Idiomes | Idiomas | Languages

Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris compasión. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris compasión. Mostrar tots els missatges

dijous, 11 de juny del 2020

Ver o no ver

La visión en la infancia

"No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír", antiguo dicho que nos habla de como una mente cerrada se vuelve impermeable a aquello a lo que se ha cerrado, volviéndose ciega y sorda.

Tendría unos cuatro años cuando por primera vez vi por televisión una "corrida de toros", de visita a casa de los abuelos, mi abuelo era aficionado. Con mi mentalidad simple y llana de niño pequeño recibí un impacto negativo al ver cómo clavaban las picas una y otra vez en el cuerpo del pobre animal. De esto hace unos 50 años, así que el televisor era en blanco y negro; pregunté por esas manchas negras que se veían encima del lomo, y cuando me dijeron que era sangre me horroricé. La mirada inocente.

En otra ocasión, esta vez en casa de mis padres, no recuerdo si en un documental o en las noticias, informaron brevemente de una de esas continuadas y nunca solucionadas hambrunas en África. Ví la imagen de un niño de mi edad con aspecto de esqueleto con piel, estaba además cubierto de moscas, se mostraron también otras imágenes de niños todavía más pequeños, bebes, llorando de hambre, en los brazos de una madre famélica. Inmediatamente surgió en mi mente infantil el sentimiento de estar viendo algo que estaba claramente mal, muy mal en realidad. Y también sentí la extrañeza de ver que mis padres observaban el espectáculo como si nada, sin comentarlo, sin aparentemente sentir nada. ¿Cómo podía ser cierto aquello? Aquella desgracia, y aquella indiferencia? La mirada inocente, de nuevo.


El modo de ver adulto

Los dos sucesos anteriores son ejemplos de simplemente ver, y de modo natural la mente limpia de condicionamientos también percibe de forma inmediata si aquello que se ve es correcto o es incorrecto, pues son casos simples de juzgar, claro, si planteamos a un niño casos rebuscados donde no está claro lo que está bien y lo que está mal no será capaz de verlo, pero en los dos ejemplos está claro como el agua, ¿o quizás no?. Porque a mi abuelo le gustaba el espectáculo de la tortura del animal, y a mis padres no les afectaba ver la hambruna extrema de África. ¿Quizás ser adulto significa volverse insensible al sufrimiento ajeno? Eso parece, al menos a un niño.

Ya sabemos que sucede cuando crecemos con nuestra mente: la llenamos de muchas cosas, y la acostumbramos a ver ... sin ver, a insensibilizarse hasta un extremo que llegamos ya no a ser sólo insensibles, sino a buscar la distracción, el pasar un buen rato, viendo el sufrimiento ajeno, esto ya pasaba en los tiempos de la antigua Roma, y sigue pasando en la versión moderna de las películas de acción, de terror, thrillers, etc. Todo lo que percibimos lo pasamos por el filtro de la conceptualización: "es una corrida de toros, es arte taurino, es tradición...", "la hambruna en África es secular, es estructural, viene de las épocas coloniales, los países coloniales son los culpables..." y al conceptualizarlo así, adormecemos nuestra sensibilidad, y cegamos nuestra visión, ya no vemos la cosa en sí, directamente, como en nuestra infancia, sólo vemos nuestras ideas sobre la cosa.


Entonces la mayoría de nosotros deja de interesarse por esos aspectos de la vida profundamente negativos pero que son lejanos a nuestra realidad cotidiana. Algunos sí que siguen viendo la profunda negatividad, lo denuncian, intentan que la sociedad vuelva a verlo, a esos individuos sensibilizados les llamamos activistas, y de esa forma los conceptualizamos a ellos también, son sólo otro concepto más en nuestro atiborrado espacio mental. Incluso esos activistas también conceptualizan la negatividad que perciben, construyen ideologías en torno a esa percepción, y entablan discusiones con otras ideologías contrarias, como por ejemplo los defensores de la tauromaquia, o los defensores del libre mercado global que no creen en las ayudas internacionales a a la pobreza y desconfían de la labor de las ONG. Se establecen pues discusiones, grupos de presión en uno u otro sentido, surgen intereses encontrados, se embrolla y complica tanto el tema que queda sin una solución clara, sin respuesta, se eterniza el tema. No en vano han pasado 50 años desde que vi aquellas imágenes impactantes sin que ninguna de las dos generaciones que han surgido desde entonces haya avanzado prácticamente nada en cambiar el panorama.

