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divendres, 11 d’agost del 2023

¿Qué nos mueve a actuar?

Estamos tan inmersos en el mundo exterior, en sus inacabables tareas, problemas a resolver, eventos, información que procesar, que acabamos confundiendo el ser con el hacer, e incluso el ser con el tener. Pero cuando nos recogemos, cuando encontramos un tiempo y un lugar para el silencio, para interiorizarnos, nos damos cuenta de que en esos instantes simplemente somos, sin hacer nada. Por eso es importante aislarse en la soledad y el silencio de vez en cuando, para recuperar la visión real de nosotros mismos: somos, luego hacemos y tenemos. La acción necesita un sujeto que la realice, y la propiedad necesita un sujeto poseedor; ese sujeto es, siempre es, tanto si hace como si no hace, tanto si tiene como si no tiene.

Cuando has conseguido recuperar esa visión, tan a menudo ensombrecida por un ritmo de vida a veces caótico, o acelerado, o las dos cosas, es cuando puedes pasar a hacer otra indagación sobre ti mismo: ¿cuando actúo, qué es lo que me motiva a hacerlo? ¿Qué nos mueve a actuar? Antes de hacerte esa pregunta has tenido que recuperar la conciencia de simplemente ser, aunque sea parcialmente, pues si confundes tu ser con tu hacer, no tienes la perspectiva necesaria para preguntarte por tu hacer, pues lo crees parte de ti mismo. Cuando ves que son cosas distintas, entonces puedes mirar tu hacer desde tu ser, intentando comprenderlo. 

Lo que iras descubriendo es en parte lo que la ciencia ya nos dice hace décadas: tu hacer es mayormente inconsciente, automático, reactivo; de hecho no sólo tu hacer en cuanto acción externa, también tu pensar, tus pensamientos, aparecen solos, sin desearlos, automáticamente. Al ir descubriendo más y más tu ser, todo lo demás se va viendo como externo al ser, incluso los pensamientos, que antes de veían como algo muy interior, muy personal, se van viendo así también: el pensar desde el punto de vista del sólo ser, es también un hacer. Por eso podemos estar en silencio mental, porque paramos de hacer pensamientos. 

dijous, 19 de juliol del 2018

El despertar de la conciencia


Hace unos cien millones de años antes de la aparición del ser humano en la Tierra, en la era Mesozoica, un pequeño mamífero se desplazaba por el denso y enorme bosque de coníferas, olisqueando con la cabeza baja a ras del suelo, en busca de alimento. En un cierto instante, salió del bosque llegando a una extensión despoblada, levantó la vista y el panorama inmenso se desplegó ante sus primitivos ojos, sólo capaces de ver en blanco y negro, y con cierta borrosidad: vegetación, a lo lejos una cadena de montañas, el cielo, todo en un escenario tórrido, húmedo; en ese instante, y sólo por un segundo, experimentó un destello de conciencia, de "saber" que estaba allí, de "alguien" que observaba todo aquello; sólo duró un segundo, y luego el animal volvió a su estado habitual de inconsciencia. Pero el extraordinario suceso quedó registrado en su cerebro, y a través de la mente inconsciente, a través de una desconocida forma de conexión, quedó también registrado en la mente inconsciente universal, como todo los que sucede.  

Año 2050 de nuestra era. Un joven estudiante coincide en su camino al instituto superior de estudios profesionales con una compañera de clase con la que nunca había hablado; conectan inmediatamente, se abren el uno al otro con suma facilidad, y después de sólo 15 minutos les parece que se conocen de hace tiempo, sienten misma noche el joven tiene un extraño sueño: se ve como un pequeño animal que repta por el bosque, y de repente se abre un extenso panorama ante él: ve en blanco y negro un escenario natural que es diferente de los actuales, y sólo lo ve por un instante antes de volver a la inconsciencia del sueño profundo. Al despertar sin embargo recuerda exactamente la imagen, que de hecho nunca olvidará, y la sensación que la acompañó: se sintió como si realmente fuera un animal que de repente tiene un destello de consciencia. Además, tenia la intuición de que el sueño de alguna manera estaba relacionado con aquella chica que había conocido, y eso era lo más extraño de todo: ¿qué relación podía haber?

Han pasado diez años, y hace cinco que la joven pareja viven juntos, están pensando de tener descendencia. La vida les sonríe, son jóvenes, inteligentes, con buenos trabajos que les satisfacen, y se quieren.  Llega entonces de forma inesperada, como suele ocurrir, la desgracia: la mujer muere en un accidente. En unos instantes todo cambia, la vida para el joven se vuelve vacía, sin sentido, incluso cruel; es capaz de atemperar sus emociones gracias a la formación en inteligencia emocional y en meditación que se le ha proporcionado en la escuela publica, pero no puede evitar que la gran pregunta se le instale en la mente: ¿por qué? A pesar de que está entrenado para aceptar las situaciones y vivir plenamente el presente, la necesidad de comprender le acucia, es una inquietud profunda: ¿por que tanto sufrimiento gratuito? Intentando encontrar respuestas empieza a buscar información sobre cualquier cosa que le pueda dar un sentido a lo ocurrido, a nuestra mortalidad, al aparente caos de la existencia: lee sobre reencarnación, viajes astrales, esoterismo, magia blanca, sueños lúcidos ... y al mismo tiempo intensifica su práctica diaria de meditación: ya no dedica esos diez minutos cada mañana que había estado siguiendo desde niño, lo amplia a veinte minutos tres veces diarias, incluso treinta minutos de meditación reflexiva, intentando entender lo que somos realmente.

Al cabo de unos tres meses los efectos de todo ese trabajo de estudio interior empiezan a llegar. El joven tiene a menudo sueños que vive de forma consciente. Se está dando cuenta, no a nivel intelectual, de comprensión, sino experiencial, vivencial, de que él no es en absoluto sus pensamientos ni sus emociones, sino algo más profundo. Las experiencias "fuera de lo común" empiezan a ser comunes para él. Un día en un sueño en el que conscientemente estaba volando de repente desaparece todo el escenario y se encuentra inmerso en un océano de luz brillante, viva, benéfica, que lo penetra y lo vivifica, y por unos instantes experimenta un éxtasis que nunca olvidará. Otro día, paseando por el campo, de repente se queda pasmado ante la belleza del paisaje, a pesar de que había pasado por allí en muchas ocasiones, pero no sólo del paisaje en global: allá donde dirigía la mirada, ya sea unas pequeñas flores en medio del camino, o un rayo de Sol que se filtraba entre las hojas de los árboles, o un campo de trigo bajo el Sol ... cualquier escena le parecía de una extraordinaria belleza, aquello sí era arte en todo su esplendor, pensó para sí. Empezó a vivir en sí mismo una paz interior imposible de describir para el que está inmerso, identificado, con sus pensamientos. Y en esa paz, si la miraba atentamente, había una presencia, había un alguien que no podía definirse ni describirse, pues no tenia más atributos que la mera presencia, pero al mismo tiempo se presentía como algo muy real, como un puro sujeto sin más atributos.

