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diumenge, 22 de setembre del 2019

De la conciencia intelectual a la contemplativa, inocente, gozosa

Corcheras, delimitan los carriles
Rutina de entreno
Los sábados por la tarde suelo ir a nadar; una actividad placentera, pero también monótona que practico desde muy joven, cuando lo hacía a nivel de competición. Hasta hace años mi mente estaba muy atenta al cronómetro, comprobando los tiempos que empleaba en cada largo, y los acumulados, teniendo en cuenta los diferentes estilos que iba empleando; si los tiempos eran "buenos" me decía a mi mismo "vas bien, vas bien" como si fuera mi propio entrenador, y cuando estaban por debajo de lo esperado, me molestaba ligeramente, y tenía que decirme a mí mismo "todo el mundo tiene un mal día, no te preocupes, el próximo día lo harás mejor". Y todo este control, y esta evaluación continua no tenía ningún motivo, pues ya no competía, iba a nadar simplemente para estar en buena forma, pero mi mente estaba acostumbrada a ser así, competitiva, exigente, controladora. Todo el entorno de la piscina, las corcheras, los sonidos, los colores, todo eso estaba ahí pero mi atención estaba absorbida por los tiempos, los ritmos y cadencias de brazos y piernas, por mi rutina de entreno.

En los últimos años la práctica diaria de la meditación ha relajado ese estado de control exigente, actualmente me dan igual los tiempos invertidos, en realidad ni los miro, sólo miro el tiempo total, 30 minutos, pero sin importarme los metros totales cubiertos; soy coherente con mi motivación para nadar: cuidar el cuerpo y relajar la mente, en cada largo voy poniendo mi atención en las sensaciones que me proporciona el cuerpo al avanzar en el agua, en las imágenes que voy viendo conforme mi cabeza entra y sale del agua, girando a un lado y al otro, en los sonidos que oigo del entorno, con todo ese abanico sensorial la mente está ocupada observando y no piensa nada, y así el ejercicio de nadar se convierte en una especie de Yoga. 

Reflejos de luz en la piscina
El sábado pasado me encontraba en un estado mental particularmente tranquilo antes de empezar a nadar. Como consecuencia, nadé más lento que de costumbre, y más atento a lo que me llegaba de los sentidos, disfruté aún más de las sensaciones. En el último largo nadé muy despacio, y de repente vi esas luces centelleantes en el fondo de la piscina, que son reflejo de la luz de los focos en el techo, y centellean debido al movimiento del agua producido por los nadadores; lo he visto miles de veces, pero esa vez lo observé con plena atención, o quizá deberíamos decirlo al revés, gracias a que estaba en un estado de calma mental pero con atención plena, me di cuenta de la belleza de esos reflejos. Este es el punto: ya los conocía de hace muchos años, pero era incapaz de volver a captar su belleza como hice de niño, la primera vez que los vi. En la medida que nuestra atención está plenamente absorbida por nuestra actividad intelectual, mental, somos más incapaces de captar la belleza que nos rodea, la damos por ya vista, por conocida. Pero la belleza no es para conocerla, es para observarla y gozarla

Bloque salida
Cuerda
A partir de ahí actué como un niño; dejé de nadar y me quedé flotando, aguantando la respiración para poder observar los reflejos; incluso me sumergí, buceando, para verlo más de cerca. Pronto mi atención se dio cuenta de la belleza de los azulejos del fondo, de ahí pasé a mirar la superficie del agua desde debajo de ella, vi las corcheras flotando sobre mí, y los nadadores pasando en un sentido y en el otro por los carriles, ahí arriba. Salí a la superficie y seguí nadando lentamente hasta llegar al bloque de salida del carril, me quedé observándolo como si fuera la primera vez que  lo veía, recordé que de niño me gustaba sujetarme a la parte más alta y subir a fuerza de brazos para a continuación, dejarme caer en el agua, así que lo repetí por primera vez en muchos años. Desde debajo dela agua me fijé entonces en las cuerdas de nailon blanco que sujetan las corcheras al borde de la piscina, me parecieron sorprendentemente bellas, como todo lo que me rodeaba.