Se trata sobre todo de ver, no sólo de conceptualizar

Conceptualizar lo que vemos es una herramienta muy potente y útil para ver la realidad desde distintos puntos de vista, ello enriquece nuestra comprensión; el problema aparece cuando nos agarramos a una concepción concreta y la tomamos por la realidad en sí, cuando es sólo un aspecto parcial, un modo de ver, en este caso no enriquece nuestra comprensión sino que por el contrario la limita, no nos deja ver el asunto desde una amplitud de miras sino que cierra nuestra visión a todo  lo que no sea nuestro punto de vista, hasta tal punto que estamos dispuestos a discutir cualquier otro punto de vista distinto del nuestro. Dejamos de percibir las cosas, de verlas, sólo las pensamos, las opinamos, nada más. La visión directa, clara, de nuestra infancia es valiosísima, no deberíamos perderla nunca, y menos aún cuando comporte anestesiar nuestra sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno.

 Lo ideal seria usar la mente adulta, la que es capaz de crear múltiples puntos de vista, modelos, idearios, etc etc no para cerrarnos a los demás puntos de vista, sino para intentar solucionar los problemas que vemos. Primero es ver, luego pensar acerca de lo que vemos con ánimo de mejorar, de solucionar; pero lo que a menudo hacemos es lo contrario, pensamos mucho y dejamos de ver, o vemos borroso, vemos sólo lo que nos permitimos ver. Conservando nuestra mirada inocente, limpia y clara, y añadiendo la potencia mental del adulto, es cuando conseguimos ser seres humanos completos. Si perdemos la inocencia, perdemos la visión, y andamos como miopes sin gafas por la vida, pero de un tipo muy especial: miopes que creen que ven bien y que son los demás los que no ven.



divendres, 9 d’agost del 2019

Conciencia plena espiritual

Por conciencia plena entendemos un estado de la persona en el que hay una atención total, no analítica y no reactiva. Separamos el acto de atender del de pensar: sólo atendemos, no pensamos. Si vienen pensamientos, los dejamos pasar sin atenderlos. Y abrimos el campo de atención a todo lo que acontece en general, instante a instante, sin reaccionar a lo percibido. Incluyendo a lo que nos pasa a nosotros: estado físico, emocional y mental. De ahí llamarle "plena", pues lo atiende absolutamente todo tal como viene, sin prejuicios ni filtros ni resistencias. 

Pero la conciencia va de la mano del conocimiento y de la capacidad de percibir, esto es, de la sensibilidad.  No podemos ser conscientes de lo que no percibimos. Ni plenamente conscientes de lo que desconocemos. El desarrollo de una auténtica conciencia plena pues necesita de una sensibilidad perceptiva aumentada y de un conocer amplio. Pero no es necesariamente un conocer intelectual, teórico, se necesita un simple conocer de la existencia de algo para ser capaz de dirigir la atención a ese algo e incluirlo en la conciencia. 

Así, si por ejemplo si no sé lo que es la emoción llamada abulia, si un día la experimento, me será más difícil darme cuenta de que estoy en ese estado emocional y de lo que significa, seré quizás consciente de que estoy triste, pues la abulia es un tipo de tristeza, pero sin darme cuenta de los matices de esa tristeza, y seguramente no seré capaz de identificar las causas del estado negativo. En la educación para la inteligencia emocional se anima a conocer todo el espectro de emociones, a saberlas identificar, como ayuda importante para reconocerlas cuando aparecen y poder gestionarlas mejor. El conocimiento de lo que es aquello que percibimos nos hace más conscientes de lo percibido. 