Y con los meses primero, y los años después, esa presencia se fue haciendo más y más evidente, de forma que lentamente, gradualmente, la conciencia de sí mismo del ya no tan joven buscador de la verdad fue como si dijéramos trasladándose de las antiguas ideas y conceptos de sí mismo hacia la pura presencia del sujeto, del "yo soy". Las antiguas preguntas, "¿por qué?", ya no eran necesarias, el Ser es en sí mismo la respuesta. Nuestro buscador supo, instintivamente, el significado de su antiguo sueño: aquel pequeño animal con el que soñó era él, más exactamente, el era el destello de conciencia que experimentó el animal; más tarde, cuando conoció a la que seria su amada compañera, empezó una nueva etapa de evolución de su consciencia, pues su muerte le había llevado a buscar, trabajar y conseguir una nueva conciencia, y esa era la conexión entre el sueño prehistórico y su compañera: el despertar de la conciencia en él. Y también supo, instintivamente, que su nuevo estado de conciencia no era el último, al contrario, era el principio de una evolución que le llevaría a estados de una paz y magnificencia que era incapaz ni de imaginar.
 

dimecres, 18 de juliol del 2018

Edad espiritual: entender la espiritualidad laica

La espiritualidad del siglo XXI ya no está limitada a la religiosidad, sino que es, o puede ser,  laica. ¿Qué entendemos actualmente por espiritualidad? En sentido amplio, sin seguir ninguna doctrina, es un desarrollo de la conciencia que nos proporciona una perspectiva de la vida más sabia, más inclusiva y extensa, con más perspectiva. Esta definición, como todas las definiciones tan generales, es correcta pero no profundiza lo suficiente para entender realmente de que estamos hablando. Quizá una forma de precisarlo es usando el concepto de edad espiritual, que es una forma de clasificar el desarrollo espiritual, pues en realidad es un desenvolvimiento progresivo, de manera muy similar a como nuestro cuerpo también se va desarrollando desde la infancia hasta la edad adulta, con la gran diferencia de que el cuerpo con el tiempo deja de desarrollarse para empezar a degenerarse y finalmente enfermar y morir, mientras que el desarrollo espiritual no tiene ni límite ni degeneración. Expliquemos pues lo que puede ser la espiritualidad para nosotros usando la analogía de la edad: la edad espiritual, teniendo en cuenta que es sólo una analogía y no debe tomarse al pie de la letra, es sólo una forma de explicar mejor que entendemos por vida espiritual laica.

La infancia espiritual

La gran mayoría de la humanidad está todavía en esta etapa, incluso muchos están en la infancia temprana. La conciencia es estrecha, como lo es la mente, y la persona sólo puede tener una visión superficial de la vida: cree que todo lo que ve es lo único que existe. Está tan inmersa en el mundo exterior, en sus inacabables tareas, problemas a resolver, eventos, información que procesar, que acabamos confundiendo el ser con el hacer, e incluso el ser con el tener.

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Su comportamiento está dictado en gran medida por su mente inconsciente, sus decisiones son poco conscientes, y en cuanto a sus opiniones, simplemente se adhiere y sigue a ideologías que sean afines con su personalidad, en otras palabras, toma sus opiniones prestadas de los demás, pero si se le discuten esas opiniones las defiende a capa y espada como si fueran propias. No se plantea  que sentido tiene la vida ni ninguna otra de las grandes preguntas, simplemente no le interesan. En su tiempo libre procura "distraerse", que significa dejar que algún estímulo externo capture su atención para no aburrirse.

No actúas como creo que debes
Depende mucho de su entorno para estar bien: si las cosas no funcionan "como deberían", sufre.  Así, si se ama se depende mucho de la persona amada, si se corta la relación, se sufre intensamente; hay padres y madres que no se hablan con sus hijos o hijas porque no se comportan como ellos esperaban, hay personas con depresiones severas, o con trastornos de ansiedad causados por un entorno que ven como negativo u hostil, y sufrimos en nuestra moderna sociedad del bienestar una altísima tasa de suicidios, cercana a una de cada 10.000 personas al año (si al lector no acostumbrado a estadísticas le parece poco, que compare con la tasa de muertos en accidente de tráfico que es de unas seis personas de cada 10.000). La persona en la infancia espiritual a menudo hace sin saber porque lo hace, o con una idea vaga, difusa. Vemos a personas entrenando y sufriendo cada día para llegar a correr una maratón simplemente porque "les motiva" pero no tienen claro porque les motiva (los ejemplos de muerte súbita entre los participantes que se inscriben a estas pruebas están en aumento, en proporción a la popularidad que año tras año va ganando esta prueba: los peligros de las maratones). La persona se desconoce a sí misma, necesita el auxilio de un psicólogo para ello, y nunca pasa de la superficie, de la personalidad.

La pubertad espiritual

Activismo social
En esta etapa, en la que actualmente hay un número significativo y creciente de personas, el individuo ya se hace preguntas sobre el mundo y sobre sí mismo, se siente incómodo con "el sistema" y con la sociedad, ve los grandes problemas que tiene la humanidad y él mismo, y siente la incomodidad de no saber las respuestas. Hay una inquietud, aunque no se tiene claro exactamente el por qué, el origen de esa desazón. La persona busca ideologías "alternativas", o bien se hace activista de causas diversas, o practica yoga, u otras vías de escape de una realidad que no le convence; no acepta de buenas a primeras las tendencias sociales, al contrario, las cuestiona, puede ser muy crítico con ellas, y hacerse militante de movimientos progresistas, sobre todo en la juventud. Y se hace más consciente de su interioridad, de sus emociones, sentimientos y pensamientos. Se interesa por la inteligencia emocional, por la meditación, se interesa, pero no las trabaja a fondo, solo simpatiza y hace algunas cosas al respecto, como leer libros, sin comprometerse con la práctica.

Por ello, sigue en gran parte siendo dependiente del medio exterior en el sentido de desear y esperar que "las cosas le vayan bien". En el terreno sentimental, tampoco se depende totalmente del otro para expresar amor, ha contactado con sus propias emociones amorosas, con lo que siente en sí, y sabe que puede amar a mucha gente simplemente por el gozo de hacerlo, pero es un gozo emocional, es un gozar de amar como emoción y/o como actividad sexual, y en el fondo es un amar egoísta, pues ama para gozar ella, más que para dar, lo hace para recibir. 

La adolescencia espiritual

"La vida no tiene sentido,
todos acabamos muriendo."
Aquí según creo hay todavía un porcentaje bajo de la población. La inquietud y desazón de la pubertad aumentan hasta alcanzar una presión muy fuerte sobre la persona, que sufre por ello, y a veces empieza a tomarse seriamente el asunto del desarrollo de la conciencia y del control de la mente y las emociones. Es incapaz de eludir las grandes preguntas de la vida, ¿quien soy? ¿qué hago aquí? ¿que sentido tiene todo esto? ¿qué es el amor?... para las que no tiene respuesta precisa, todo son dudas acuciantes.

Hay un viejo chiste: dos mujeres mayores están en un hotel de alta montaña y una comenta, "¡Vaya, aquí la comida es realmente terrible!", y contesta la otra: "¡Y además las raciones son muy pequeñas!". Pues básicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, histeria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa. Woody Allen: Annie Hall, 1977

Hay personas que llegan abruptamente a esta etapa después de sufrir un grave acontecimiento en sus vidas, como superar un cáncer, o la muerte de un ser querido. Esta inquietud, que es una inquietud espiritual pues busca trascender la realidad vivida hasta ese momento para acceder a una visión más amplia y sabia que proporcione las respuestas buscadas, puede ser el motor del cambio personal. Es una etapa de grandes dudas, y eso es bueno, porque si no hay dudas no se buscan las respuestas. Hay quien recurre a hacerse monje budista para encontrar el sentido, otras personas se hacen meditadores serios, practicando diariamente durante años, otras más intelectuales, como Woody Allen, se conforman con tomarse las cosas con humor y ciertas dosis de cinismo:
Primero se convierte en un asesino y ahora se hace cristiano. No sé qué es peor. ¿Qué he hecho yo para merecer un hijo así? Woody Allen: Café Society, 2016
La cuestión es: ¿he aprendido algo sobre la vida? Sólo esto: los seres humanos están divididos entre mente y cuerpo. La mente abarca todas las aspiraciones nobles, como la poesía y la filosofía, pero el cuerpo se lleva toda la diversión.Woody Allen: La última noche de Boris Grushenko, 1975

La edad adulta espiritual

En la madurez espiritual la inquietud llega a su fin y nos trae paz, una paz que se expande en nuestro interior, en nuestras emociones y nuestra mente. Empezamos a intuir las respuestas a las grandes preguntas. Aceptamos la vida tal como es, sin exigencias, sin quejas. Aprendemos que amar es simplemente una expresión gozosa de nuestro propio ser, no lo buscamos para gozar, simplemente ya es, nosotros lo somos, y lo expresamos siempre que las condiciones sean las adecuadas, no para nosotros, sino para los demás. Nos volvemos muy conscientes de nuestra interioridad, de cómo funcionamos y del porqué lo hacemos, y a partir de ahí nos volvemos más empáticos con los demás pues en el fondo son como nosotros, los entendemos por fin. 