Este estado contemplativo, muy atento a lo que te rodea, en actitud de goce, parece ser que no es compatible con nuestro estado habitual de conciencia plenamente capturada por el pensamiento racional, ese pensamiento que no se fija en lo que "ya tiene muy visto", en lo que ya conoce, y que siempre está muy ocupado controlando, construyendo, planificando, evaluando, y otras actividades intelectuales. Pero tan humano es este estado intelectual como el otro estado contemplativo y gozoso, los dos conforman el regalo que es ser humano. Lo que suele pasar es que nos pasamos la vida en un estado, el intelectual, y muy rara vez en el otro, el gozoso. Deberíamos aprender a estar en cualquiera de ellos a voluntad, aprovechando al máximo nuestro potencial de vivir plenamente, de ser. En realidad, el estado de conciencia muy cerrado en la actividad intelectual, visto desde el otro estado abierto al mundo en todos sus detalles, se ve más como un estado de inconsciencia que de consciencia, pues el individuo no "ve" casi nada de su alrededor, 


 

diumenge, 1 de juliol del 2018

Desmitificando la iluminación y la auto-realización

Muy en general se ve al concepto "alcanzar la iluminación" como algo poco deseable, reservado a adeptos y anacoretas que se aíslan del mundo, y viven extasiados y desconectados de la realidad cercana, la que vivimos el resto de las personas.  En realidad, la analogía con la luz, con iluminar, nos indica que estamos hablando de ver claramente, de esclarecer bajo la luz del entendimiento, o de la percepción simple y directa. Se suele distinguir entre la iluminación intelectual, que es aquella en la que la mente llega a ver un asunto o problema en profundidad y extensión, con claridad, de la iluminación espiritual, en la cual vemos claramente la realidad del espíritu, no creemos en él con fe ciega, sino que lo vemos. 



Toda iluminación, tanto la intelectual como la espiritual, tienen grados: se puede ver de forma tenue, con más claridad, o con mucha claridad. Para iluminar mentalmente un asunto suele se necesario primero dedicar mucho tiempo a reflexionar, estudiar el tema, a "mirarlo" mentalmente, intentando poner luz sobre él. A menudo la iluminación llega de golpe, como si se encendiera la luz: el entendimiento se consigue de repente, y ya es nuestro para siempre, veremos el asunto con más y mejor entendimiento. 

La separación que hacemos entre conocimiento material, "real", y conocimiento espiritual es de hecho artificial, pues la realidad es una, única, y comprende todo el espectro de conocimiento. Hace milenios intentar entender la naturaleza última de la materia era metafísica, hoy en día para nosotros es simple Física, aunque la materia sigue siendo igual ahora que entonces. De igual modo, la práctica de la meditación era reservada a unos pocos monjes aislados en monasterios, mientras que actualmente es una práctica cada vez más extendida entre la población en general. Etiquetamos como "real" o "espiritual" al conocimiento desde nuestro conocimiento actual; cuando profundizamos, vemos que todo es simplemente conocimiento. 

Como decíamos, la iluminación tiene grados: no es un todo o nada, hay toda una gradación de la luz disponible. La vieja imagen del iluminado desconectado de la vida sólo sucede cuando uno busca aislarse del mundo para encontrar otra realidad, entonces encuentras exactamente lo que buscas: desconexión. Si permanecemos aquí, y buscamos conocimiento tanto externo como interno, seguiremos estando aquí, no nos desconectaremos, sólo veremos las cosas desde un punto de vista distinto, con mejor conocimiento y más perspectiva. Se puede estar iluminado y conservar un alto pragmatismo y sentido práctico de la vida. 

La iluminación gradual, "aterrizada" (una vez más uso este calificativo inspirado en el profesor de mindfulness Fernando Tobías) o sea sin desconectarse del mundo, se consigue realizando un trabajo constante, personal, sobre uno mismo a través de la meditación. Sus efectos son diversos y comprobables:

  • percepción del automatismo del pensamiento y de las emociones
  • percepción del "observador" de esos pensamientos y emociones
  • incremento de la paz, de la serenidad y ecuanimidad mental 
  • estabilidad emocional
  • aumento de la empatía
  • capacidad incrementada de ver el fondo de las cuestiones
  • disminución de las "necesidades" ilusorias y del deseo en general
  • mayor satisfacción vital, mejora de la calidad de vida
  • mejora de las relaciones interpersonales
  • ( . . .)
Gozo incondicional (aunque
en la imagen se debe a enamoramiento)

Todos estos efectos no son el objetivo, aunque habrá quien desee conseguirlos y por ello se disponga a meditar, sino efectos colaterales de la iluminación gradual. El verdadero objetivo es simplemente ver con claridad, más allá de ideas previas o ideologías cerradas. Es saber, conocer, realizar. Si sólo buscamos algunos de esos efectos, sin duda los conseguiremos en cierto grado, pero sólo los conseguiremos todos en alto grado si nuestro objetivo es simplemente saber, ver bien, entender.