La atención plena a nosotros mismos, a nuestro cuerpo, a nuestras emociones y pensamientos, con la práctica aumentará nuestra sensibilidad, nos daremos cuenta realmente de lo que nos sucede instante a instante. Pero quizá no lo entendamos bien, y en ese caso seremos parcialmente conscientes, no plenamente. Hay una dimensión de la persona, aparte de la social, corporal, emocional, etc, que está muy relacionada con la atención plena: la espiritualidad; acceder a esa dimensión nos proporciona inteligencia espiritual.

Espiritualidad

La dimensión personal más alta a la que tenemos acceso es la denominada dimensión espiritual; abrirnos a esa dimensión nuestra es lo que conocemos por despertar espiritual, o incluso iluminación.  Conceptos que hasta hace poco en la historia de la humanidad se consideraban restringidos a unas pocas personas muy especiales, casi siempre gente retirada de la vida normal, recluida en monasterios, con dedicación exclusiva a la vida contemplativa. En la actualidad la práctica de la conciencia plena, cada día más común y en expansión, nos acerca bastante a ese despertar espiritual pero sin tener que renunciar a la vida activa, social. No son equivalentes la conciencia plena y la espiritualidad, sino que la primera desarrolla habilidades en nosotros que nos ponen a las puertas de la espiritualidad, nos lo ponen fácil.

Una de las definiciones de "despertar espiritual" es:

El despertar ocurre cuando ya no vives en un mundo de sueños donde filtras todo a través de tu ego y te enfocas en el futuro y el pasado. En cambio, tienes una conciencia casi simultánea de tu yo individual y la conexión entre eso y todo lo demás.
Y una de las practicas de la conciencia plena, la práctica del monitoreo abierto, cumple esa definición, pues en ella nos enfocamos en el presente, momento a momento, y además abrimos nuestra percepción a todo lo que aparece, tanto en el exterior como en nuestro interior, simultáneamente. 

El despertar espiritual también se define por sus efectos, y muchos de ellos aparecen también en la práctica de la atención plena:

  • Inocencia con sabiduria: Las personas espiritualmente despiertas ven el mundo de una manera muy inocente, impactados por la maravilla, la belleza y la complejidad de los fenómenos que otras personas dan por sentado y no prestan mucha atención. Pero a la vez sabia, pues conocen lo que observan y quieren conocerlo aún más. La actitud de "mente de principiante" de la práctica de la atención plena refuerza esta actitud.
  • Todo es consciencia: Para la persona despierta, incluso los fenómenos naturales que no están biológicamente vivos (como las nubes, el mar o las piedras) y los objetos hechos por el hombre (como muebles o edificios) parecen brillar al atenderlos, parecen cobrar vida. Al prestar plena atención a un objeto inanimado, parece más real.
  • Paz interior: se establece una paz imperturbable, incluso si las cosas "no salen bien" en tu vida, no caes en una montaña rusa emocional de ira, frustración o desesperación. Las emociones negativas surgen pero duran poco. La paz interior es como una lupa para las emociones positivas y una manta empapada en agua sobre el fuego de las negativas. La disminución de pensamientos erráticos no deseados que conseguimos con
    la práctica de la atención plena ayuda a conseguir paz interior.
  • Intuición aumentada: ¿Alguna vez has pensado en un viejo amigo que hace tiempo no ves y después encontrarte con él? ¿O escuchaste sonar tu teléfono y sabías quien era antes de mirar? Muchas personas han experimentado el conocimiento intuitivo. La espiritualidad acrecienta la intuición.
  • Bondad y compasión: Las personas que están en el proceso de un despertar espiritual comienzan a notar una empatía más completa y una compasión más orientada a la acción que se siente normal, natural y gratificante. E incluye la auto-compasión, un sentido de humanidad común, una amabilidad. La compasión es, o debería ser, un elemento básico en la
    práctica de la atención plena.
  • Trascender el miedo a la vejez y a la muerte: cuando se ve que la conciencia trasciende al cuerpo físico, el deterioramiento y la pérdida de este cuerpo se siente menos trágica. Ver la muerte como un proceso natural permite la paz y elimina el miedo.
  • Autenticidad: se diluye la necesidad de ajustarse a las normas culturales o seguir siendo políticamente correcto. En cambio, surge una necesidad de expresar en palabra y acción lo que sientes como correcto. Nos damos cuenta de que no se trata de complacer a los demás evitando expresar opiniones impopulares. 
  • Bienestar aumentado: las personas espiritualmente despiertas tienen un nivel de bienestar que parece ser más consistente, más estable. Saben que hay una conexión mente-cuerpo, que se traduce en una conexión felicidad-salud.

