrollo personal dedicados a las emociones y a su gestión inteligente, y seguramente en una o dos generaciones el panorama habrá cambiado sustancialmente. Tal como comenta mi hijo, "creemos que estamos muy adelantados, pero si avanzáramos en el tiempo 500 años, entonces veríamos lo atrasados que realmente estamos", y no se refiere a la tecnología, sino a nosotros mismos como seres humanos. ¿Qué es lo que vendrá? ¿A que nuevo estado nos llevará la evolución? Sigue habiendo multitud de personas que se identifican con sus emociones, por lo cual hablarles de gestionarlas o aún más, de trascenderlas, les suena a imposible e incluso a no deseable, como si les fueras a robar su esencia, creen que las van a perder, que se arriesgan a ser seres sin emociones; nada más lejos de la realidad. Veamos.

Cuando tu nivel de conciencia de tus emociones y estados mentales se hace lo suficientemente estable aprendes (re-aprendes de hecho, el reino animal ya lo "sabe") a usarlas para lo que realmente son: información importante, si es positiva indica que todo está bien, si es negativa indica que alguna cosa hay que solucionar. Y punto. Llegados a este punto de auto-conciencia, el siguiente paso es ser inteligentes: hay que disfrutar las emociones positivas, afirmantes, y hay que hacer alguna cosa con las negativas, dentro de nuestras posibilidades. Es importante remarcar que no siempre podremos "solucionar" las situaciones que producen emociones negativas: si tenemos un diagnóstico de enfermedad terminal y nos queda poco tiempo de vida, muy poca cosa o nada podremos hacer para cambiar la situación; la aceptación significa esto precisamente: darse cuenta de cómo están las cosas sin caer en estados de negatividad emocional-mental que no nos llevan a ninguna solución ... en todo caso, inteligentemente, controlando nuestras emociones y pensamientos, podremos ser positivos y buscar la mejor forma de aprovechar el tiempo que nos queda, en vez de gastarlo sumidos en un estado de ansiedad y depresión. 

Porque de hecho como hemos dicho en el primer párrafo de este post, la vida, la Naturaleza, y nosotros mismos como vida y Naturaleza que también somos, todo ello es esencialmente positivo, es expresión, es renovación y evolución, es aprendizaje y mejora continua. Cuando nos cerramos a esta vida es cuando quedamos enclaustrados en estados negativos. Hace poco leía en un curso a distancia de filosofia Vedanta una afirmación del instructor, decía algo así como "¿Creeis que los seres iluminados, los sabios, carecen de emociones? Pues no. También se enfada, se alegra, como todos los seres humanos". Así es, pero con matices importantes: las emociones negativas en una persona evolucionada duran sólo lo necesario para llamar la atención sobre un evento negativo, ya sea externo o interno, y ese tiempo suele ser muy corto: se detecta la emoción, se la atiende con plena conciencia, y se la suelta, la relajas, como si le dijeras "recibido, gracias, corto".  

La mirada de E.Easwaran 🙏
Por otro lado las emociones positivas, que en la gente que no ha trabajado este aspecto emocional suele pasar poco advertida, se cultivan a voluntad, y se disfrutan a conciencia: cada momento satisfactorio es captado y disfrutado con plena conciencia. Y no nos damos cuenta, pero la vida está absolutamente llena de satisfacciones, momento a momento, porque la vida es positiva en sí misma, tal como hemos dicho. Así pues, el trabajo personal de la vida emocional en la dirección de hacerla consciente y vivirla inteligentemente, no nos priva de ser emocionales, sino que nos hace disfrutar plenamente de las emociones positivas, y reduce al mínimo necesario y conveniente las emociones negativas. El resultado es una sensación continuada de bienestar difícil de describir, mejor probarlo por uno mismo.








dijous, 5 d’abril del 2018

La mente y el amor

Nuestros pensamientos, nuestras ideas, dictan nuestro comportamiento.
Suele decirse que somos seres emocionales, que nuestras decisiones son emocionales.
Pero la emoción no puede separarse del pensamiento.
La emoción es la reacción corporal a un pensamiento, a un juicio, a una opinión.
Por ello nuestro esquema mental dirige, filtra, nuestro mundo emocional.

Creo que amar es más que una emoción o un pensamiento.
No hablamos de la acción de amar, de las emociones relacionadas con el amor.
Hablamos del amor, sin más.

La acción de amar, como toda acción, está regulada por la mente; una mente cerrada al amor impedirá amar.

Las emociones relacionadas con el amor, como la admiración, el respeto, el enamoramiento, ... dependen de la mente; una mente cerrada al amor impedirá que se sientan esas emociones.
La mente pues permite o impide amar, abre o cierra la puerta del amor.

He vivido en muchas ocasiones, en demasiadas, situaciones en que las ideas cerraron la puerta al amor, lo ahogaron, e impidieron expresarse. Demasiadas veces ...
Proclamo que no lo voy a permitir más.
Mi mente nunca más me dictará si puedo amar o no, si tal persona es "digna" de amor o no, si yo mismo soy digno de ser amado o no.
Simplemente, la mente no tiene nada que decir al respecto, así que ha de guardar silencio.

La mente solo sirve para escoger inteligentemente el modo de amar, la mejor expresión del amor dependiendo de las circunstancias. Pero nada más, no debe controlar nunca esa fuerza que está más allá de su comprensión.

diumenge, 29 d’octubre del 2017

El ego es inconsciencia, y puede trascenderse

De gimnasios, salud, estética y egos

Llevo unos años acudiendo al gimnasio para cuidar la salud del cuerpo; es un gimnasio de pesas libres y máquinas de pesas. Al principio con media hora quedaba dolorido por días, actualmente dedico una hora y sólo me queda un ligero dolor al día siguiente. En cada ejercicio estoy concentrado en lo que estoy haciendo, y entre ejercicios suelo mirar el móvil para distraerme, ya que para mi el gimnasio es aburrido, no tengo la motivación que veo en otros para ir a más, para superarse levantando pesas cada vez mayores. Hay una pared de unos 15 metros de largo totalmente recubierta de espejo, y frecuentemente ves a la gente, mayoritariamente hombres, mirarse largo y tendido, observando sus propios músculos, en muchos de ellos claramente hipertrofiados; se miran de frente, se giran ligeramente para ver el torso, los brazos. Yo ya tengo una edad, y recuerdo que en los gimnasios de los años 80 esto de los espejos se hubiera considerado ridículo, pero en la actualidad es normal. En mi caso nunca me miro en el espejo, de hecho sólo utilizo el espejo para peinarme y para afeitarme, soy así de anticuado.