Y hay más efectos, los que hemos descrito sólo son los que encuentras en los grados más elementales de iluminación, y son alcanzable por todos nosotros si tenemos suficiente constancia en la práctica. La visión que se consigue del mundo y de todo lo que contiene, y de nosotros mismos en los grados superiores es realmente difícil, o imposible, de describir a quien no haya alcanzado cierto grado de iluminación. Se puede intentar describirlo con palabras, pero su entendimiento ha de esperar el momento:

  • sentimiento profundo de unidad con todo lo existente
  • pero al mismo tiempo, sensación de ser alguien más allá de todo lo existente
  • conciencia de Ser: sólo Ser, sin hacer, sin pensar, sin materialidad, simplemente "yo soy"
  • percepción de una interioridad tan profunda que parece no tener fondo, parece ser infinita
  • sensación de gozo incondicional (me gusta especialmente una definición de un libro de Paul Brunton: la meditación para la iluminación es un arte que nos enseña a ser felices incondicionalmente)
  • bondad extrema, interna, incondicional
  • sensación interna de energía sin límites
  • silencio mental, la mente parece una catedral vacía, inmensa, en la que estas sentado en un banco central, contemplando
  • (. . . )

Estos serian los efectos observables por uno mismo de un segundo nivel de iluminación. Es destacable que "desde fuera" no son directamente observables: la persona iluminada parece "normal", sólo a veces ciertos comportamientos denotan que ahí hay algo más. En cambio la persona que está en proceso de iluminación nota que su vida ha cambiado totalmente por dentro, nada es como era, todo se ve distinto. Hay más, mucho más, pero ya no tendría sentido intentar describirlo, sólo tiene sentido vivirlo, experimentarlo por uno mismo. 




dijous, 12 d’abril del 2018

Vivir siempre en positivo es lo natural

Como es sabido somos seres emocionales: nos emocionamos, experimentamos estados emocionales que pueden ser positivos o negativos. Las emociones positivas podemos decir en general que nos afirman como personas, mientras que las negativas nos niegan, porque sentimos que nosotros somos "no válidos", o porque nos sentimos amenazados, o porque sentimos que es nuestro entorno el que no es válido, siempre es una negación de nosotros mismos o de nuestro entorno. 

La Naturaleza, la vida en sí es pura afirmación positiva, es un ciclo continuo de crecimiento/decrecimiento, nacimiento/muerte, de renovación continuada de todo lo que existe. Y en el caso de la vida, así vista en general, hay además una evolución natural funcionando, mejorando las especies. Es por tanto afirmación, renovación, mejora continuada, positividad.  

Paz absoluta natural
Las emociones negativas tienen su lugar en la Naturaleza: son herramientas de supervivencia; cuando un ser vivo está en frente de una amenaza, experimenta la negatividad de la situación, pues esa amenaza puede dañarle de un modo muy real, por ello, surge la emoción negativa, básicamente miedo-huida o ira-ataque, que está plenamente enfocada a solucionar la situación de forma inmediata, sin demora. Una vez superada, la emoción negativa simplemente se apaga y no queda ningún rastro de ella. Las emociones positivas son mucho más suaves, no hay urgencia en ellas, para un animal simplemente es estar en paz y en comunión con su medio ambiente, un estado natural en el que siempre está, excepto en los momentos de peligro.