En palabras de
Eckhart Tolle, "encuentras la paz no reorganizando las circunstancias de tu vida, sino dándote cuenta de quién eres en el nivel más profundo". Ese dándote cuenta es tomar conciencia de, es prestar atención plena a nosotros mismos.

dimarts, 16 d’octubre del 2018

Meditar para el bienestar emocional y mental

El autor de este ensayo es un estudiante de 18 años que vive en Leicester, Reino Unido. Traducido y resumido del original en inglés.

El año pasado casi abandono la escuela.

Estaba dividido entre dos mundos: mi padre en Gales, un individuo inteligente y carismático, y mi madre en Leicester, que siempre había sido amable y paciente. Después de años de no entender el conflicto entre los dos, tuve que averiguar más sobre el mundo de mi padre. Me fui a Gales en enero de 2017 con la intención de no volver.

Sin embargo, volví a Leicester la semana siguiente, después de haber experimentado de primera mano las burlas coercitivas y el comportamiento destructivo de mi padre. Esto fue suficiente para darme cuenta de lo que realmente es vivir con problemas de malestar mental, y de que necesitaba un método confiable para poder controlar mi propia mente.

Muchas personas de mi edad tienen que lidiar con relaciones perturbadoras, problemas de identidad y género, abuso de drogas y alcohol, y las luchas con problemas emocionales y mentales a largo plazo como la depresión y la ansiedad. Algunos acuden a facultativos para manejar estos problemas. Si bien estas son vías válidas, para mí la solución ha sido la meditación.

¿Cómo medito?

Al meditar, me siento con las piernas cruzadas, excluyo al mundo exterior y me concentro en desarrollar sentimientos positivos específicos, como el amor o la compasión. A veces, lo único en lo que puedo concentrarme es en el dolor en mis rodillas, pero cuando cesan todas mis distracciones, puedo sentir una profunda sensación de calma y paz.

"¿Y qué?", Podría decir: "Me siento bastante relajado después de un par de cervezas. Esto suena como una tontería para mí ".

Probablemente hubiera estado de acuerdo con eso hace uno o dos años. De hecho, es cierto que para las primeras sesiones es posible que no experimentes resultados instantáneos. Hay mucha confusión acerca de la meditación. Algunas personas piensan que se trata de perderse a uno mismo, mientras que otras piensan que se trata de encontrarte a ti mismo; algunos piensan que la meditación tiene que ver con parar la mente y ser como una piedra. Para mí, después de soportar tanto dolor y confusión durante mi infancia, estaba decidido a encontrar un método que, basado en el razonamiento lógico, estuviera dirigido a producir resultados positivos duraderos.

Después de investigar varias tradiciones y escuelas de meditación, descubrí que una parte clave del proceso meditativo es poder identificar los estados mentales que producen sentimientos negativos y luego trabajar para reducirlos e identificarlos. Y también con los estados de ánimo positivos trabajando para aumentarlos. Por lo tanto, la meditación es una metodología para familiarizar la mente con la positividad.

¿Cómo mejora la meditación nuestro bienestar emocional y mental?