Nos recogemos: buscamos voluntariamente un tiempo y un lugar para el silencio, para interiorizarnos, y nos damos cuenta de que en esos instantes simplemente somos, sin hacer nada. Por eso es importante aislarse en la soledad y el silencio de vez en cuando, para recuperar la visión real de nosotros mismos: somos, luego hacemos y tenemos. La acción necesita un sujeto que la realice, y la propiedad necesita un sujeto poseedor; ese sujeto es, siempre es, tanto si hace como si no hace, tanto si tiene como si no tiene. 

Eknath Easwaran
En esta fase puedes pasar a hacer una verdadera indagación sobre ti mismo: ¿cuando actúo, qué es lo que me motiva a hacerlo? ¿qué nos mueve a actuar? Antes de hacerte esa pregunta has tenido que recuperar la conciencia de simplemente ser, aunque sea parcialmente, pues si confundes tu ser con tu hacer, no tienes la perspectiva necesaria para preguntarte por tu hacer, pues lo crees parte de ti mismo. Cuando ves que son cosas distintas, entonces puedes mirar tu hacer desde tu ser, intentando comprenderlo. Vas descubriendo lo que la ciencia ya nos dice hace décadas: tu hacer es mayormente inconsciente, automático, reactivo; de hecho no sólo tu hacer en cuanto acción externa, también tu pensar, tus pensamientos, aparecen solos, sin desearlos, automáticamente.

Al ir descubriendo más y más tu ser, todo lo demás se va viendo como externo al ser, incluso los pensamientos, que antes de veían como algo muy interior, muy personal, se van viendo así también: el pensar desde el punto de vista del sólo ser, es también un hacer. Por eso podemos estar en silencio mental, porque paramos de hacer pensamientos. La persona llega a conocer y dirigir su propio mundo interior, contacte con su ser interno, y sabe que en última instancia es inteligencia, es bondad amorosa, y es energía; ese es el comienzo de la auténtica vida espiritual.






diumenge, 25 de febrer del 2018

Profundizar en la interioridad, ¿por qué hacerlo?

¿Qué opina el lector sobre su mundo, sobre el mundo en el que está viviendo? Claro, hay un mundo cercano, el entorno de la persona, y hay un mundo global, ese que habitualmente sólo conocemos de oídas, quizá por las noticias. Quizás el lector de estas líneas sea una persona acomodada, sin problemas graves, que mira los grandes problemas mundiales tomando distancia, o quizás por el contrario sea un activista por los derechos humanos, o por la paz mundial. Incluso puede que el lector no esté disfrutando de un entorno cercano agradable. Tenemos todas la posibilidades. 

Este blog, como otros muchos, está dedicado a difundir y compartir cierto tipo de conocimiento relacionado con la interioridad de la persona; en las sociedades avanzadas modernas solemos estar totalmente volcados al exterior de nosotros mismos, y nuestra interioridad queda bastante olvidada, y por ello estos escritos están predestinados a no tener casi ninguna audiencia.  En efecto, observando todo el abanico de posibles lectores, podemos percibir que hay muchas personas que, por decirlo así, parecen tener una vida bien organizada y una "cabeza bien amueblada", esto es, una mente altamente organizada, y con coherencia de ideas y contenidos; personas fuertemente intelectualizadas, producto natural de nuestro modelo de sociedad y de educación, que han aceptado, que han interiorizado unas ideologías y una filosofía de vida que les son útiles para navegar por la existencia. Estas personas no parecen sufrir ni por ellas ni por las desgracias de los demás, el torrente de malas notícias que vemos diariamente en los medios no les afecta en absoluto; no es que necesariamente no sean empáticas, ni que sean indiferentes al sufrimiento ajeno, que también puede ser, es más bien que están como "vacunadas" contra todo tipo de dudas o malestares emocionales, toman una posición pragmática, necesariamente distante. Difícilmente este tipo de personas leerán alguno de los artículos de este blog o de otros del mismo estilo, como mucho no pasaran del titular y del primer párrafo, ¿para qué iban a interesarse? Lo verán simplemente como una pérdida de tiempo. Su interioridad funciona como un reloj, no les molesta para nada, no necesitan ni quieren acceder a ella. 

Si lo planteamos así, en términos de utilidad, ¿a quién le puede ser útil investigar en el tema de la interioridad? Dejando de lado la aplicación de las técnicas atencionales-mindfulness para incrementar la productividad, que de hecho atiende sólo a un aspecto concreto de la interioridad, la atención,  pero sólo para seguir volcado en lo exterior, en lo productivo, nos quedan las personas que no están plenamente satisfechas con lo que ven en ese exterior, con lo que viven ellas mismas y/o los demás. Puede existir una inquietud, un deseo por saber más sobre el porqué de las cosas, más allá de las descripciones que dan las ciencias, muy detalladas, muy técnicas, pero superficiales en el sentido de no responder a la pregunta de ¿por qué es así?, o puede sentirse ya no una inquietud, sino un verdadero desasosiego, una imposibilidad de aceptar las cosas tal como se presentan, como parecen ser.

Dependiendo del grado de inquietud, porque en las personas, tan diversas como somos, encontramos todo el abanico de inquietudes hacia cualquier tema, desde la indiferencia total hasta la dedicación absoluta e  incluso la obsesión, dependiendo de ese grado, la persona puede ser una simple lectora con cierta curiosidad, o puede ser alguien que se involucra y practica yoga, tai-chi, meditación, y esto en diversos grados, desde prácticas esporádicas buscando un bienestar hasta hacer de la práctica un modo de vida.  Es esta inquietud la que motiva a la persona a sumergirse en ella misma, en una interioridad desconocida, pues no ha sido explorada anteriormente, al contrario, ha sido más bien ignorada. Y al explorarla puede ser que se muevan cosas, que caigan ideas preconcebidas, ideas sobre el mundo y sobre la persona misma, sobre su autoimágen, su propio concepto de sí misma. Es una exploración de terreno desconocido que puede cambiarte de raíz, y lo desconocido y los cambios profundos siempre asustan, por ello, explorar a fondo la propia interioridad exige valor y determinación, demanda constancia y una buena motivación para seguir adelante. 

La mayoría de personas interesadas en cultivar la interioridad se quedan en la superficie, como esos niños que vemos en las playas que se sumergen en el agua poco profunda con un tubo para respirar, y van observando el fondo, a sólo un metro de profundidad. Si entraran mar adentro, verían que ahí, debajo de la superficie, hay todo un mundo inmenso por descubrir, no exento de peligros, de una extensión y profundidad increíbles. Pero para explorarlo hace falta un buen equipo y un entrenamiento, y por supuesto, una motivación. Este símil de la exploración submarina nos muestra otro aspecto importante de la exploración de la interioridad: cuando nos sumergimos profundamente, lo que encontramos ya no es sólo nuestra interioridad, sino la interioridad, así en general; deja de ser una exploración local, cercana, para pasar a ser global, universal: la mente profunda es idéntica en todas las personas, lo que nos diferencia es lo superficial. A gran profundidad, hay unidad. Por tanto, nuestra propia individualidad se difumina, somos parte inseparable de un todo. 

Para explorar a ese nivel de profundidad, sin miedo a lo que vas a encontrar, sin miedo a la transformación personal, radical, que te sucederá, ¿qué tipo de motivación se necesita? Poca gente llega a aventurarse tan lejos.  

Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos. Mateo 22:14
Creo que nadie será capaz de profundizar hasta perderse a uno mismo simplemente por una motivación básicamente egoísta, como por ejemplo encontrarse bien, aumentar el bienestar propio, o por satisfacer un deseo personal de conocimiento. Si tu motivación es hacerte un favor a ti mismo, de cualquiera de las muchas formas de hacerlo, en cuando llegas a un nivel tan profundo que el "tu mismo" empieza a desvanecerse, en ese nivel te detendrás, pues, ¿qué sentido tiene proseguir hasta el punto de que el sujeto que buscaba su satisfacción desaparezca como tal sujeto? Esa será una barrera infranqueable que impedirá profundizar más. Ni siquiera la sed de saber, de conocer la realidad tal como es, creo que sea suficiente para llegar al nivel de la unidad con todo lo existente, pues ese nivel implica la desaparición del sujeto que quiere saber. 

Entonces, ¿quién será capaz de seguir profundizando incluso asumiendo el hecho de que va a perderse a sí mismo? La única motivación suficientemente poderosa para rebasar esa muralla que representa tu propia disolución es el amor, no el amor enfocado a ti mismo, sino el Amor con mayúscula. Es ese Amor el que, según la leyenda, condujo al Buda a abandonar su lujoso entorno para buscar la iluminación, pues él fue incapaz de asimilar, de aceptar, el sufrimiento de los demás, el verlos en la miseria, en la enfermedad, la vejez y la muerte, no pudo seguir viviendo como antes después de saberlo. Esta no aceptación del sufrimiento en general, no del propio sino del sufrimiento en sí, es una expresión de Amor impersonal, general, y proporciona la fuerza necesaria para profundizar en la realidad interna, oculta, y desvelarla, incluso a riesgo de dejar de ser el que creías ser: el "ego" psicológico. 

Es una no conformidad radical, la persona es incapaz de aceptar el sufrimiento ajeno; es tener una conexión con todo, unida a un querer saber el por qué. Cuando se tiene esa combinación, y además se tiene en un grado elevado, es cuando la persona se olvida de sí misma, su deseo ardiente de saber y de hacer algo al respecto será capaz de llevarla a las profundidades del Ser, y allí sabrá, y comprenderá el por qué. 



dissabte, 11 de novembre del 2017

El poder está en lo sutil, en lo invisible, no en lo visible.

El mundo exterior a la persona es lo que suele ocupar gran parte de la atención en la mayoría de nosotros, y es un exterior material, hay "cosas" ahí afuera que percibimos con nuestros sentidos. Vemos el exterior de las personas, su aspecto físico, oímos sus voces, vemos las calles, edificios, objetos grandes y pequeños, sólidos, están ahí, podemos verlos y tocarlos. Y puede parecernos que eso es todo, al menos lo más importante, lo evidente, lo material.

El mundo interior de la persona, sus emociones, sentimientos, ideas, puede ser entonces un mero reflejo automático de ese exterior sólido, un producto del contacto sensorial con el mundo externo: salimos a la calle y vemos que hace un día espléndido, por tanto sentimos una sensación de alegría; nos encontramos con esa persona especial que tanto nos atrae, sentimos entonces la excitación del encuentro, oímos en las noticias información sobre una tragedia, nos entristecemos, etc etc. Viviendo de este modo, nuestro mundo interior depende totalmente del contacto con el mundo exterior, con la realidad tangible. 

Quizá creamos que esos rayos son la electricidad, que la podemos ver, pero no es así: esa luz es la que emite el aire al ponerse incandescente, como pasa en las antiguas bombillas de incandescencia. Lo que fluye en el rayo son partículas subatómicas invisibles, los electrones, increíblemente pequeños, de hecho tanto, que se considera que ¡no tienen tamaño!  Lightning flashes during a thunderstorm. Wikipedia.

Pero si observamos con detenimiento, con afán de descubrir lo que no es evidente, ese mundo exterior sólido y tangible, si miramos qué es lo que hace que se mueva, que sea, ¿que encontramos? Por ejemplo, ¿qué es lo que hace a un día que "sea espléndido"? Pues una combinación de factores: que sea soleado, pero no demasiado caluroso, que el cielo esté despejado, el aire limpio y brillante, y que nuestro estado de ánimo nos permita percibir todo eso, pues una persona deprimida simplemente no se dará cuenta. Los factores ambientales a su vez, dependen de un delicado equilibrio de otros factores: el ángulo de inclinación de la Tierra en su órbita alrededor del Sol determina la intensidad de la luz solar, y eso determina la temperatura en la Tierra; la presencia o ausencia de nubes depende de la presión atmosférica, que a su vez depende de la circulación del aire  calentado por el Sol. La luz del Sol es el principal motor de los cambios atmosféricos, y sabemos que la luz es totalmente inmaterial.

Cuando cogemos un objeto pesado, pensamos que el objeto pesa porque "tiene mucha materia", y no es que sea falso, pero sí inexacto; ese mismo objeto en el espacio no pesa nada. Hay alguna acción sutil, inmaterial, llamada gravedad, que hace que nuestro cuerpo pese, o que un camión de gran tonelaje esté "enganchado" a la carretera con una fuerza de muchas toneladas. Vemos la luz, pero no vemos la gravedad, nadie ha conseguido aún "manejarla", sólo notamos sus efectos, y son inmensos, pues la Tierra gira en torno al Sol gracias a esa gravedad absolutamente sutil. 

Toda la realidad física que nos rodea está sujeta a la leyes de la Naturaleza, que son extremadamente precisas y sutiles. La energía eléctrica que mueve un tren de 1.000 toneladas a 200km/h es inmaterial, la vida de un árbol majestuoso depende de un delicado proceso químico, la fotosíntesis, que en sí combina moléculas, "cosas" increíblemente pequeñas, usando también energía eléctrica y la luz del Sol; si ese proceso se detuviera o simplemente se alterara mínimamente, el majestuoso árbol decaería inmediatamente y moriría. Nuestros sentidos, con los que nos comunicamos con el mundo, dependen de procesos muy exactos y también inmateriales.  

Volvamos al nuestro mundo interior. Es un mundo evidentemente sutil, inmaterial; si depende en buen grado de nuestro contacto con el mundo externo, de hecho, de forma indirecta, está también dependiendo de todos esos factores sutiles que mueven ese exterior.  Supongamos que, en buena medida, nos identificamos con nuestro mundo interior, con nuestra experiencia vital íntima; entonces nosotros mismos somos sutileza, inmaterialidad, que se conecta con la sutileza de la Naturaleza a través de lo que llamamos mundo material, del que nuestro propio cuerpo forma parte. Entonces los objetos materiales son sólo medios de expresión de lo sutil que subyace en ellos, y que los impulsa, incluso los crea y mantiene. Y nuestro cuerpo es también expresión de lo sutil, tanto a nivel bioquímico como a nivel de comportamiento. Esquemáticamente:

El mundo exterior, cuando trabajamos nuestra interioridad, incluye a nuestro cuerpo, y en parte a nuestra personalidad. Nuestro mundo interior, inmaterial, se relaciona directamente con el exterior, el cual a su vez se mueve y se mantiene por la acción de las fuerzas y leyes de la Naturaleza, de por sí también inmateriales.


Intentemos llegar aún más lejos. En el mundo físico sabemos que hay fuerzas sutiles, como la luz, la gravedad y la electricidad, que en última instancia dinamizan y mantienen todo funcionando; esas fuerzas sutiles siguen escrupulosamente una leyes que definen su comportamiento, y no se apartan de esas leyes ni un milímetro, jamás. Cualquier mínima desviación de alguna ley de la Naturaleza produciría una cataśtrofe colosal; por ejemplo, si la gravedad de repente se volviera un 1% más fuerte o más débil, ¡se desestabilizaría  el Universo!, o si variáramos la fuerza eléctrica en esa cantidad, ¡se colapsaría la materia!". Podemos pensar que hay otra "cosa" aún más sutil que todas las fuerzas inmateriales de la Naturaleza, y esa cosa  es su equilibrio preciso y mantenido, el hecho de ser tan exactas, y tan constantes (se sabe que han permanecido así desde que se creó el Universo) es de una sutileza aún mayor que las propias fuerzas.  