Negatividad emocional-mental
¿Que pasa con nosotros, los seres humanos? Nuestro arsenal de emociones es muchísimo mayor y más complejo, se han identificado más de 300 emociones distintas, la mayoría negativas. El problema que aún tenemos de forma generalizada es: siendo seres no solo emocionales sino también y sobre todo mentales, nuestras emociones se activan ya no exclusivamente por sucesos de nuestro entorno, sino también pos sucesos de nuestra mente, por nuestros pensamientos y estados mentales, de hecho emociones y mente están estrechamente enlazadas, casi diríamos enredadas, se hace difícil diferenciar donde y cuando empiezan la emoción y el pensamiento relacionado con la emoción ... o la emoción relacionada con el pensamiento. A resultas de esto, se originan estados emocionales-mentales negativos duraderos, que además no tienen porque estar relacionados con la realidad física: la persona puede imaginar que está bajo una amenaza ficticia y obsesionarse con ello, generando estados emocionales de ansiedad y angustia que, a diferencia del reino animal, son de larga duración, no se resuelven con urgencia. Podemos incluso guardar en la memoria estados negativos durante muchos años, quedan a nivel subconsciente situaciones no resueltas en su día, causando malestar larvado, sueños desagradables, reacciones involuntarias exageradas, etc.

No ha sido hasta las últimas décadas del siglo XX que nos hemos dado cuenta de estos hechos, y lentamente estamos tomando conciencia de ello. Proliferan los estudios universitarios y los programas de desarrollo personal dedicados a las emociones y a su gestión inteligente, y seguramente en una o dos generaciones el panorama habrá cambiado sustancialmente. Tal como comenta mi hijo, "creemos que estamos muy adelantados, pero si avanzáramos en el tiempo 500 años, entonces veríamos lo atrasados que realmente estamos", y no se refiere a la tecnología, sino a nosotros mismos como seres humanos. ¿Qué es lo que vendrá? ¿A que nuevo estado nos llevará la evolución? Sigue habiendo multitud de personas que se identifican con sus emociones, por lo cual hablarles de gestionarlas o aún más, de trascenderlas, les suena a imposible e incluso a no deseable, como si les fueras a robar su esencia, creen que las van a perder, que se arriesgan a ser seres sin emociones; nada más lejos de la realidad. Veamos.

Cuando tu nivel de conciencia de tus emociones y estados mentales se hace lo suficientemente estable aprendes (re-aprendes de hecho, el reino animal ya lo "sabe") a usarlas para lo que realmente son: información importante, si es positiva indica que todo está bien, si es negativa indica que alguna cosa hay que solucionar. Y punto. Llegados a este punto de auto-conciencia, el siguiente paso es ser inteligentes: hay que disfrutar las emociones positivas, afirmantes, y hay que hacer alguna cosa con las negativas, dentro de nuestras posibilidades. Es importante remarcar que no siempre podremos "solucionar" las situaciones que producen emociones negativas: si tenemos un diagnóstico de enfermedad terminal y nos queda poco tiempo de vida, muy poca cosa o nada podremos hacer para cambiar la situación; la aceptación significa esto precisamente: darse cuenta de cómo están las cosas sin caer en estados de negatividad emocional-mental que no nos llevan a ninguna solución ... en todo caso, inteligentemente, controlando nuestras emociones y pensamientos, podremos ser positivos y buscar la mejor forma de aprovechar el tiempo que nos queda, en vez de gastarlo sumidos en un estado de ansiedad y depresión. 

Porque de hecho como hemos dicho en el primer párrafo de este post, la vida, la Naturaleza, y nosotros mismos como vida y Naturaleza que también somos, todo ello es esencialmente positivo, es expresión, es renovación y evolución, es aprendizaje y mejora continua. Cuando nos cerramos a esta vida es cuando quedamos enclaustrados en estados negativos. Hace poco leía en un curso a distancia de filosofia Vedanta una afirmación del instructor, decía algo así como "¿Creeis que los seres iluminados, los sabios, carecen de emociones? Pues no. También se enfada, se alegra, como todos los seres humanos". Así es, pero con matices importantes: las emociones negativas en una persona evolucionada duran sólo lo necesario para llamar la atención sobre un evento negativo, ya sea externo o interno, y ese tiempo suele ser muy corto: se detecta la emoción, se la atiende con plena conciencia, y se la suelta, la relajas, como si le dijeras "recibido, gracias, corto".  