La principal fuerza motriz de la meditación es la concentración y la atención plena. Al aprender a concentrarnos únicamente en estados mentales positivos sin distracciones, nos entrenamos para desarrollar patrones de pensamiento positivos. Esto es similar a un músico practicando escalas y acordes, o entrenar nuestros músculos en el gimnasio a través de repetición de ejercicios. Finalmente, a través del entrenamiento en meditación, las secuencias mentales positivas se arraigan, se estabilizan, y es posible acceder a ellas sin esfuerzo. Como el bienestar emocional y mental provienen de estados mentales positivos, podemos entender cómo la meditación, cuando se practica correctamente, tiene un gran poder para mejorar nuestro bienestar.

La evidencia

Para saber más sobre cómo la meditación ha ayudado a otros, hice un estudio de caso de cinco personas que usan la meditación: un médico, un practicante budista, un investigador y dos de mis amigos en la universidad.

1) La doctora Judith Casson, médico de cabecera en Hinckley, ha estado practicando meditación de atención plena durante quince años. Ella ha descubierto que es una herramienta inestimable para su propia salud mental y ha sido testigo de la implementación positiva de las prácticas de atención plena en colegas médicos y en sus pacientes. Ella piensa que la meditación es como "sembrar una semilla de la cual crece la compasión y la paciencia a largo plazo".
2) Existe abundante evidencia científica de que la meditación mejora la salud mental. La neurobióloga Sara Lazar, PhD, afirma en una entrevista con el Washington Post que, después de realizar estudios, se descubrió que la meditación aumenta la materia gris en diferentes partes del cerebro, incluido el hipocampo izquierdo que se asocia con la regulación de las emociones. Esto podría probar un vínculo neurobiológico directo entre la estabilidad emocional y la meditación.
3) Derek es un practicante budista que comenzó a meditar hace casi cincuenta años. De niño, luchó con serios problemas de salud y casi muere. "Tuve que aprender a lidiar con una gran cantidad de sufrimiento y tormentos mentales, que actuaron como un gran incentivo para tratar de trabajar con mi mente". 45 años más tarde, ahora es capaz de mantener la estabilidad mental a pesar de los continuos problemas de salud.
4) Después de solo un mes de practicar una meditación básica de atención a la respiración, mi amiga Ellie, quien sufre de trastorno de estrés postraumático y ansiedad, dice: "La meditación me ha permitido encontrar la paz en los momentos más difíciles, ha sido un auténtico cambio de vida". De manera similar, mi amigo Alex, que sufre de parálisis cerebral y depresión, también ha recurrido a la meditación. En sus palabras, "Me ha dado claridad cuando la racionalidad sale por la ventana".
5) En mi caso, después de un año y medio de practicar la meditación, yo mismo soy mucho máscapaz de lidiar con los desafíos diarios, mi estrés se ha reducido, no me frustro tan fácilmente y rara vez me deprimo. La mayoría de las veces no estoy desconcertado cuando las cosas no salen como esperaba. Mi empatía y compasión han aumentado dramáticamente y también puedo pensar con claridad y organizar mi tiempo. No soy perfecto, pero puedo ver claramente una trayectoria ascendente de paz y estabilidad mental.

¿Dónde estoy ahora?

Ha pasado un año y medio desde que tuve que cortar lazos con mi padre, y aunque todavía estoy lidiando con el dolor y la pérdida, la meditación me ha ayudado a seguir adelante y puedo enfrentar mis adversidades con una mente feliz. Al meditar en la compasión, también aprendí a ver las cosas desde la perspectiva de mi padre, que me abrió los ojos al comprender su sufrimiento.

Al igual que convertirse en piloto lleva muchos años de entrenamiento y conocimiento, desde mi propia experiencia, creo que a través de la práctica constante podemos volar nuestra mente hacia una salud mental profundamente mejor a través de la meditación.





dimarts, 1 de maig del 2018

Perfecta simpatía

La simpatía se define como una tendencia a ser afectuoso y amistoso con las personas (y también con todo ser vivo), una armonía con los sentimientos de personas distintas, que entran en simpatía, es una emoción afín al amor. El contrario de la simpatía es la antipatía: la repulsa o rechazo hacia una persona o hacia su actitud o comportamiento, y como emoción es afín al odio.