El ego herido

En la sesión de ayer me sentí más en forma que otros días, podía levantar más peso y con menos esfuerzo; es una sensación agradable ver que ahora puedes hacer lo que hace una semana era imposible. Ya hacia el final de la sesión llegaron al gimnasio tres chavales que parecían muy jóvenes, sobre unos 18 años, altos, y extraordinariamente delgados. No les presté mayor atención y seguí con mis ejercicios. Cuando terminé, me dirigí a coger mi mochila para irme, cuando vi que uno de los chavales estaba levantando una pesa con la que yo tendría que esforzarme al máximo, y la estaba moviendo con gran facilidad. Primero sentí sorpresa, ¿cómo era posible que con ese aspecto frágil, y siendo tan joven, pudiera mover eso sin esfuerzo? Casi de inmediato la sorpresa se convirtió en una emoción negativa, no me gustaba lo que estaba viendo, sentí una decepción, que rápidamente se convirtió en ira de baja intensidad, que se traducía en ganas de criticar, de atacar. Este proceso emocional fue muy rápido y muy breve: sólo unos segundos. En cuanto "me di cuenta" de mi estado se detuvo la generación de emociones negativas ... aunque por poco surge otra, la decepción conmigo mismo por sentir eso; menos mal que ya he aprendido a ser compasivo conmigo mismo, de forma que esa nueva emoción negativa no duró más que un instante.

Identificación inconsciente con ideas

Más tarde, reflexionando sobre ello, como tengo por costumbre hacer,  "vi" que todo el carrusel de emociones negativas se había producido gracias a mi estado de baja consciencia en el gimnasio; sobre como nuestra nivel de conciencia va cambiando continuamente ya escribí en el artículo conciencia plena continuada. Creo que el aburrimiento que me supone estar una hora en el gimnasio de máquina en máquina, el "distraerme" con el móvil entre ejercicios, me induce a un nivel de conciencia más bajo que el habitual en mi. En ese estado, los pensamientos que tuve del estilo de "hoy estoy levantando un gran peso peso y con más facilidad que nunca anteriormente" se toman como algo personal ("!¡vaya! no está mal, no está mal"), te identificas con ellos de forma automática, o sea, inconscientemente. Es un proceso natural, automático: si no estas muy consciente, lo que piensas crees que eres tu, y tu te crees que eres lo que piensas, al menos hasta cierto punto. Por eso, cuando vi al chaval ese tan delgado levantar con más facilidad que yo un gran peso, sentí que mi idea de que estaba progresando quedaba sin valor (si incluso ese crío delgaducho me supera... entonces es que lo que he logrado no tiene ningún valor, y por tanto yo, yo mismo, tampoco), y automáticamente, la negación del yo produce el carrusel de emociones negativas. Este proceso de identificación con pensamientos es lo que se conoce por "ego", y seguramente es necesario para que el individuo se constituya psicológicamente como tal. No obstante, puede y debe de ser trascendido. En este sentido las emociones negativas son muy valiosas, pues nos marcan claramente cuando tenemos el ego activado; si estamos suficientemente conscientes para darnos cuenta de cuando surgen, sabremos en que situaciones nuestro nivel de conciencia es bajo, y podremos mejorarlo.

Trascender el ego 

Hay muchos que opinan que no se puede vivir sin ego, y es cierto hasta cierto punto, pues el ego es necesario si nuestro nivel de conciencia no es elevado. Cuando practicamos la atención plena - mindfulness - ya estamos activando un nivel de conciencia sin juicios que permite la aceptación de lo que es y la práctica de la compasión. En esa práctica formal, usamos las características más avanzadas de nuestro cerebro - en términos evolutivos -, para auto-observarnos y darnos cuenta de nuestros automatismos; cuando "miramos" lo que es inconsciente, lo hacemos consciente, y deja de ser automático, se detiene el automatismo. De ahí los múltiples beneficios de la práctica de la atención plena, pues nos lleva a un estado en que el proceso egoico de identificación queda detenido, o muy limitado, con lo cual la producción de estados emocionales negativos también se detiene. 

Pero la Naturaleza nos impulsa a la individualidad, a ser alguien; por ello, cuando el ego psicológico se debilita, algo debe de ocupar su lugar, nos tenemos que identificar con otra cosa. La identificación es un proceso mental, y dependiendo de nuestro aprendizaje previo y de nuestras características personales tenderemos a dejar atrás el ego por caminos distintos. Dos grandes corrientes se conocen desde hace mucho:

  • somos la conciencia en sí: la vía del Vedanta en general, también del Budismo, quizá con otros nombres, como el "vacío", o la mente profunda;
  • somos una identidad pura, esencialmente divina, más allá de cualquier concepto: la vía del Yoga (el Atman), también del Cristianismo (el Alma).

En cualquier caso, la próxima vez que acuda al gimnasio no voy a "distraerme" más, estaré más consciente, para evitar sentir emociones negativas ni siquiera por unos segundos, no son necesarias, así que mejor prescindir de ellas.





dissabte, 19 d’agost del 2017

Opinar sabiamente: conocimiento, conciencia plena y discernimiento

Opinar con buena intención, con corrección, incluso con razón, puede ser una mala idea

Hace pocos días, inmediatamente después del atentado terrorista en Barcelona del agosto-2017, leí uno de esos típicos textos motivadores que se utilizan como parche universal para aliviar el dolor, ya puede ser un atentado como un terremoto o un accidente de tráfico con muchas victimas; los típicos "hay que mirar adelante, hay que seguir, no nos atemoricemos, hay que vivir, etc etc", que están muy bien para ayudar a cerrar las heridas recientes, no cabe duda, pero que, tampoco cabe duda, no solucionan el problema de fondo. Cuando habían decenas de muertes en carretera cada fin de semana, estos parches emocionales también cumplían su función, pero además se cambiaron las leyes, se hicieron campañas publicitarias masivas para concienciar a los conductores, en definitiva se intentó ir a la raíz del problema, y se hizo con éxito, el número de accidentes descendió.

Teniendo este argumento en mente, relativo en este caso a las acciones terroristas, o sea que las frases estereotipadas, como calmantes para el dolor, están muy bien, pero que quizás hay que hacer algo más, y no sólo hablo de acción policial, que es necesaria, pero no va a la raíz del problema, lo comenté, muy brevemente y con tacto, al autor del parche emocional. Bien, como reacción, el autor primero se puso a la defensiva, y cuando insistí para explicar mi opinión, pasó a ponerse un punto agresivo, concretamente, dijo que "sus nervios estaban a flor de piel y que si me contestaba seguramente sería con malas palabras". Al principio me sorprendió esta reacción, viniendo de un tipo que predicaba paz, amor, no caer en el odio, seguir viviendo .. . en respuesta a una acción terrorista, en cambio se ponía violento cuando expresaba mi opinión respecto a hacer algo más. Reflexionando sobre ello, vi que me había equivocado en mi acción, en opinar, no siempre es adecuado opinar, aunque creamos que lo que vamos a decir es absolutamente positivo, aunque creamos que no vamos a ofender, las opiniones a menudo ofenden.