¿Cuál es la diferencia entre un estado depresivo y un estado de felicidad? ¿Es algo tangible? Los pensamientos, ¿son tangibles? Un neurocientífico nos dirá que los pensamientos son conexiones eléctricas entre neuronas, y por tanto nos volvemos a encontrar con sutilezas a nivel físico: electricidad y células increíblemente pequeñas (tenemos casi cien mil millones de neuronas en el cerebro). Pero aún hay más sutileza en nuestra interioridad: un cambio de actitud, un "darse cuenta" de la corriente de pensamientos negativos que nos invade, es de una sutileza mayor que los propios pensamientos, y cuando practicamos meditación, aprendemos a distanciarnos, esto es, a apartar de nuestra atención, de nuestra conciencia, las emociones y pensamientos negativos; ¿que hay más sutil que ese "darse cuenta de que estas pensando", o de esa conciencia simple de ser que experimentas? Y no obstante, ese nivel tan sutil es el que marca la diferencia, pues al darnos cuenta conocemos, y a partir de ahí, podemos actuar con conocimiento, podemos cambiar nuestro comportamiento en el mundo externo.

Mirando todo esto atentamente, podremos llegar a la convicción de que de hecho el mundo concreto, material, se mantiene y se mueve gracias a fuerzas absolutamente inmateriales y sutiles, y que esto se aplica tanto al exterior, como a nosotros mismos. Por ello, ignorar este mundo sutil, no atenderlo, es vivir como un autómata, arrastrado inconscientemente por las fuerzas invisibles que lo mueven todo, tanto si nos damos cuenta de ello como si no.




dijous, 21 de setembre del 2017

Trascendencia: qué es, dificultades, advertencias y oportunidades que nos aporta

Nuestro marco mental por el que nos guiamos

Todos tenemos ideas, opiniones, esquemas mentales, sobre lo que nos rodea, sobre nuestra vida y todo lo que contiene; es natural en la especie humana formarse conceptos, proyectos, sueños, tener ideales, etc. El proceso de crear todo ese marco mental empieza desde muy temprano en nuestra vida, y no se detiene, en todo caso se ralentiza en la vejez. Y ese marco mental nos es necesario para guiarnos en la vida, para tomar decisiones, para emprender viajes vitales, embarcarnos en proyectos, arriesgarnos. 

Pero por otro lado, si lo miramos reflexivamente, veremos que ese funcionamiento nuestro, natural como es, tiene sus limitaciones, sus defectos; seguramente todos habremos oído hablar de "salir de tu zona de confort", o de "reinventarte a ti mismo", aludiendo precisamente a salir de un esquema mental que te está limitando, uno que estabas siguiendo, por el que te guiabas, con un resultado poco satisfactorio. Y es que todo esquema mental, al estar formado por ideas, las cuales no son verdades absolutas sino siempre relativas, puede cambiarse, flexibilizarse, adaptarse a realidades cambiantes; en parte eso es lo que hacen los coach, hacerte reflexionar acerca de ti mismo, de lo que realmente te motiva en profundidad, para desde ahí reajustar tu marco mental, reorientándolo. 

Trascendencia

Pero este blog no se dedica al coaching o a la psicología positiva, sino más bien a la trascendencia del estado mental habitual a través de la relajación, la meditación y el mindfulness. La trascendencia no trata de cambiar marcos mentales, sino de adquirir un punto de vista más elevado, con más amplitud, desde el cual observas todas las ideas con desapego, de forma ecuánime, sin identificarse con ninguna de ellas. No buscamos un marco mental óptimo para triunfar en el trabajo, o en nuestras metas personales, al contrario, soltamos, aflojamos nuestro aferrarnos a ideas, y quedamos en libertad, desligados de cualquier idea, ideología, visión concreta. 

http://viajerosreverdes.com/estambul-desde-el-tejado/
Para poner un ejemplo simple: dos personas que viven en la misma calle trabajan en la misma empresa, y las dos van andando al trabajo, pero no siguen la misma ruta, cada uno ha escogido, por preferencia personal, un trazado distinto entre las calles. A veces coinciden al salir de casa, y van juntos hasta el trabajo, y o bien uno de ellos sigue al otro, o hacen un camino mixto; la persona a la que le toca cambiar su ruta se siente un punto incómoda, pues no es su ruta natural, aunque no es que una sea "mejor" que la otra, es una cuestión "personal". Este es un ejemplo simple de marcos mentales con los que esas personas, inconscientemente, están identificadas, es parte de su zona de confort. La trascendencia en este caso podría consistir en subir un día al tejado de su casa, desde esa altura observar la zona, observar los trazados, y ver que hay muchísimas posibilidades, todas con sus pros y sus contras, y que en última instancia, es totalmente intrascendente el escoger una u otra, que no tiene sentido el apegarse a alguna de ellas, sueltas ese apego psicológico no porque quieras apegarte a otro trazado mejor, de hecho no quieres nada en concreto, simplemente ves con claridad, desde la altura del tejado,  que la elección es intrascendente.

 
¿Es deseable tal estado? ¿Podemos realmente vivir de ese modo, sin un marco mental propio que nos guíe en la vida?

Dificultades y advertencias

http://minutoaminutoblog.blogspot.com.es/2014/10/otono.html
En realidad con la trascendencia pasa un poco como con el coaching y su abandono de la zona de confort, sólo que es mucho más radical: no sólo sales de tu zona, es que además no entras en ninguna otra zona, dejas de tener "zonas". Es como un salto al vacío. Si ya el salir de una zona mental a la que te has habituado para entrar en otra presenta dificultades en la forma de resistencias psicológicas y miedo a lo desconocido, miedo al cambio, podemos imaginar lo que se siente al saltar a la "nada", al soltarlo todo.


Detrás de cada apego psicológico hay una cierta cantidad de identificación personal: creemos ser eso a lo que nos apegamos. Si somos lo que hacemos y pensamos, entonces somos nuestro marco mental, que es lo que pensamos y nos guía en nuestras decisiones, opiniones y en nuestro hacer. Por tanto, cualquier cambio importante en ese marco mental lo vivimos como un profundo cambio personal, de nuestra propia identidad, que cambia, dejamos de ser de una forma para pasar a ser de otra forma. Estos cambios de uno mismo siempre son un poco, bastante, o muy traumáticos, pues se está disolviendo una parte más o menos importante de lo que éramos. 

En la trascendencia de todos los marcos mentales, que pasan a verse como relativos, soltamos también toda identificación con ellos, en mayor o menor grado, pues la trascendencia también tiene grados, siendo muy poco usual que una persona haya trascendido al 100% todos los marcos mentales. En todo caso, al trascender las ideas, se trascienden también las identificaciones, y es un proceso que puede ser especialmente duro, al menos al principio, pues sientes que tu propio yo se debilita, se disuelve, ese yo compuesto de ideas, opiniones, tendencias, ideales, sueños, todo eso, se ve en perspectiva, se suelta, se afloja, y hay una vivencia de disolución de uno mismo. 

Es un proceso que nunca ha de emprenderse a menos que se sienta la verdadera necesidad de hacerlo; y la única manera de sentir esa necesidad de desprendimiento total es a través del deseo de conocer la realidad tal como es, incluso a ese precio de perderse a uno mismo. Porque la realidad en sí misma es trascendente, no puede conocerse estando limitado, cerrado, dentro de un marco mental personal determinado. Cuando en la persona se despierta esa necesidad, ese anhelo de saber, de vivir la realidad total, esa fuerza es tan grande que es capaz de arrasar con todo lo que antes se vivía, que era una realidad parcial, nuestro pequeño mundo personal. 