Habitualmente en nuestra actividad social nos movemos entre esos dos extremos, según con quien coincidamos, o a quien leamos, o con quien intercambiemos opiniones. La simpatía y la antipatía son emocionales, generalmente instintivas, o sea, automáticas: surgen por reacción espontánea. Y cuando adoptamos, enfrente a un interlocutor, las actitudes basadas en las emociones correspondientes, que son la actitud simpática o la antipática, bien entendido que son los dos extremos, y que entre los dos extremos existe toda una gama intermedia, nuestro interlocutor probablemente lo notará, se sentirá aceptado, acogido, respetado, o bien se sentirá rechazado, negado. 

Siendo emociones instintivas, automáticas, son susceptibles de regulación inteligente por cualquier persona que se haya ejercitado suficientemente en el control de su atención y de su auto-conciencia. Podremos pues, escoger el sentimiento y actitud simpática, neutra, o antipática. La primera, la simpatía, es obviamente una emoción positiva, y su contraria, una emoción negativa, que puede provocar en el otro, en nuestro interlocutor, la misma reacción hacia nosotros. 

Sabemos que las emociones negativas tienen su valor, que es informarnos al momento de que algo dañino está ocurriendo, de forma que podamos protegernos, esa es la función primordial de las emociones negativas. Cuando la persona ha trabajado su interioridad, su presencia plena, no se siente en peligro fácilmente por ninguna opinión contraria a su parecer, ni por ningún ataque personal, exceptuando aquellos de peligro físico, claro está. Así que sus emociones negativas reducen grandemente su influjo sobre él, no necesita defenderse. Además, sabiendo que si se deja llevar por una actitud negativa hacia otra persona, no conseguirá nada más que la misma actitud negativa hacia él por reacción, ve claramente la inutilidad de tal reacción.

Se abre entonces otra posibilidad: la de cultivar la simpatía incondicional, constante. Tal estado positivo exige comprensión y tolerancia: cuando nos encontramos de cara con ideas, opiniones, comportamientos que vemos como erróneos, injustos, inadmisibles, etc, nos hacemos conscientes de nuestro rechazo, pero al instante aceptamos la imperfección del ser humano (incluidos nosotros), lo complicado que puede ser adquirir una visión correcta y equilibrada de las cosas, y aplicamos nuestra tolerancia hacia esa persona o situación que vemos como imperfecta, no la rechazamos, la aceptamos.

Es el mismo tipo de aceptación que se aplica en mindfulness: aceptar lo que está ocurriendo aquí y ahora, no reaccionar, lo cual no significa que nos parezca bien, ni tampoco que no vayamos a intentar cambiar las cosas para mejor.  A esta aceptación, le añadimos empatía, comprensión, tolerancia, o compasión, otro elemento básico en mindfulness. La actitud es de no tener ni un asomo de negatividad, de no querer eliminar, destruir aquello que nos disgusta; al contrario, hay una actitud positiva de construir, de mejorar en la medida de nuestras posibilidades aquello que vemos como mejorable, pero siempre desde una aceptación tolerante, incluso de un afecto incondidional. Y como hemos dicho antes, al actuar así no se provoca el rechazo del otro hacia nosotros, el cual se siente aceptado por nosotros. Y desde esa conexión con el otro podemos trabajar en el sentido de intentar mejorar la situación, en vez de caer en el rechazo, la incomprensión, y el cierre de posiciones, defendiendo cada uno la suya. 