Ideas, opiniones, prejuicios, y egos, fuente de violencia

El autor del escrito evidentemente estaba disfrutando de los muchos comentarios positivos y de comparticiones cuando apareció mi comentario, ya que me contestó al minuto, indicando que estaba muy pendiente de las retroacciones de sus lectores (sólo contestó la mía, las positivas no tenían ningún comentario). Sus reacciones indican claramente su estado: primero, ponerse a la defensiva muestra que se sintió atacado, y eso a su vez indica que estaba totalmente identificado, personalmente identificado, con lo que había escrito, con su idea de cómo superar el atentado; segundo, ponerse agresivo, indica lo mismo, y seguramente también indica que, automáticamente, me etiquetó mentalmente como alguien de derechas, conservador, de los que dicen que hay que actuar contra los inmigrantes, mi "hacer algo más" seguramente lo interpretó así, sin informarse primero ni preguntar. Eso reforzó su reacción negativa: no sólo se estaba cuestionando su escrito, sino que además, creyó que era cuestionado por una de esas personas pertenecientes a una categoría que él ve como detestables; se mezclaron ahí sus ideas cuestionadas, su ego atacado en vez de ensalzado, y sus prejuicios, todo junto, una auténtica bomba emocional, no es extraño que reaccionara mal. Paradójicamente, no se daba cuenta, pero ese mecanismo automático que se puso en marcha en él, ese odio de baja intensidad al desconocido que no comulgaba con sus ideas, es el mismo mecanismo que impulsa al terrorista a atentar, a matar. Sólo cambia la intensidad, se comparte el querer destruir al que no está "en tu bando".

Cuando opinar lleva a discutir: diálogo de sordos, o de egos

Por mi parte pequé de falta de discernimiento al emitir mi opinión; por muy fundada que estuviera, por muy buena intención que tuviera, sabiendo como somos los seres humanos, fue arriesgado, y se consiguió lo contrario de lo esperado: en vez de reflexión, emociones negativas irreflexivas, en vez de diálogo, amenaza de "contestarte mal", en vez de exposición de ideas nuevas, cerrazón sobre ideas estereotipadas y prejuicios, que quedaron reforzados. 

A nuestra mente le encanta juzgar, etiquetar, crear ideas y atenerse a ellas, es muy buena en eso, es una de sus funciones principales. Mi mente también juzgó el escrito, y lo etiquetó como superficial, y por extensión, también al escritor; y el problema no es si me equivoqué en el juicio o no, pues de hecho el escritor resultó ser incluso más superficial, más inmaduro y emocional de lo que yo había supuesto, vista su reacción casi casi infantil. No es eso. El problema es que, junto con el juzgar, la mente está deseosa de expresar su juicio, y al hacerlo, se completa la acción de auto-afirmación: "Yo lo veo así, Yo lo expreso al mundo, Yo en frente al mundo lo he juzgado y he actuado conforme mi juicio", en última instancia, es de nuevo el ego que está actuando. El muy breve intercambio de frases que tuve con el escritor de textos motivadores de hecho fue un diálogo de egos.

La importancia de la conciencia plena y el discernimiento

Podemos preguntarnos, ¿cuándo convendrá realmente enjuiciar algo o alguien y expresar ese juicio? Para empezar, un requisito es que nuestro juicio vaya a ser de utilidad para los demás, no para nosotros, no para "quedarnos tranquilos soltándolo", ha de tener una utilidad para otras personas. Pero esto no es suficiente: normalmente, un juicio que no se ha pedido expresamente, una opinión que no ha sido solicitada, se vive como un ataque, de más o menos intensidad, a lo que creemos. Opinar sobre  algo personal, relativo o que afecte a otra persona, sin que nos lo pidan, es de una eficacia muy cuestionable, pues generalmente nuestra opinión no será escuchada con la mente abierta, dispuesta a ver nuevos enfoques, sino todo lo contrario, será recibida con una mente cerrada, a la defensiva de la posición personal; en esas condiciones, es casi imposible que nuestra opinión tenga otro efecto que iniciar una discusión, de la que no resultará nada positivo. 

Para no caer en el automatismo del juicio mental ni de su expresión, tenemos la herramienta  o habilidad personal de la conciencia plena (mindfulness), que nos permite estar alertas, constantemente, de nosotros mismos, de nuestra interioridad, momento a momento. En ese estado de alerta auto-observadora, nos damos plena cuenta de cuando la mente empieza a enjuiciar algo o alguien. En ese momento, podemos inhibir el proceso, o bien considerar si, en ese caso concreto, puede ser útil y efectivo dejar seguir el proceso y acabar exponiéndolo, evidentemente con toda nuestra empatía, compasión e inteligencia actuando para conseguir una expresión adecuada, útil, clara, efectiva. La herramienta o habilidad que nos ayuda a decidir si debemos opinar o no es el discernimiento o discriminación (viveka).  

Sabiduría = conocimiento + conciencia plena + discernimiento

La persona que disfruta de tener conocimiento (indispensable para enjuiciar cualquier cosa sin caer en error de base), estar plenamente consciente de sí mismo, y de tener discernimiento para decidir la línea concreta de actuación en cada caso concreto, es realmente una persona sabia. Si sólo tenemos conocimiento, pero nos falta la auto-conciencia plena y/o el discernimiento, meteremos la pata muy a menudo, y si hemos cultivado estas dos últimas habilidades pero nos falta conocimiento de la situación, nuestros juicios y opiniones serán incompletos, parciales, poco útiles. Los tres elementos han de estar presentes, si no los tenemos, mejor abstenerse de expresar juicios y opiniones, siempre que lo que queramos es que sean útiles; en cambio si lo queremos es discutir sin convencer a nadie, discutir por discutir, por reafirrmar nuestro ego, entonces adelante, eso es fácil, sólo hace falta saber hablar y escribir.


dilluns, 17 de juliol del 2017

Trascender la mente a través del amor incondicional



En toda tradición espiritual podemos decir que hay dos grandes caminos de realización de la persona, de trascendencia, con infinidad de variantes: la del control mental y la del desarrollo del amor incondicional. Si se trabajan ambas a la vez el progreso será más rápido, de hecho no es posible trabajar un camino exclusivamente, siempre avanzaremos por los dos, con predominancia de uno de ellos. Por ejemplo practicar mindfulness debe ir acompañado de la práctica de la compasión, de otro modo podemos caer en la banalización, recordemos que, por ejemplo, un francotirador tiene una alta capacidad de concentración mental y no podemos decir de él que sea un ejemplo de trascendencia. Por otro lado un místico que experimente arrebatos de amor-felicidad sin entender lo que le está pasando no podrá integrar sus experiencias en su vivir, y estará sujeto a ciclos de sufrimiento (incluso más intensos) y de felicidad. 
Eknath Easwaran, fue un profesor de meditación
que trabajó simultáneamente el control
de la mente y el amor incondicional,
se veía claramente en su mirada.