Oportunidades que nos aporta la trascendencia

Incluso nuestros ideales y sueños más nobles y bellos, aquellos que parece que son tan correctos, siendo personales, son trascendidos; ¿creíamos que nuestra profesión nos haría felices, realizados? ¿que seguir nuestra vocación era el ideal? ¿que formar una familia unida, feliz, amorosa, era nuestra meta? ¿quizás llegar a destacar en algún deporte? ¿tener muchos amigos? ¿vivir en una sociedad justa? ¿cambiar el "sistema" por uno más justo y equilibrado, más respetuoso con la Naturaleza? ¿tratar mejor a nuestros compañeros los animales? Todo eso son marcos mentales, son parcialmente ciertos, y por ello, al identificarnos con ellos, nos limitan. La trascendencia la podemos ver como un centramiento, como estar en una posición central, equidistante a todo, desde la que vemos todo eso con ecuanimidad, con desapego, pero también con empatía y tolerancia. 

Desde esa posición central comprendemos en profundidad todos los planteamientos posibles, y tenemos la oportunidad de actuar como moderadores de todos ellos. Pues el sufrimiento humano es en buena medida producido por el choque entre la realidad y nuestros marcos mentales: cuando lo que creemos, lo que queremos, y con lo que nos identificamos, no coincide con lo que nos sucede, al estar rígidamente apegados a nuestras creencias, nos hace sufrir. Por eso la práctica de mindfulness, por ejemplo, disminuye el sufrimiento, ya que nos hace actuar como observadores sin juicio de lo que sucede, tanto fuera como en nosotros mismos; también la relajación vivencial, cuando se practica en profundidad (física, emocional y mental) ayuda a soltar todas las ataduras con nuestras ideas, y de hecho cualquier tipo de meditación va en esa misma dirección. 

Es importante destacar que ahora no estamos hablando de una trascendencia "mística", para monjes o monjas, ni siquiera de espiritualidad, en absoluto; estamos  a nivel absolutamente práctico, "tocando el suelo, aterrizados" como le gusta decir al experto en mindfulness Fernando Tobías, es una trascendencia de la que estamos muy necesitados, pues el apego extremo a posiciones mentales personales está produciendo mucho sufrimiento en la forma de infelicidad, frustración y angustia crónica, depresión, suicidio, enfrentamientos entre familiares, entre sectores sociales, entre países ... No es ninguna exageración, algunos datos: ¿sabe el lector que oficialmente, en España se registraron 3.602 muertes por suicidio en 2015? (fuente) ¿Que es, con mucha diferencia, la principal causa de muerte no natural? A pesar de que no suele informarse de este hecho en los medios, es así. La sociedad está muy atenta a las muertes en carretera, de esas sí nos informan constantemente, y eso que no llegan ni a  la mitad de las causadas por suicidios, (1690 muertes en 2015). Y eso que en España estamos en la franja baja de tasa de suicidios, que es bastante mayor en otros países: en España hay 8,14 suicidios por cada 100.000 habitantes, más que en Italia (5,19), pero muchísimos menos que en Bélgica (17,27), que en Alemania (11,79), que en Francia (15,47) o que en Finlandia (16,36) (fuente).

http://www.fronterad.com/?q=bitacoras/cristinavallejo/suicidio-enfermedad-social-mediana-edad

Todos esos suicidios, absolutamente todos, están en el fondo causados por una imposibilidad de la persona de aceptar y adaptarse a una realidad que choca frontalmente con su marco mental, con sus deseos, opiniones e ideas de "como deberían ser las cosas". ¿Y qué decir de la depresión en sus múltiples manifestaciones? ¿Esta enterado el lector que es un problema de salud pública de primera magnitud, afectando a unos 300 millones de personas en el mundo (fuente)? ¿O quizás sí que sabe el lector que se cree que los trastornos de ansiedad crónica serán sufridos por más de un 20% de las personas en algún momento de su vida, de las que aproximadamente un 9 % desarrollarán un trastorno de pánico (fuente)? Estamos ante una necesidad social urgente: la de trascender nuestros marcos mentales, al menos hasta cierto saludable punto.

Así que la recompensa al posible desasosiego temporal producido por el abandono de cualquier posición mental rígida, a ese soltar identificaciones mentales, es el logro de la ecuanimidad de mente, la estabilidad mental y emocional, la visión centrada de la realidad, el desapego y la desidentificación, que nos llevan a ir más ligeros por la vida, y a una disminución del sufrimiento causado por las "adversidades" de la vida, de la realidad. Como hemos comentado antes, no es necesario llegar al 100% de trascendencia para experimentar esos beneficios; la mayoría de las personas se situarán en un grado intermedio: todavía mantienen marcos mentales que les son útiles para su vida, pero al mismo tiempo han conseguido un cierto grado de trascendencia, de forma que su apego no es muy fuerte, son por tanto adaptables, flexibles, saben que no deben aferrarse a posiciones mentales rígidas, fluyen con las situaciones y adaptan sus marcos mentales a esa realidad cambiante. Tanto si practicamos seriamente relajación como cualquier tipo de meditación estaremos promoviendo el establecimiento de ese estado de trascendencia, hasta el grado en el que nos sintamos cómodos, nunca hay que forzar más allá.

dilluns, 17 de juliol del 2017

Trascender la mente a través del amor incondicional



En toda tradición espiritual podemos decir que hay dos grandes caminos de realización de la persona, de trascendencia, con infinidad de variantes: la del control mental y la del desarrollo del amor incondicional. Si se trabajan ambas a la vez el progreso será más rápido, de hecho no es posible trabajar un camino exclusivamente, siempre avanzaremos por los dos, con predominancia de uno de ellos. Por ejemplo practicar mindfulness debe ir acompañado de la práctica de la compasión, de otro modo podemos caer en la banalización, recordemos que, por ejemplo, un francotirador tiene una alta capacidad de concentración mental y no podemos decir de él que sea un ejemplo de trascendencia. Por otro lado un místico que experimente arrebatos de amor-felicidad sin entender lo que le está pasando no podrá integrar sus experiencias en su vivir, y estará sujeto a ciclos de sufrimiento (incluso más intensos) y de felicidad. 
Eknath Easwaran, fue un profesor de meditación
que trabajó simultáneamente el control
de la mente y el amor incondicional,
se veía claramente en su mirada.


En lo que sigue describimos un camino de realización desarrollando amor incondicional de forma inteligente, lo veremos a través de un relato novelado, que vamos comentando: nuestro personaje vive diversos desengaños amorosos que utiliza para “despertar”, lo que consigue finalmente. Hay un desarrollo progresivo de la capacidad de amar, pero que al mismo tiempo se logra abriendo la mente a realidades cada vez más sutiles. Tal como decíamos, ha de ser así, la mente siempre ha de hacer su trabajo de descubrimiento, sólo que en esta forma de realización no es necesario entrenarla explícitamente, sólo hay que estar muy atento a lo que se vive, a las vivencias, y tener una voluntard de entender por que pasa el que pasa.



1.Viendo claramente que mi deseo por ti te alejaba de mi,

pues quien no quiere dar lo que le pides, suele huir de ti,

y por tanto el deseo consigue lo contrario del que buscaba,

porque que el deseo ajeno cierra la mente del que no quiere dar,

y esa mente cerrada es impermeable a todo tipo de amor,

viendo eso claramente, que el deseo puede matar el amor,

dejé de desear, todo deseo personal se extinguió en mí,

y tuve que aprender a vivir sin deseo.

Somos lo que pensamos, no sólo a nivel superficial, sino sobre todo a nivel profundo, de creencias, incluyendo el inconsciente: así pensamos, así nos comportamos, así vemos y vivimos la realidad. Es difícil cambiar lo que somos, o sea lo que pensamos, pues la Naturaleza busca una estabilidad, necesaria para mantener la vida, para la supervivencia. Pero al mismo tiempo la propia Naturaleza dispone de otra fuerza formidable, la evolución y la adaptación al entorno. Por eso, cuando nos damos cuenta de algo nuevo, cuando lo vivimos profundamente, nuestra visión de la realidad cambia, y cambiamos también nosotros: evolucionamos, nos adaptamos. Aunque creamos lo contrario, no hay límites para estos cambios, podemos cambiar totalmente, siempre que nuestra mente se mantenga abierta, intentando captar la realidad.