La mirada de E.Easwaran 🙏
Por otro lado las emociones positivas, que en la gente que no ha trabajado este aspecto emocional suele pasar poco advertida, se cultivan a voluntad, y se disfrutan a conciencia: cada momento satisfactorio es captado y disfrutado con plena conciencia. Y no nos damos cuenta, pero la vida está absolutamente llena de satisfacciones, momento a momento, porque la vida es positiva en sí misma, tal como hemos dicho. Así pues, el trabajo personal de la vida emocional en la dirección de hacerla consciente y vivirla inteligentemente, no nos priva de ser emocionales, sino que nos hace disfrutar plenamente de las emociones positivas, y reduce al mínimo necesario y conveniente las emociones negativas. El resultado es una sensación continuada de bienestar difícil de describir, mejor probarlo por uno mismo.








divendres, 2 de juny del 2017

Un cuento breve

Los cuentos son muy útiles para abrir la mente, de forma metafórica, subliminal, a verdades que pueden pasar desapercibidas cuando estamos situados, como es habitual, en nuestro nivel mental analítico. Con este cuento sobre un peregrinaje, intentamos mostrar una búsqueda que mucha gente está realizando toda su vida, muchas veces de forma inconsciente. Al final del artículo, desvelamos la metáfora oculta en el relato.



Hace mucho tiempo, en una generación antigua, en un distante país montañoso, existía la costumbre de peregrinar a lo largo de un camino que recorría todo el país. De trecho en trecho, una vez aquí, otra vez allí, el peregrino iba encontrando fuentes donde saciar la sed, sólo que esas fuentes eran muy irregulares en su obsequiar con la anhelada agua al cansado caminante; sucedía a menudo encontrarse con fuentes de las que sólo podías beber gota a gota, otras eran más generosas, pero el refrescante chorro no solía durar demasiado, pasando de repente a ser un mero goteo o incluso una ausencia total de agua. 

Alto de La Cruz de Fuentes
Rutas de Cantabria
senderismocantabria.wordpress.com

Siendo así, encontrabas peregrinos que, al encontrar una buena fuente, habían dejado de andar, por miedo a no encontrar otra más allá en el camino. Algunas de esas fuentes habían sido generosas en el pasado, pero ahora ya no;  se veía a algunos peregrinos aferrados a esas fuentes que sólo les obsequiaban con un lento goteo, y les veías sedientos, casi deshidratados, aprovechando hasta la última gota de la fuente, y no seguían su camino ya que pensaban "mejor esta escasez que la ausencia total de agua que puedo encontrar si sigo adelante, al menos no muero de sed; además, esta fuente fue generosa conmigo en un pasado no tan lejano, por lo que es posible que algún día el agua vuelva a brotar con fuerza, tal como recuerdo que así fue".

Uno de esos peregrinos, ya con muchos  meses de peregrinaje en sus piernas, había tenido todas esas experiencias en diversas ocasiones: fuentes caudalosas que se habían secado por completo, se había aferrado a fuentes casi secas con vanas esperanzas hasta que se cansó de esperar y siguió su camino, largas caminatas sin encontrar más que fuentes secas, todo eso lo había ya vivido. Y sucedía que llevaba ya muchas horas caminando sin encontrar agua, padeciendo esa sed que había sido casi una constante desde que empezó su peregrinaje, mucho tiempo atrás. Su mente frecuentemente retrocedía en el tiempo, recordando las mejores fuentes que había encontrado en su camino, cada una había sido especial, el sabor del agua era distinto en cada sitio, pero siempre exquisito, tal como sabe el agua fresca al sediento, no hay mejor placer que saciar la sed cuando realmente se padece sed.

Ese peregrino experimentado llegó a otra fuente, y comprobó que sólo manaban algunas gotas intermitentes. Tuvo un momento de desesperación, de rendición y de gran cansancio, pero entonces sus sentidos, aguzados por los largos meses de solitario peregrinaje en las montañas, captaron un murmullo lejano, muy tenue; cerró los ojos y se concentró en él, no fuera que su imaginación le estuviera engañando. Y al concentrarse más en aquel murmullo tan lejano, lo captó más claramente, e incluso su olfato pareció que detectaba el frescor del agua que el viento transportaba, desde algún sitio lejano. De hecho, se dio cuenta de que ya había percibido ese murmullo tiempo atrás, mientras caminaba, pero no le había prestado más atención. Convencido de que estaba notando la presencia de agua, se esforzó en sentir de donde venían las sensaciones, y notó que venían de las montañas, pero no en el trayecto del camino, sino más arriba, hacia las cumbres. Vaciló un momento, pues salirse del camino era entrar en lo desconocido, pero su sed, su anhelo de agua, y sus aguzados sentidos, todo junto, le decidieron a salirse del camino. 