En lo que sigue describimos un camino de realización desarrollando amor incondicional de forma inteligente, lo veremos a través de un relato novelado, que vamos comentando: nuestro personaje vive diversos desengaños amorosos que utiliza para “despertar”, lo que consigue finalmente. Hay un desarrollo progresivo de la capacidad de amar, pero que al mismo tiempo se logra abriendo la mente a realidades cada vez más sutiles. Tal como decíamos, ha de ser así, la mente siempre ha de hacer su trabajo de descubrimiento, sólo que en esta forma de realización no es necesario entrenarla explícitamente, sólo hay que estar muy atento a lo que se vive, a las vivencias, y tener una voluntard de entender por que pasa el que pasa.



1.Viendo claramente que mi deseo por ti te alejaba de mi,

pues quien no quiere dar lo que le pides, suele huir de ti,

y por tanto el deseo consigue lo contrario del que buscaba,

porque que el deseo ajeno cierra la mente del que no quiere dar,

y esa mente cerrada es impermeable a todo tipo de amor,

viendo eso claramente, que el deseo puede matar el amor,

dejé de desear, todo deseo personal se extinguió en mí,

y tuve que aprender a vivir sin deseo.

Somos lo que pensamos, no sólo a nivel superficial, sino sobre todo a nivel profundo, de creencias, incluyendo el inconsciente: así pensamos, así nos comportamos, así vemos y vivimos la realidad. Es difícil cambiar lo que somos, o sea lo que pensamos, pues la Naturaleza busca una estabilidad, necesaria para mantener la vida, para la supervivencia. Pero al mismo tiempo la propia Naturaleza dispone de otra fuerza formidable, la evolución y la adaptación al entorno. Por eso, cuando nos damos cuenta de algo nuevo, cuando lo vivimos profundamente, nuestra visión de la realidad cambia, y cambiamos también nosotros: evolucionamos, nos adaptamos. Aunque creamos lo contrario, no hay límites para estos cambios, podemos cambiar totalmente, siempre que nuestra mente se mantenga abierta, intentando captar la realidad.

Creemos, en general, que el deseo es necesario para la vida, que no se puede vivir sin deseo; y hasta cierto punto es cierto: la vida no puede ser igual sin deseo, la persona debe soltar un modo de ser, y aprender a vivir “en directo”, en cada momento, sin desear nada que no tenga ya. Aprender a disfrutar de los placeres de la vida sin desearlos, sin quedar atado por ellos, esperando que se vuelvan a repetir una y otra vez. Es vivir con más libertad. Y sigues esforzándote, buscando cumplir unos objetivos, pero no porque los desees, sino porque ves esos objetivos como buenos, como correctos, beneficiosos, pero no sientes la emoción del deseo, en su lugar sientes un impulso a actuar en una dirección que ves como correcta, se vive muy distinto.

2. Noté entonces que, incluso sin deseo, todavía podía sentir atracción por algo,

eso me sorprendió, al principio, ¿como podía ser? ya no tengo deseos ...

entonces aprendí, vi, que la atracción precede al deseo, son emociones distintas,

la atracción sólo te informa de que ahí hay algo que puede ser valioso, interesante,

el deseo por lo que te atrae ata tu mente a ello, la atracción no.


La atracción es una emoción informativa, lleva la atención sobre algo que percibes como útil, interesante, importante. Si funcionamos, como persona, de forma reactiva, instintiva, inconsciente, de forma natural la atracción generará un deseo de poseer lo que nos atrae, excepto si a la vez percibimos que lo que nos atrae puede ser contraproducente, produciendo en nosotros un conflicto de intereses, que se resolverá más o menos inconscientemente, por ejemplo reprimiendo el deseo, o todo lo contrario, seguirlo y correr el riesgo de salir dañados.

Cuando estás libre de deseo, la atracción sólo es información, la percibes, la consideras, y decides que hacer. Es muy distinto decidir qué hacer que dejarse llevar por la atracción o reprimirla: tienes una libertad de decidir qué hacer, estas plenamente consciente de tu decisión; en cambio cuando el deseo se genera automáticamente a partir de una atracción, tú no has decidido nada, los mecanismos cerebrales automáticos lo hacen por ti: “eso que te atrae es interesante, por tanto, ves a por ello, es deseable”. Al estar más consciente, casi toda la atracción que aparece la dejas pasar sin hacer nada con ella, pues realmente ves que no vale la pena movilizar tus recursos. Agradeces la información, pero no te obliga a nada.

3. Más tarde conocí a alguien por quien sentí una atracción,

sin sentir deseo alguno, viendo la atracción, decidí que era una persona interesante,

busqué su compañía, y con el tiempo desarrollé por ella un gran afecto,

y ese gran afecto me llevó a esperar, a anhelar cada nuevo encuentro,

volví a quedar en un estado de duda, de no entender lo que pasaba,

¿quizá el deseo había vuelto a mí, por la puerta trasera del afecto?

ese anhelo del feliz encuentro, ¿era deseo? ¿o era amor? ¿son lo mismo?

Una de las facetas del amor es la unión, una fuerza de atracción que lleva a estar, a fundirse, con lo amado. Aunque frecuentemente se confunde esta atracción con el deseo, no son lo mismo. Cuando una madre despide a un hijo que se va a un largo viaje, en cuanto llega a casa ya lo echa de menos. Este “echar de menos“ es amor, es la atracción del amor, el querer estar con la persona amada, y es de un orden distinto que el deseo en general. Aunque en el fondo, muy en el fondo, sí tienen un origen común: buscar y encontrar la felicidad. El deseo es más instintivo, más al nivel de supervivencia, deseamos más o menos inconscientemente lo que percibimos o creemos que será bueno para nosotros, buscando un bienestar, una felicidad. El echar de menos a la persona amada está más directamente relacionado con la unión-amor-felicidad, es una faceta del amor, no hay necesidad de conseguir nada, simplemente la presencia de la persona amada te hace feliz. No es un deseo automático nacido de una atracción también automática, al contrario, amas muy conscientemente, y ese amor genera un fuerza de atracción hacia lo amado. Pero esto no suele verse fácilmente.