Creemos, en general, que el deseo es necesario para la vida, que no se puede vivir sin deseo; y hasta cierto punto es cierto: la vida no puede ser igual sin deseo, la persona debe soltar un modo de ser, y aprender a vivir “en directo”, en cada momento, sin desear nada que no tenga ya. Aprender a disfrutar de los placeres de la vida sin desearlos, sin quedar atado por ellos, esperando que se vuelvan a repetir una y otra vez. Es vivir con más libertad. Y sigues esforzándote, buscando cumplir unos objetivos, pero no porque los desees, sino porque ves esos objetivos como buenos, como correctos, beneficiosos, pero no sientes la emoción del deseo, en su lugar sientes un impulso a actuar en una dirección que ves como correcta, se vive muy distinto.

2. Noté entonces que, incluso sin deseo, todavía podía sentir atracción por algo,

eso me sorprendió, al principio, ¿como podía ser? ya no tengo deseos ...

entonces aprendí, vi, que la atracción precede al deseo, son emociones distintas,

la atracción sólo te informa de que ahí hay algo que puede ser valioso, interesante,

el deseo por lo que te atrae ata tu mente a ello, la atracción no.


La atracción es una emoción informativa, lleva la atención sobre algo que percibes como útil, interesante, importante. Si funcionamos, como persona, de forma reactiva, instintiva, inconsciente, de forma natural la atracción generará un deseo de poseer lo que nos atrae, excepto si a la vez percibimos que lo que nos atrae puede ser contraproducente, produciendo en nosotros un conflicto de intereses, que se resolverá más o menos inconscientemente, por ejemplo reprimiendo el deseo, o todo lo contrario, seguirlo y correr el riesgo de salir dañados.

Cuando estás libre de deseo, la atracción sólo es información, la percibes, la consideras, y decides que hacer. Es muy distinto decidir qué hacer que dejarse llevar por la atracción o reprimirla: tienes una libertad de decidir qué hacer, estas plenamente consciente de tu decisión; en cambio cuando el deseo se genera automáticamente a partir de una atracción, tú no has decidido nada, los mecanismos cerebrales automáticos lo hacen por ti: “eso que te atrae es interesante, por tanto, ves a por ello, es deseable”. Al estar más consciente, casi toda la atracción que aparece la dejas pasar sin hacer nada con ella, pues realmente ves que no vale la pena movilizar tus recursos. Agradeces la información, pero no te obliga a nada.

3. Más tarde conocí a alguien por quien sentí una atracción,

sin sentir deseo alguno, viendo la atracción, decidí que era una persona interesante,

busqué su compañía, y con el tiempo desarrollé por ella un gran afecto,

y ese gran afecto me llevó a esperar, a anhelar cada nuevo encuentro,

volví a quedar en un estado de duda, de no entender lo que pasaba,

¿quizá el deseo había vuelto a mí, por la puerta trasera del afecto?

ese anhelo del feliz encuentro, ¿era deseo? ¿o era amor? ¿son lo mismo?

Una de las facetas del amor es la unión, una fuerza de atracción que lleva a estar, a fundirse, con lo amado. Aunque frecuentemente se confunde esta atracción con el deseo, no son lo mismo. Cuando una madre despide a un hijo que se va a un largo viaje, en cuanto llega a casa ya lo echa de menos. Este “echar de menos“ es amor, es la atracción del amor, el querer estar con la persona amada, y es de un orden distinto que el deseo en general. Aunque en el fondo, muy en el fondo, sí tienen un origen común: buscar y encontrar la felicidad. El deseo es más instintivo, más al nivel de supervivencia, deseamos más o menos inconscientemente lo que percibimos o creemos que será bueno para nosotros, buscando un bienestar, una felicidad. El echar de menos a la persona amada está más directamente relacionado con la unión-amor-felicidad, es una faceta del amor, no hay necesidad de conseguir nada, simplemente la presencia de la persona amada te hace feliz. No es un deseo automático nacido de una atracción también automática, al contrario, amas muy conscientemente, y ese amor genera un fuerza de atracción hacia lo amado. Pero esto no suele verse fácilmente.

4. Notaste mi anhelo por estar contigo, lo malinterpretaste como deseo,

y temiendo quedar atada por él, queriendo cuidar de tu preciada libertad,

te alejaste, cerraste tu mente a tu propio afecto por mi, lo negaste,

y viendo entonces que mi amor se quedaba huérfano, sin objeto al que aferrarse,

me di cuenta de que era mi amor, era mío, estaba en mí,

y siendo mío, no podías quitármelo, negármelo, de hecho nadie podía,

así que decidí quedármelo, mi afecto no se extinguió, sino que quedó libre,

está conmigo sin necesidad de objeto concreto, yo soy mi afecto, y mi afecto soy yo,

y soy libre de vivirlo con alguien o sin alguien, sin condiciones.

Lo que sucede es que la persona que no ha trabajado su interioridad, que todavía mantiene muchos mecanismos psicológicos inconscientes, es un auténtico lío, una mezcla enrevesada de creencias, atracciones y deseos inconscientes o semi-conscientes, y al mismo tiempo vivencias más elevadas de amor-felicidad, todo ello a la vez. Esto genera mucha confusión. Una de ellas, típica, es confundir el sentir amor por alguien con “atarse” a ese alguien, y para evitar ataduras, por miedo, alejarse de la persona, cerrando la mente al amor; como hemos visto las ataduras las genera el deseo, no el amor. Es el deseo el que ata. El amor genera, como hemos visto, anhelo de estar con lo amado, aunque en muchas personas ese anhelo puede mezclarse con deseo, debido al lío que tiene le persona que no se conoce a sí misma. Pero puedes amar intensamente sin deseo, y anhelar intensamente estar con la persona amada, sin sentir deseo alguno, algo que quizá no se verá a primera vista, por las creencias en sentido contrario, pero es un hecho rigurosamente cierto y documentado.

Además, la vivencia del amor puede evolucionar hasta ser vivida en sí misma, sin objeto concreto; la persona descubre su capacidad de amar, de afecto, más allá de cualquier objeto externo. Cuando se descubre esa capacidad propia, más tarde o más temprano se da el siguiente paso: si esa capacidad existe permanentemente en mi, sin necesitar nada externo que la alimente, que la estimule, entonces es que es parte intrínseca de mi mismo, yo soy esa capacidad de amar. Se llega en ese momento al amor y la felicidad incondicional, pues no se necesita tener cumplimentadas ningunas “condiciones especiales” para amar, se es amor, intrínsecamente, y nada ni nadie puede cambiar esa realidad que se es,

5. Viendo tu progresivo distanciamiento,

viendo como convertías tu antiguo afecto por mi primero en desafecto,

más tarde en desdén, viendo la frialdad en tu mirada, tan cálida antes,

viendo como el afecto queda ahogado, tapado, por la mente,

empeñada en eliminar lo que cree que es dañino para ella,

oh! matar a conciencia un afecto, por fuerza de voluntad,

oh! ver una mirada fría donde antes hubo calidez,

a quien ama incondicionalmente casi un crimen le parece,

yo no quiero caer nunca en tal cruel acción, ahogar mi amor,

así que nunca dejaré que mi mente mande sobre mi corazón,

al contrario, la mente ha de estar al servicio del corazón,

ya lo dicen las antiguas escrituras,

la mente es un poderoso servidor, pero un cruel amo,

por ello, trabaja sin descanso para dominar tu mente, no te dejes dominar por ella”.