Es una simpatía perfecta, que incluye a todo el mundo, que no rechaza sino que acoge, que comprende, que tolera, y que sienta las bases para poder ser escuchado, para poder intentar ayudar si es posible.
 

diumenge, 11 de març del 2018

Mindfulness, compasión y trascendencia

Mindfulness y compasión

Seguramente por mi carácter marcadamente occidental, pragmático, no he estado interesado en cultivar la compasión, una característica de la persona que se define como la sensibilidad hacia el sufrimiento que provoca un deseo de aliviarlo, de hacer algo por evitarlo. Pero, ¿cómo se evita el sufrimiento? Parece imposible, pues es algo que es intrínseco a la existencia. Miremos por un momento a la Naturaleza, y veremos que tiene un nivel de compasión nulo: sobrevive sólo el más fuerte, enfermamos víctimas de un mar de microbios patógenos que nos rodean y están intentando parasitarnos continuamente, envejecemos y morimos, unos animales se comen a otros, periódicamente se suceden las lluvias torrenciales, huracanes, terremotos y otras "catástrofes naturales" que dejan tras de sí cientos de vidas arrasadas, etc. La propia Naturaleza que nos da la vida, es cruel, no compadece a nada ni nadie, en absoluto. En un entorno así, ¿tiene sentido ser compasivo y querer evitar el sufrimiento?

Ese ha sido mi punto de vista, que últimamente he revisado, a raíz de la lectura sobre mindfulness y compasión, un binomio que, según sus defensores, se complementa a la perfección, uno potencia y da sentido al otro. De hecho el mindfulness budista original ya lo consideraba de esta forma, pero en occidente a menudo aún se olvida esta complementariedad y se limita el estudio de mindfulness a su faceta atencional, al cultivo de la atención pura al momento presente, olvidando su complemento, la compasión. Como explica Vicente Simón en su libro Aprender a practicar mindfulness, la compasión no es un añadido "extra" a mindfulness sino uno de sus tres componentes:

  1. la atención focalizada (concentración), 
  2. el campo de conciencia expandido, inclusivo, y 
  3. la compasión / bondad amorosa (loving kindness).

La práctica de la compasión es lo que permite "acoger" a los sucesos desagradables y a las emociones negativas generadas automáticamente en reacción a esos sucesos. Al combinar las tres facetas de la meditación mindfulness, estando focalizado, atento a lo que sucede, con voluntad de acogerlo, de no luchar contra ello, de aceptar incluso lo negativo, se reduce el sufrimiento.

…... todo el proceso de la meditación consiste
en crear una buena base, una cuna
de bondad amorosa, en donde podamos
ser nutridos
.

Pema Chödrön

Sufrimiento y trascendencia

El sufrimiento se crea en la mente, más generalmente, en el sistema nervioso, como respuesta a una situación estresante, dolorosa, destructiva, negativa. Está claro pues que un trabajo a nivel de la mente y del sistema nervioso ha de ser útil para disminuir el sufrimiento, hablando en términos de auto-protección frente a él. Ahora bien, las causas del sufrimiento son externas. La aceptación de esas causas y sus efectos es eficaz en la disminución del sufrimiento, pero es obvio que la Naturaleza seguirá siendo implacable, ciega a cualquier misericordia hacia los seres sufrientes. Una persona compasiva puede llegar a sufrir al ver el sufrimiento ajeno sin poder hacer nada al respecto. Ya mencionamos en el artículo profundizar en la interioridad  que sólo se consigue la total eliminación del sufrimiento sentido al ver el sufrimiento ajeno comprendiéndolo y trascendiéndolo, sabiendo su por qué. Es algo más que simplemente aceptarlo como inevitable, es entender su esencia. Según el Budismo, esa comprensión significa en la práctica darse cuenta de la impermanencia y de la inutilidad del apego a cosas transitorias; una línea de trabajo relativamente fácil de seguir cuando se trata de cosas materiales, pero no tanto cuando se trata de personas. Hay una diferencia sutil pero importante en estar apegado a alguien y sufrir con su sufrimiento: no es lo mismo. Tampoco es una cuestión de excesiva empatía, como alguien puede suponer.