4. Notaste mi anhelo por estar contigo, lo malinterpretaste como deseo,

y temiendo quedar atada por él, queriendo cuidar de tu preciada libertad,

te alejaste, cerraste tu mente a tu propio afecto por mi, lo negaste,

y viendo entonces que mi amor se quedaba huérfano, sin objeto al que aferrarse,

me di cuenta de que era mi amor, era mío, estaba en mí,

y siendo mío, no podías quitármelo, negármelo, de hecho nadie podía,

así que decidí quedármelo, mi afecto no se extinguió, sino que quedó libre,

está conmigo sin necesidad de objeto concreto, yo soy mi afecto, y mi afecto soy yo,

y soy libre de vivirlo con alguien o sin alguien, sin condiciones.

Lo que sucede es que la persona que no ha trabajado su interioridad, que todavía mantiene muchos mecanismos psicológicos inconscientes, es un auténtico lío, una mezcla enrevesada de creencias, atracciones y deseos inconscientes o semi-conscientes, y al mismo tiempo vivencias más elevadas de amor-felicidad, todo ello a la vez. Esto genera mucha confusión. Una de ellas, típica, es confundir el sentir amor por alguien con “atarse” a ese alguien, y para evitar ataduras, por miedo, alejarse de la persona, cerrando la mente al amor; como hemos visto las ataduras las genera el deseo, no el amor. Es el deseo el que ata. El amor genera, como hemos visto, anhelo de estar con lo amado, aunque en muchas personas ese anhelo puede mezclarse con deseo, debido al lío que tiene le persona que no se conoce a sí misma. Pero puedes amar intensamente sin deseo, y anhelar intensamente estar con la persona amada, sin sentir deseo alguno, algo que quizá no se verá a primera vista, por las creencias en sentido contrario, pero es un hecho rigurosamente cierto y documentado.

Además, la vivencia del amor puede evolucionar hasta ser vivida en sí misma, sin objeto concreto; la persona descubre su capacidad de amar, de afecto, más allá de cualquier objeto externo. Cuando se descubre esa capacidad propia, más tarde o más temprano se da el siguiente paso: si esa capacidad existe permanentemente en mi, sin necesitar nada externo que la alimente, que la estimule, entonces es que es parte intrínseca de mi mismo, yo soy esa capacidad de amar. Se llega en ese momento al amor y la felicidad incondicional, pues no se necesita tener cumplimentadas ningunas “condiciones especiales” para amar, se es amor, intrínsecamente, y nada ni nadie puede cambiar esa realidad que se es,

5. Viendo tu progresivo distanciamiento,

viendo como convertías tu antiguo afecto por mi primero en desafecto,

más tarde en desdén, viendo la frialdad en tu mirada, tan cálida antes,

viendo como el afecto queda ahogado, tapado, por la mente,

empeñada en eliminar lo que cree que es dañino para ella,

oh! matar a conciencia un afecto, por fuerza de voluntad,

oh! ver una mirada fría donde antes hubo calidez,

a quien ama incondicionalmente casi un crimen le parece,

yo no quiero caer nunca en tal cruel acción, ahogar mi amor,

así que nunca dejaré que mi mente mande sobre mi corazón,

al contrario, la mente ha de estar al servicio del corazón,

ya lo dicen las antiguas escrituras,

la mente es un poderoso servidor, pero un cruel amo,

por ello, trabaja sin descanso para dominar tu mente, no te dejes dominar por ella”.


Cuando te has identificado con el amor que eres, no puedes seguir identificándote, simultáneamente, con tu mente. Pues la mente no es amor, la mente es una energía neutra, organizadora de la realidad, capaz de percibir, de crear, es un instrumento formidable, pero si te identificas con tu instrumento, estás perdido, literalmente. La mente, al ser en sí neutra, puede igualmente generar pensamientos de amor o de odio, exaltados o miserables. Una creencia, que siempre contiene una verdad pero parcial, o muy parcial, cuando te identificas con ella te puede llevar a cometer barbaridades, como vemos cada día en las noticias. El entrenamiento mental, como la meditación, o la práctica de mindfulness, tan de moda, son útiles para controlar la mente y no ser controlados por ella. Otro camino es el que hemos mostrado aquí: la vía del amor incondicional, que nos lleva a identificarnos con el amor, y a liberarnos de la confusión de creer que somos lo que pensamos. Entonces podemos poner la mente al servicio del amor, y amar incondicionalmente y al mismo tiempo inteligentemente. Eso resuelve todos, absolutamente todos, los problemas de la persona, y la convierte en un instrumento para el bien de los demás. 

dijous, 11 de maig del 2017

Trascender las emociones negativas creadas por el ego psicológico

Basado en el artículo original en inglés Ego Emotions.

Las emociones negativas, básicamente el miedo y la ira, son una defensa natural, nos advierten de un peligro para nuestra integridad; cuando hay un peligro físico, las emociones son también muy físicas, hay un peligro para nuestra supervivencia, y la reacción es inmediata, de supervivencia del cuerpo; una vez pasa el peligro, la emoción se apaga sin dejar rastro. Estas emociones negativas primarias las hemos heredado del mundo animal, y no hay ningún problema con ellas. Pero hay otras emociones negativas específicamente humanas que estan relacionadas con la interioridad de la persona, con sus pensamientos.


Los pensamientos van y vienen, pero las emociones que generan esos pensamientos pueden ser más persistentes, incluso pueden permanecer toda una vida. Pensamientos y sentimientos se alimentan unos de otros y pueden afectarnos positivamente o negativamente.

Frustración, soledad, depresión, tristeza, decepción, ... ¿estados necesarios?

Un pensamiento desagradable crea una mala sensación, como una opresión en el estómago, o una pérdida de energía vital, mientras que un pensamiento amable puede producir una sensación agradable, que se puede sentir en la zona del pecho, una sensación de felicidad relajada, y suele ser energizante.


Las emociones negativas provocadas por pensamientos son una extensión, una evolución, de las de protección del cuerpo, sólo que ahora lo que protegen son nuestras ideas, nuestras creencias, más concretamente, las creencias con las cuales nos identificamos, ese entramado de ideas, recuerdos y creencias que forman nuestro ego.

Si no hubiera ego, no nos aferraríamos a la ira o el miedo, mucho más allá del punto de utilidad, hasta el punto de crear estrés o ansiedad.

Todo estado emocional negativo, persistente, se debe a que nuestras ideas preconcebidas, con las que nos identificamos, no concuerdan con la realidad que estamos o hemos vivido, las contradice.