Avanzó pues campo a través, y a medida que avanzaba, el terreno se veía más húmedo, y el murmullo lejano se hacía un poco, pero solo un poco, más audible. Al cabo de un rato el peregrino tuvo miedo de perderse en la montaña, de no encontrar la anhelada agua, y de perecer, así que volvió a su mente la última fuente que había encontrado, y su escaso pero constante goteo, que ahora le parecía más deseable que nunca. Así que presa del miedo dio media vuelta y volvió al camino, y a la paupérrima fuente. Mientras apuraba gota a gota de agua, sintió pena de sí mismo, pensando "pobre de mí, he vuelto a caer en aferrarme a este misérrimo goteo que me permite vivir, pero manteniéndome siempre sediento, y temeroso de no recibir nada si me alejo, buscando saciar mi sed por completo". Y al verse a sí mismo de esa manera, comprendió que no iba a seguir más ese camino, que pasara lo que pasara, su camino iba a ser otro. Y se decidió firmemente a no ceder más por miedo, o por pereza, o por conformismo, o por una falsa esperanza de que las cosas cambiaran y de repente abundara al agua en todas las fuentes de forma permanente. 

Volvió a alejarse del camino, algunos peregrinos lo vieron adentrarse en el bosque, y le llamaron, avisándole de que no se alejara, que se perdería y de buen seguro perecería, pero no les hizo caso, y le tomaron por loco. A medida que se adentraba en el húmedo bosque la sensación de frescor, de humedad, le tonificaba, aunque todavía tenia ansias de beber agua. Y llegó a un remanso donde había una pequeña balsa natural con agua cristalina, a donde sin pensarlo dos veces se lanzó literalmente, bebiendo, refrescándose, experimentando un gozo que nunca había sentido. Tuvo entonces el pensamiento de quedarse allí, de abandonar su caminar; pero él aún era un peregrino, y sus sentidos detectaban el murmullo de una corriente que ahora no estaba tan lejana. Y supo en ese instante que toda la agua de todas las fuentes del camino que había dejado atrás procedía, a través de la tierra, de ese río de montaña del que todavía estaba lejos, pero ya no tanto como antes. Y que esa balsa en la que se bañaba también estaba llena gracias a ese mismo río, que era la fuente de todas las fuentes, sin  limitaciones, constante. Así que con espíritu de peregrino, decidió seguir adelante, hasta llegar al origen de todo el agua, y el final definitivo de toda sed.


En este cuento el agua simboliza el amor, en todas sus manifestaciones, familiar, de pareja, amistad, ideales, ...  Todos somos peregrinos en el camino de la vida, aunque a menudo nos paramos, dejamos de avanzar, por varios motivos, como puede ser el conformismo o el miedo a salir perdiendo, nos quedamos en zonas de confort que frecuentemente son, de hecho,  de bastante poco confort. Las diversas fuentes simbolizan el amor que recibimos del exterior, que es inconstante, variable, dependiendo de las circunstancias;  por este motivo hay tanto conformismo, un cesar de buscar lo realmente valioso, creyendo que es un ideal inalcanzable, nos quedamos al lado de esa fuente, apegados, sin energías para saciar de verdad nuestra sed, o vamos saltando de fuente en fuente, buscando un poco más. Hace falta valor para adentrarse en terreno desconocido, alejarse del camino trillado, para buscar la fuente última, que es el Ser, de donde brota todo amor y todo ser concreto. El Ser se realiza en nuestra mente individual a través de la meditación. Siempre está disponible, sólo hay que ir a buscarlo.



 

dimecres, 10 de maig del 2017

¿Buscando lo que es inalcanzable?

Este post está parcialmente inspirado en el artículo Sadness Without an Object.

Un cuento corto: la mariposa consciente

Érase una vez una mariposa que vivía en un extenso prado cubierto de flores diversas; como toda mariposa, gozaba posándose en una flor, sintiéndose rodeada, cobijada por sus pétalos, viendo sus increíbles colores, brillando a la luz del Sol, y embriagándose con su aroma. 