De la misma forma que las personas son capaces de sugestionarse a sí mismas para que no les afecte el dolor ajeno, ese que vemos a diario en las noticias, y ese es un camino muy común entre nosotros, verlo todo como algo lejano para que no nos afecte, también podemos sugestionarnos a nosotros mismos para ver a todos nuestros seres amados y a nosotros mismos como "cosas" impermanentes, como una bella nube que desfila por el cielo movida por el viento y que sabemos tendrá una "vida" limitada. La psicología budista va por ahí, por la aceptación de la transitoriedad de todo, es un condicionamiento a aceptar que todo se va a ir a paseo tarde o temprano. Y funciona. Pero seguiremos sin entender el por qué de esa transitoriedad, de lo que hay debajo de ella, en su fondo. Habrá muchos que no sientan esa necesidad de saber más, y se conforman con aceptar y dejar de sufrir. Los pocos que no tienen suficiente, necesitan saber.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Mateo 7:7
La trascendencia consiste en llevar la conciencia más allá del pensamiento, de la mente tal como la conocemos. Es descubrir que en el silencio mental hay una vida, una presencia, y eso es sólo el principio de lo que encuentras. Siendo el sufrimiento de naturaleza mental, al trascender esta automáticamente se trasciende también aquel. No es que lo aceptes, que sigue siendo una actitud mental, es que te sitúas fuera de su campo de acción. Existes a otro nivel. Es difícil explicar con palabras ese nivel de existencia que está más allá de las palabras. Quizá ayude una anécdota personal.

Verano, de vacaciones en la playa con mi familia. Estoy sentado tomando el sol mientras contemplo plácidamente el mar, la gente bañándose, los gritos de los niños, siento el calor en la piel, estoy muy relajado pero atento. Observo entonces a mi familia, mi hijo está tumbado al sol, perfecto, observo entonces a mi esposa, me doy cuenta de que está enfadada, de mal humor, ya me lo había parecido antes, no sé la razón, ella lo niega, así que supongo que debe ser un enfado por mi causa, alguna cosa habré hecho "mal". Vuelvo a girar relajadamente la vista hacia el mar, veo los destellos del sol sobre las olas, relajadamente, y en ese instante me viene el comparar la mente con el mar: el enfado es como esas olas, están sólo en la superficie, pero si nos sumergimos en el fondo hay una paz absoluta, es algo que solía hacer de niño, evitar las olas rompientes pasando por debajo de ellas. La mente en sí es como el mar, las emociones son las olas que vienen y van en la superficie de algo inmenso que está debajo y que está en paz. Esa idea duró un instante, al instante siguiente mi conciencia se "sumergió" en mi mente, profundizando, sin esfuerzo alguno por mi parte, de forma autónoma, por sí sola. Y me sentí como si estuviera en el fondo de la mente, no de "mi" mente personal, sino de "la" mente, en un estado de paz absoluta. Era un yo-conciencia o yo-testigo, "observando" un fondo mental inmenso, que se me asemejaba a un material plástico con el cual podías formar cosas, era como materia esperando a ser transformada. Esto duró sólo un instante, al siguiente ya estaba mi conciencia otra vez observando el mar ... y a mi esposa en el mismo estado anterior. Pero esa breve vivencia es inolvidable, la recordaré siempre.
En una experiencia de trascendencia las preocupaciones, emociones negativas, sufrimientos de todo tipo, son simplemente oscilaciones superficiales de un todo que es inmenso, que es paz. No niegas las oscilaciones, simplemente ves más allá de ellas, ves su insignificancia en esa totalidad. No necesitas practicar en aceptar las oscilaciones negativas, puedes "sumergirte" por debajo de ellas para que no te afecten en absoluto o dejar que te den en la cara, si es eso lo que eliges.


Mindfulness y trascendencia

Mindfulness es un medio de llegar a la trascendencia de la mente, pues modifica nuestra conciencia de nosotros mismos, nuestra percepción del yo, y lo hace independiente de nuestros pensamientos. Ese es un primer paso hacia la trascendencia. No es el único, puede llegarse al mismo estado por otros caminos, aunque al final se ve que todos los caminos son uno: llevar la conciencia más allá de la mente intelectual, de hecho, mucho más allá.