Permanecer molesto por un mal sentimiento o reacción a algo, sólo magnifica su efecto. No tiene sentido, sino por el hecho de que tenemos ego, esa parte de nosotros que está desconectada de la realidad y llena de miedo, miedo a ser dañada, miedo a perder el control. Y ese ego es el que mantiene el estado negativo emocional, al no ser capaz de adaptarse a la situación vivida, al contrario, la rechaza. Y así, el ser humano desarrolla una larga lista de estados negativos, mucho más allá del miedo o la ira originales que servian para defendernos de peligros reales:

Miedo Tensión Enfado Preocupación Ansiedad Irritacion Antipatía Odio Celos Depresión Arrogancia Venganza Desconexión Auto-absorción Soledad - la lista continua, es larga ...

Este es mi perro, mi gato, y mi EGO
Según he observado, la mayoría de gente opina que los estados emocionales negativos son necesarios, incluso hay quien opina que no deberían etiquetarse como "negativos". Pero lo cierto es que todo estado negativo debería ser de corta duración, como lo son los heredados del reino animal, que implican una reacción inmediata para esquivar o eliminar el peligro real; cuando una emoción negativa surge del ego, tiene una base irreal, parcial, imaginaria, con lo cual a menudo no podemos reaccionar para eliminarla, y se hace persistente, lo cual produce daños, incluso físicos, como problemas de estómago, hipertensión, dormir poco y mal, contracturas musculares y otros muchos efectos colaterales. La verdad es que lo único bueno de tener un estado emocional negativo es que nos da la oportunidad de aprender cómo evitarlo en lo sucesivo para no volver a caer en él.

El trabajo constante, paciente, diario, de nuestra interioridad, practicando relajación y meditación, nos permite aumentar nuestra vigilancia, nuestra auto-conciencia, y poco a poco vamos viendo claramente estos mecanismos no ya en forma teórica como aquí exponemos, sino en la práctica, cuando nos sucede, y eso nos va permitiendo ver claramente, y ser cada vez menos susceptibles de caer en estados negativos, y al mismo tiempo, nuestro ego se va debilitando, pues en buena parte los estados negativos con los que nos identificamos también alimentan nuestro ego, ya que los pensamientos y las emociones se alimentan entre sí.

Nuestro estado natural es un estado relajado, agradable, feliz, completo.





dimecres, 10 de maig del 2017

¿Buscando lo que es inalcanzable?

Este post está parcialmente inspirado en el artículo Sadness Without an Object.

Un cuento corto: la mariposa consciente

Érase una vez una mariposa que vivía en un extenso prado cubierto de flores diversas; como toda mariposa, gozaba posándose en una flor, sintiéndose rodeada, cobijada por sus pétalos, viendo sus increíbles colores, brillando a la luz del Sol, y embriagándose con su aroma. 

Sucedía que esta mariposa era más consciente que sus congéneres, lo que de hecho le permitía gozar más todavía de los placeres de estar con una flor, pero al mismo tiempo se daba cuenta de que nunca podía permanecer más que por un breve período de tiempo con una flor en concreto, pues siempre sucedía algo que se lo impedía, quizá soplaba un fuerte viento que la apartaba, o incluso rompía la flor, o acudía a la flor una abeja, expulsando a la mariposa, o bien veía otra flor que le atraía más todavía que la actual, siempre acontecía algo que interrumpía su gozo y la llevaba a seguir buscando. 

Y como esto sucedía una y otra vez, la mariposa empezó a temer que siempre sería así, que pasaría su corta vida volando de flor en flor, siempre buscando donde permanecer, siempre buscando el gozo permanente que anhelaba, que le era negado, y sólo podía tener por un breve espacio de tiempo. Y con este temor empezó el sufrimiento. Otras mariposas no se plantean todo eso, no tienen suficiente conciencia para hacerlo. Aún otras sí se lo plantean, pero como no tienen respuesta, huyen de su sufrimiento saltando aún más de flor en flor, se sumergen a fondo en la experiencia para taponar su pregunta: ¿por qué he de estar siempre anhelando lo que sólo puedo tener de forma temporal y parcial?

Pero nuestra protagonista era demasiado consciente para huir de sí misma; e hizo lo contrario: abrirse al sufrimiento, experimentarlo a fondo, buscando su origen, con el vehemente deseo de entender, de saber. Y se dio cuenta de que el anhelo por unirse a una flor era natural en su especie, que cada flor en particular era un medio para sentir, para vivir algo que estaba más allá de cualquier flor, un gozo que sentía en sí, gracias a la flor. 

Decidió entonces volver a buscar una vez más, sobrevoló el prado observando atentamente, pero esta vez más conscientemente que nunca, hasta que encontró una hermosa flor, quizá la más hermosa que nunca había visto. Se posó en ella, y gozó de su contacto, de su aroma, de sus colores, sabiendo que aquello no podía durar, como así fue. Y cuando una ráfaga de viento la apartó de la flor, aplicó su voluntad para no dejar de sentir aquel gozo, para quedarse con él, pues era suyo, no quería volver a perderlo, era suyo e iba a retenerlo, a llevarlo siempre consigo.

A partir de entonces se veía a la mariposa viviendo gozosa ya estuviera sobre una roca, sobre una hierba, o sobre el suelo; nada interrumpía su gozo, ya que lo había hecho suyo, era parte de sí misma.

Tristeza sin motivo aparente

La tristeza es una de las emociones más profundas, se relaciona con el sentimiento de pérdida, de negación de lo que uno es o quiere. Sucede que en algunas personas hay una tristeza o melancolía sin un motivo aparente; hay algo en el inconsciente que lo provoca. Y en algunos de esos casos, no en todos, pues pueden haber otros motivos psicológicos, puede ser un sentir que lo que estamos buscando es inalcanzable en el mundo objetivo, es un sentir que, no importa lo que haga, la motivación que me lleva, no encontrará su perfecto cumplimiento.  

Cuando la persona llega a una madurez emocional e intelectual, esta tristeza viene más  a menudo, nos visita constantemente porque, no importa lo que haga, me he dado cuenta de que no encontraré lo que pretendo encontrar. La tristeza en este sentido es una forma de madurez emocional, es un reconocer y aceptar. Cuando conocemos esa tristeza, ya no podemos volver a enamorarnos, pues enamorarse significaría pretender, una vez más, que voy a poder encontrar lo que anhelo en otro lugar, lo que se sabe que es imposible ... En esta tristeza ya no hay lugar para la expectativa de ninguna satisfacción en el mundo fenoménico, material.

Cuando se es consciente de la tristeza sin motivo aparente, ya no es la tristeza de perder algo, si no que es como un perfume ... al principio, el olor está en el espacio, no podemos sentir de dónde vino, luego gradualmente podemos encontrar su origen. 