Sucedía que esta mariposa era más consciente que sus congéneres, lo que de hecho le permitía gozar más todavía de los placeres de estar con una flor, pero al mismo tiempo se daba cuenta de que nunca podía permanecer más que por un breve período de tiempo con una flor en concreto, pues siempre sucedía algo que se lo impedía, quizá soplaba un fuerte viento que la apartaba, o incluso rompía la flor, o acudía a la flor una abeja, expulsando a la mariposa, o bien veía otra flor que le atraía más todavía que la actual, siempre acontecía algo que interrumpía su gozo y la llevaba a seguir buscando. 

Y como esto sucedía una y otra vez, la mariposa empezó a temer que siempre sería así, que pasaría su corta vida volando de flor en flor, siempre buscando donde permanecer, siempre buscando el gozo permanente que anhelaba, que le era negado, y sólo podía tener por un breve espacio de tiempo. Y con este temor empezó el sufrimiento. Otras mariposas no se plantean todo eso, no tienen suficiente conciencia para hacerlo. Aún otras sí se lo plantean, pero como no tienen respuesta, huyen de su sufrimiento saltando aún más de flor en flor, se sumergen a fondo en la experiencia para taponar su pregunta: ¿por qué he de estar siempre anhelando lo que sólo puedo tener de forma temporal y parcial?

Pero nuestra protagonista era demasiado consciente para huir de sí misma; e hizo lo contrario: abrirse al sufrimiento, experimentarlo a fondo, buscando su origen, con el vehemente deseo de entender, de saber. Y se dio cuenta de que el anhelo por unirse a una flor era natural en su especie, que cada flor en particular era un medio para sentir, para vivir algo que estaba más allá de cualquier flor, un gozo que sentía en sí, gracias a la flor. 

Decidió entonces volver a buscar una vez más, sobrevoló el prado observando atentamente, pero esta vez más conscientemente que nunca, hasta que encontró una hermosa flor, quizá la más hermosa que nunca había visto. Se posó en ella, y gozó de su contacto, de su aroma, de sus colores, sabiendo que aquello no podía durar, como así fue. Y cuando una ráfaga de viento la apartó de la flor, aplicó su voluntad para no dejar de sentir aquel gozo, para quedarse con él, pues era suyo, no quería volver a perderlo, era suyo e iba a retenerlo, a llevarlo siempre consigo.

A partir de entonces se veía a la mariposa viviendo gozosa ya estuviera sobre una roca, sobre una hierba, o sobre el suelo; nada interrumpía su gozo, ya que lo había hecho suyo, era parte de sí misma.

Tristeza sin motivo aparente

La tristeza es una de las emociones más profundas, se relaciona con el sentimiento de pérdida, de negación de lo que uno es o quiere. Sucede que en algunas personas hay una tristeza o melancolía sin un motivo aparente; hay algo en el inconsciente que lo provoca. Y en algunos de esos casos, no en todos, pues pueden haber otros motivos psicológicos, puede ser un sentir que lo que estamos buscando es inalcanzable en el mundo objetivo, es un sentir que, no importa lo que haga, la motivación que me lleva, no encontrará su perfecto cumplimiento.  

Cuando la persona llega a una madurez emocional e intelectual, esta tristeza viene más  a menudo, nos visita constantemente porque, no importa lo que haga, me he dado cuenta de que no encontraré lo que pretendo encontrar. La tristeza en este sentido es una forma de madurez emocional, es un reconocer y aceptar. Cuando conocemos esa tristeza, ya no podemos volver a enamorarnos, pues enamorarse significaría pretender, una vez más, que voy a poder encontrar lo que anhelo en otro lugar, lo que se sabe que es imposible ... En esta tristeza ya no hay lugar para la expectativa de ninguna satisfacción en el mundo fenoménico, material.

Cuando se es consciente de la tristeza sin motivo aparente, ya no es la tristeza de perder algo, si no que es como un perfume ... al principio, el olor está en el espacio, no podemos sentir de dónde vino, luego gradualmente podemos encontrar su origen. 