Cuando te has identificado con el amor que eres, no puedes seguir identificándote, simultáneamente, con tu mente. Pues la mente no es amor, la mente es una energía neutra, organizadora de la realidad, capaz de percibir, de crear, es un instrumento formidable, pero si te identificas con tu instrumento, estás perdido, literalmente. La mente, al ser en sí neutra, puede igualmente generar pensamientos de amor o de odio, exaltados o miserables. Una creencia, que siempre contiene una verdad pero parcial, o muy parcial, cuando te identificas con ella te puede llevar a cometer barbaridades, como vemos cada día en las noticias. El entrenamiento mental, como la meditación, o la práctica de mindfulness, tan de moda, son útiles para controlar la mente y no ser controlados por ella. Otro camino es el que hemos mostrado aquí: la vía del amor incondicional, que nos lleva a identificarnos con el amor, y a liberarnos de la confusión de creer que somos lo que pensamos. Entonces podemos poner la mente al servicio del amor, y amar incondicionalmente y al mismo tiempo inteligentemente. Eso resuelve todos, absolutamente todos, los problemas de la persona, y la convierte en un instrumento para el bien de los demás. 

divendres, 2 de juny del 2017

Un cuento breve

Los cuentos son muy útiles para abrir la mente, de forma metafórica, subliminal, a verdades que pueden pasar desapercibidas cuando estamos situados, como es habitual, en nuestro nivel mental analítico. Con este cuento sobre un peregrinaje, intentamos mostrar una búsqueda que mucha gente está realizando toda su vida, muchas veces de forma inconsciente. Al final del artículo, desvelamos la metáfora oculta en el relato.



Hace mucho tiempo, en una generación antigua, en un distante país montañoso, existía la costumbre de peregrinar a lo largo de un camino que recorría todo el país. De trecho en trecho, una vez aquí, otra vez allí, el peregrino iba encontrando fuentes donde saciar la sed, sólo que esas fuentes eran muy irregulares en su obsequiar con la anhelada agua al cansado caminante; sucedía a menudo encontrarse con fuentes de las que sólo podías beber gota a gota, otras eran más generosas, pero el refrescante chorro no solía durar demasiado, pasando de repente a ser un mero goteo o incluso una ausencia total de agua. 

Alto de La Cruz de Fuentes
Rutas de Cantabria
senderismocantabria.wordpress.com

Siendo así, encontrabas peregrinos que, al encontrar una buena fuente, habían dejado de andar, por miedo a no encontrar otra más allá en el camino. Algunas de esas fuentes habían sido generosas en el pasado, pero ahora ya no;  se veía a algunos peregrinos aferrados a esas fuentes que sólo les obsequiaban con un lento goteo, y les veías sedientos, casi deshidratados, aprovechando hasta la última gota de la fuente, y no seguían su camino ya que pensaban "mejor esta escasez que la ausencia total de agua que puedo encontrar si sigo adelante, al menos no muero de sed; además, esta fuente fue generosa conmigo en un pasado no tan lejano, por lo que es posible que algún día el agua vuelva a brotar con fuerza, tal como recuerdo que así fue".

Uno de esos peregrinos, ya con muchos  meses de peregrinaje en sus piernas, había tenido todas esas experiencias en diversas ocasiones: fuentes caudalosas que se habían secado por completo, se había aferrado a fuentes casi secas con vanas esperanzas hasta que se cansó de esperar y siguió su camino, largas caminatas sin encontrar más que fuentes secas, todo eso lo había ya vivido. Y sucedía que llevaba ya muchas horas caminando sin encontrar agua, padeciendo esa sed que había sido casi una constante desde que empezó su peregrinaje, mucho tiempo atrás. Su mente frecuentemente retrocedía en el tiempo, recordando las mejores fuentes que había encontrado en su camino, cada una había sido especial, el sabor del agua era distinto en cada sitio, pero siempre exquisito, tal como sabe el agua fresca al sediento, no hay mejor placer que saciar la sed cuando realmente se padece sed.

Ese peregrino experimentado llegó a otra fuente, y comprobó que sólo manaban algunas gotas intermitentes. Tuvo un momento de desesperación, de rendición y de gran cansancio, pero entonces sus sentidos, aguzados por los largos meses de solitario peregrinaje en las montañas, captaron un murmullo lejano, muy tenue; cerró los ojos y se concentró en él, no fuera que su imaginación le estuviera engañando. Y al concentrarse más en aquel murmullo tan lejano, lo captó más claramente, e incluso su olfato pareció que detectaba el frescor del agua que el viento transportaba, desde algún sitio lejano. De hecho, se dio cuenta de que ya había percibido ese murmullo tiempo atrás, mientras caminaba, pero no le había prestado más atención. Convencido de que estaba notando la presencia de agua, se esforzó en sentir de donde venían las sensaciones, y notó que venían de las montañas, pero no en el trayecto del camino, sino más arriba, hacia las cumbres. Vaciló un momento, pues salirse del camino era entrar en lo desconocido, pero su sed, su anhelo de agua, y sus aguzados sentidos, todo junto, le decidieron a salirse del camino. 

Avanzó pues campo a través, y a medida que avanzaba, el terreno se veía más húmedo, y el murmullo lejano se hacía un poco, pero solo un poco, más audible. Al cabo de un rato el peregrino tuvo miedo de perderse en la montaña, de no encontrar la anhelada agua, y de perecer, así que volvió a su mente la última fuente que había encontrado, y su escaso pero constante goteo, que ahora le parecía más deseable que nunca. Así que presa del miedo dio media vuelta y volvió al camino, y a la paupérrima fuente. Mientras apuraba gota a gota de agua, sintió pena de sí mismo, pensando "pobre de mí, he vuelto a caer en aferrarme a este misérrimo goteo que me permite vivir, pero manteniéndome siempre sediento, y temeroso de no recibir nada si me alejo, buscando saciar mi sed por completo". Y al verse a sí mismo de esa manera, comprendió que no iba a seguir más ese camino, que pasara lo que pasara, su camino iba a ser otro. Y se decidió firmemente a no ceder más por miedo, o por pereza, o por conformismo, o por una falsa esperanza de que las cosas cambiaran y de repente abundara al agua en todas las fuentes de forma permanente. 

Volvió a alejarse del camino, algunos peregrinos lo vieron adentrarse en el bosque, y le llamaron, avisándole de que no se alejara, que se perdería y de buen seguro perecería, pero no les hizo caso, y le tomaron por loco. A medida que se adentraba en el húmedo bosque la sensación de frescor, de humedad, le tonificaba, aunque todavía tenia ansias de beber agua. Y llegó a un remanso donde había una pequeña balsa natural con agua cristalina, a donde sin pensarlo dos veces se lanzó literalmente, bebiendo, refrescándose, experimentando un gozo que nunca había sentido. Tuvo entonces el pensamiento de quedarse allí, de abandonar su caminar; pero él aún era un peregrino, y sus sentidos detectaban el murmullo de una corriente que ahora no estaba tan lejana. Y supo en ese instante que toda la agua de todas las fuentes del camino que había dejado atrás procedía, a través de la tierra, de ese río de montaña del que todavía estaba lejos, pero ya no tanto como antes. Y que esa balsa en la que se bañaba también estaba llena gracias a ese mismo río, que era la fuente de todas las fuentes, sin  limitaciones, constante. Así que con espíritu de peregrino, decidió seguir adelante, hasta llegar al origen de todo el agua, y el final definitivo de toda sed.


En este cuento el agua simboliza el amor, en todas sus manifestaciones, familiar, de pareja, amistad, ideales, ...  Todos somos peregrinos en el camino de la vida, aunque a menudo nos paramos, dejamos de avanzar, por varios motivos, como puede ser el conformismo o el miedo a salir perdiendo, nos quedamos en zonas de confort que frecuentemente son, de hecho,  de bastante poco confort. Las diversas fuentes simbolizan el amor que recibimos del exterior, que es inconstante, variable, dependiendo de las circunstancias;  por este motivo hay tanto conformismo, un cesar de buscar lo realmente valioso, creyendo que es un ideal inalcanzable, nos quedamos al lado de esa fuente, apegados, sin energías para saciar de verdad nuestra sed, o vamos saltando de fuente en fuente, buscando un poco más. Hace falta valor para adentrarse en terreno desconocido, alejarse del camino trillado, para buscar la fuente última, que es el Ser, de donde brota todo amor y todo ser concreto. El Ser se realiza en nuestra mente individual a través de la meditación. Siempre está disponible, sólo hay que ir a buscarlo.