Cuando tienes la consciencia suficientemente madura para mantener la tristeza, sin huir de ella, hay un cierto ascenso a la fuente. Pero las personas que constantemente niegan la tristeza, que siguen buscando, que se enamoran, que se embarcan en mil y una actividades para distraerse, nunca pueden regresar a la fuente. Tienen esta tristeza en un momento, luego la niegan, pensando una vez más que una relación, que una situación, que algo lo evitará ... Hasta que quizá llegue un momento en el que ya no negamos más esta tristeza. Es cuando esta tristeza se convierte en una verdadera tristeza. Y se revela como el camino, como un olor de una flor que seguimos y que nos llevará hacia lo que sentimos ...

Según el enfoque hindú, la tristeza es el sentimiento último. Es el sentimiento de separación. Toda la música india se basa en el sentido de la separación. En el arte en miniatura de las estribaciones del Himalaya, a menudo vemos a Radha buscando a Krishna.

No hay nada que se pueda hacer; es una maduración de la persona. No puedo madurar voluntariamente, pero puedo llegar a ser consciente de mi inmadurez. Puedo darme cuenta de que me siento constantemente atraído por esto, o por eso, que constantemente estoy tratando de crear una relación, mantener una relación, esperar una relación, detener una relación, ser así o de otra forma más conveniente, querer esto o aquello, pensar que finalmente, tal vez cuando haya hecho esto, haya logrado eso, mejorará. 

La comprensión de que no hay nada para mí en el mundo objetivo es muy duro para la mente. Pero al estar abierto a la tristeza, a la realidad del momento, viene una liberación de todos los apegos, la tristeza se derrumba en nuestra atención plena, y por fin encontramos lo que buscábamos, la búsqueda termina, nos sentimos completos.

dimecres, 5 d’abril del 2017

La realización del amor

Como tantas otras veces en el pasado, te vuelve a suceder: oír su voz, sus palabras amables, encienden tu amor. Tu mente asume que es esa persona la que provoca la emoción, no puede ver ninguna otra posibilidad, es incapaz.

Pero esta vez estas más despierto, más atento. Y te das cuenta de que lo que te enamora no es la persona, sino la emoción que te provoca, el estado que vives a través de ella; esa persona amada actúa como un disparador, como una puerta que se abre en ti. Es como si tu amor amara tu emoción del amor, como si el amor se amara a sí mismo.

Y conforme lo vas entendiendo, lo vas asimilando, empiezas a vivir tu amor en directo, independientemente de si alguien lo enciende o no, lo vives permanentemente, a voluntad. Deja de ser un "tu me das y por eso yo también te doy". Pasa a ser un "lo soy".


Y porque lo eres, puedes expresarlo con libertad, siempre que quieras. Incluso en circunstancias adversas, incluso con personas difíciles.

Y entonces ves que cuando una persona se abre a ti y te deja amarla, tu no le haces ningún favor amándola, al contrario, ella es la que te está haciendo un bien, pues te deja expresar lo que eres, te deja ser tu mismo.

Por eso, cuando dos personas se aman mutuamente de esa forma, se permiten ser auténticas una con la otra, expresando su naturaleza más profunda. Esa autenticidad expresada, esa abertura de y a lo más profundo del otro, las une, ya no son dos, son uno. Ese es el poder del amor, unir. 




dilluns, 28 de novembre del 2016

¿Qué es el amor?

Gran pregunta. Analicemos un poco: el responder a un "que es" implica cognición, implica querer saber; pero, ¿el amor es cognoscible? ¿tiene sentido la pregunta? Es un tipo de pregunta parecida a ¿qué es el ser? Quizá no hay una respuesta clara, directa. Quizá es por esto que hay tantos malentendidos, tanta confusión con el amor.

El  amor simplemente es

Planteemos una hipótesis: el amor simplemente es, se siente, se vive, pero no se piensa, no es ninguna idea ni concepto. Veamos a donde nos lleva.

Paseando en primavera por el campo
Paseando por el campo, llego a un prado cubierto con flores blancas, me detengo para fotografiarlas, me fijo en el silencio, en la vida que brota del suelo, en la luz del Sol que colabora con el suelo para dar la vida, en el aire fresco que respiro y me vitaliza, mi mente no piensa en nada, sólo vivo el momento, y es un momento pleno, siento el bienestar, siento agradecimiento, siento conexión con todo lo que me rodea, ¿es esto amor? ¿estoy sintiendo amor? Lo que sí tengo claro es que no estoy pensando, no estoy formando ideas, estoy experimentando, viviendo una experiencia directa.

Monasterio de Montserrat visto des del camino a la Miranda de Sant Joan

Subiendo a la miranda de Sant Joan en el macizo de Montserrat, me detengo a observar el paisaje, allí abajo, está el monasterio, me vienen multitud de recuerdos, para mi es un sitio familiar, recuerdo cuando estuve allí con mis padres, de pequeño, recuerdo excursiones de cuando era adolescente, son recuerdos entrañables, de días felices, de felicidad compartida, es como si hubiera un poco de mi en ese sitio, o eso es lo que siento. ¿Amo este sitio?, ¿es esto amor?, ¿estoy sintiendo amor?

Carrera popular "Cursa del Corte Inglés"
Participo en una carrera popular en Barcelona, no una cualquiera, esta tiene el récord mundial de participantes, 80.000 corredores, hay de todo, bebés en cochecitos, gente en silla de ruedas, gente mayor, invidentes, parejas corriendo, familias enteras corriendo, ... En un momento dado me paro y me giro para ver el gentío ... soy como un grano de arena en una playa multicolor de humanidad, es una gran fiesta, todos nosotros estamos aquí para eso, para correr juntos, para pasarlo bien juntos, todos somos la carrera, y la carrera somos nosotros, siento un escalofrío en la espalda, me invade una sensación de júbilo, de conexión con todas esas personas, ¿de amor? 

El amor a través de la mente

Llegados a este punto, nos hacemos una pregunta distinta: ¿puede amar nuestra mente? Si el amor es una vivencia directa, ¿cómo se relaciona con nuestro pensamiento?  ¿es quizá el amor una mera emoción?