Cuando tienes la consciencia suficientemente madura para mantener la tristeza, sin huir de ella, hay un cierto ascenso a la fuente. Pero las personas que constantemente niegan la tristeza, que siguen buscando, que se enamoran, que se embarcan en mil y una actividades para distraerse, nunca pueden regresar a la fuente. Tienen esta tristeza en un momento, luego la niegan, pensando una vez más que una relación, que una situación, que algo lo evitará ... Hasta que quizá llegue un momento en el que ya no negamos más esta tristeza. Es cuando esta tristeza se convierte en una verdadera tristeza. Y se revela como el camino, como un olor de una flor que seguimos y que nos llevará hacia lo que sentimos ...

Según el enfoque hindú, la tristeza es el sentimiento último. Es el sentimiento de separación. Toda la música india se basa en el sentido de la separación. En el arte en miniatura de las estribaciones del Himalaya, a menudo vemos a Radha buscando a Krishna.

No hay nada que se pueda hacer; es una maduración de la persona. No puedo madurar voluntariamente, pero puedo llegar a ser consciente de mi inmadurez. Puedo darme cuenta de que me siento constantemente atraído por esto, o por eso, que constantemente estoy tratando de crear una relación, mantener una relación, esperar una relación, detener una relación, ser así o de otra forma más conveniente, querer esto o aquello, pensar que finalmente, tal vez cuando haya hecho esto, haya logrado eso, mejorará. 

La comprensión de que no hay nada para mí en el mundo objetivo es muy duro para la mente. Pero al estar abierto a la tristeza, a la realidad del momento, viene una liberación de todos los apegos, la tristeza se derrumba en nuestra atención plena, y por fin encontramos lo que buscábamos, la búsqueda termina, nos sentimos completos.

divendres, 7 d’abril del 2017

El Iniciado (II): gozo incondicional

Continuamos con otro fragmento del libro "El Iniciado, su pupilo" de Cyril Scott, que empezamos a comentar en el post Novela ocultista, "El Iniciado". En este fragmento se discursa sobre el gozo que proporciona el cultivo de la interioridad de la persona, en contraste con aquel que se obtiene mediante objetos externos. 

Conforme llegaban al jardín, vieron la figura de Aristion cruzando el césped. Les invitó a sentarse en un banco de piedra, entre dos pilares recubiertos de rosales, mientras él se situaba opuesto a ellos en otro banco, y reflexionó por un momento antes de empezar a hablar. Y entonces dijo, lentamente:
Si fuera posible disfrutar de todos los deleites de la tierra a la vez, y además desprovistos de toda complicación y defecto, así y todo el placer que nos proporcionarían no sería ni la milésima parte del que se obtiene del entrenamiento de la vida interior, de la conexión con nuestro Ser central, pues entonces tocamos el manantial mismo de todo goce, que está, como si fuera, dentro de la persona y no fuera.
En verdad, todo gozo que viene de fuera es condicional y temporal, y toda dicha que viene de dentro es incondicional y por tanto eternamente presente, lo sepamos o no. Además, incluso el gozo que viene de fuera lo hace solo en apariencia, pues ni la riqueza, ni la comida deliciosa, ni la vista de un paisaje bonito, contienen gozo en sí mismos, sino que solo sirven para evocar una porción diminuta del gozo que está latente y es intrínseco en el Ser.
Y es evidente que es así si lo razonamos un poco, viendo que a una persona le proporciona gran placer viajar y a otra no, que en cambio prefiere estar en casa y comer bien, pero una tercera persona prefiere los coches caros y la vida social, que no satisface a una cuarta persona, y así hasta el infinito. Pues si el gozo fuera inherente a todas estas cosas, en verdad que no habría diversidad de gustos, sino una completa uniformidad.
No, el gozo no proviene de nada externo, sino que los objetos externos son como golosinas de diversos sabores que provocan sensaciones en el paladar, y es la mente la que las interpreta. O en otro símil, es como la música producida por un saxofón, el gozo interior es como el aire que produce en último término el sonido, el músico es el que interpreta el instrumento, que sin su destreza y sin el aire, sería tan inútil para crear música como una piedra. Pues el aire es puesto en el instrumento por el que toca, siendo el instrumento un mero accesorio, no la música en sí, pues el instrumento sin el  músico nada produce, y en cambio el músico podría utilizar otros muchos instrumentos.