Nuestra mente sirve para clasificar, etiquetar, medir, comparar, juzgar y conceptualizar, se relaciona con el conocer, pero también con las emociones: hay una conexión directa. Pero ninguna de estas cualidades de la mente explican las vivencias que hemos dado como ejemplo, y hay muchas más, sólo era una pequeña muestra. Creo que la mente no puede amar, lo que sí puede hacer, y lo hace estupendamente, es desear, es querer poseer. Pongamos un ejemplo: en la primera fotografía, paseando por el campo, resulta que se me ocurre la idea de poseer ese terreno, para poder disfrutarlo sólo yo, sin intromisiones, cuando me plazca; y empiezo a pensar en preguntar al ayuntamiento quien es el propietario, y pienso en la oferta que le haré ... se ha encendido un deseo de posesión de un objeto, el campo, debido a que mi mente ha decidido que quiere poseer el objeto que le ha proporcionado un placer estético. ¿Es esto amor? Ya no. Nos hemos ido a otro sitio. 

Desde el momento que nos identificamos, en mayor o menor grado, con nuestra mente, en esa misma medida confundimos amor con deseo y con posesión de lo amado; y si no podemos poseer lo amado, sentimos frustración, que puede degenerar en obsesión, resentimiento, en ira, incluso en odio ... ¡contra lo amado! Tal es el poder de la mente, que puede convertir el amor en odio, y degenerar una relación hasta convertirla en un espantoso lío de "amor-odio", una contradicción en sí mismo. Y de ello hay numerosos testimonios. De hecho, tenemos tal confusión de conceptos que incluso frecuentemente confundimos atracción con amor, y entonces hablamos de "amor al dinero", "amor al trabajo", y otras confusiones. 

De hecho el enamoramiento es muy mental: la mente "decide" que algo, una casa, una persona, un coche, etc, es altamente deseable, indispensable para la plenitud vital, para la felicidad, y se obsesiona con ello. En el caso de enamoramiento con una persona además se añaden tintes románticos y eróticos que todavía dan más fuerza al deseo. ¿Es esto amor? En principio no, aunque no son incompatibles: puede haber enamoramiento y amor auténtico, pero también puede haber un enamoramiento del tipo "tu me places, me gustas, te quiero conmigo y para mi".  Cuando el componente egoísta es fuerte, tenemos un buen indicador de que hay poco amor, pues el amor es todo lo contrario de egoísta: le gusta dar sin pedir nada a cambio, por el simple placer de dar.

La mente también funciona como filtro, como barrera incluso infranqueable, no dejando pasar el amor: al racionalizarlo y juzgarlo todo, es capaz de impedirnos experimentar amor. Por ejemplo, debido a una idea, o a una ideología, que aceptamos como nuestra, con la cual nos identificamos, podemos "cerrar la puerta" a una persona que con una disposición de mente más abierta sería una gran amistad, pero nos alejamos de ella por motivos ideológicos. Otro ejemplo sería el del paisaje del paseo por el campo: si estoy paseando con mi mente activa, observando el campo, pero pensando parcelar el terreno para venderlo y sacar provecho de las buenas vistas, obviamente mi percepción será radicalmente distinta, de hecho, no seré capaz de experimentar ninguna de las emociones sentidas cuando se pasea con la mente en calma y plena atención al paisaje.  


El amor como fuerza impulsora, motivadora

Otra perspectiva desde la que puede verse el amor es como una energía, una fuerza motivadora que, al pasar a través de la mente, se expresa de muchas formas distintas, algunas de ellas incluso aparentemente contrarias al amor. Veamos por ejemplo el "amor propio", entendido como una motivación a defender nuestro ego personal; en esencia, es amor, es protector, su voluntad es de cuidar algo que se percibe como valioso, como importante, y esta percepción la provoca la mente, que cree que la imagen que está dando, que está mostrando, la persona al mundo es muy importante. Entonces puede suceder que dos personas se enfrenten, se peleen, defendiendo cada una su imagen personal, que se siente amenazada por el otro; la motivación profunda de cada una es amor, amor a uno mismo, pero externamente se vive como lo contrario del amor, como rencor, enfado, ira, etc. El vivir de forma muy parcial, muy limitada, la realidad que es una persona provoca que el amor también se exprese de forma muy limitada, pero está ahí, actuando como motivación.

Lo mismo se puede decir de los ideales, cuando nos identificamos con ellos, queremos defenderlos, y eso es un acto de amor, pero la mente puede llevarnos a enfrentamientos, incluso a guerras, en defensa de esos ideales. Reflexionando sobre ello, podemos llegar a ver que de hecho todo acto está impulsado, tiene por motivo, el amor a algo, todo si excepción. En algunos casos cuesta de ver, pero siempre está ahí, actuando, a veces desde una perspectiva mental limitadísima, pero está; la mente no actúa nunca sin motivo, en toda acción hay un motivo, y ese motivo, en última instancia, está siempre impulsado por amor. Incluso desde el punto de vista biológico, a nivel de procesos corporales, podemos ver que hay una motivación de mantenernos con vida, de cuidar nuestra vida, que es también un acto de amor, similar a la defensa del ego personal, que funciona a otro nivel, el psicológico.

Es importante considerar detenidamente esta afirmación: el amor es no-mente, es no conceptual, simplemente es, pero se expresa a través de la mente, motivando, produciendo cualquier acción. Y siempre es el mismo amor, no hay muchos tipos de amor, es uno, lo que varía es su forma de expresión, su materialización, que depende de la mente.

En conclusión, a la pregunta ¿qué es el amor?, podemos responder:

El amor puede experimentarse como vivencia directa, una experiencia de gozo, relacionada con la vida, el silencio mental, el vivir el momento, el agradecimiento, el júbilo y la sensación de conexión con algo o alguien, pero en sí, simplemente es.   Cuando la mente se limita a recibir, a percibir el amor, todo va sobre ruedas, pero cuando la mente "se mete por en medio", cuando empieza a pensar, la fuerza original que es el amor se convierte, por el poder de la mente, en multitud de emociones como la atracción, el deseo, la frustración, los celos, etc etc. El amor no desea nada, es la mente la que desea, y la mente no es amor. Tampoco hay que confundir el objeto que provoca la vivencia del amor con el amor en sí, esta confusión también nace de la mente. Además, el amor actúa como fuerza impulsora, motivadora, de toda, absolutamente toda, acción. 
Otras opiniones en esta línea:
Para todos nosotros, el amor puede ser el estado natural de nuestro propio ser; Naturalmente en paz, conectados naturalmente, porque esto se convierte en el reflejo de quien simplemente somos.  Sharon SalzbergLovingkindness: The Revolutionary Art of Happiness


El amor crea una comunión con la vida. El amor nos expande, nos conecta, nos endulza, nos ennoblece. El amor brota como tierno cariño, florece como una acción de cuidar lo amado. Hace bello todo lo que tocamos. En cualquier momento podemos superar nuestro pequeño yo y abrazarnos a los demás como partes amadas de un todo. ― Jack KornfieldThe Art of Forgiveness, Lovingkindness, and Peace