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diumenge, 27 de gener del 2019

Julen

Un 13 de enero Julen, un niño de corta edad, caía en un angosto pozo abandonado, cavado a ras de tierra, una auténtica trampa mortal, simplemente por la mala suerte de pasar por allí. Durante casi dos semanas los equipos de rescate trabajaron día y noche para recuperar al pequeño, manteniendo viva la esperanza de encontrarlo con vida, sin éxito, pues cuando por fin lograron llegar a él lo encontraron sin vida.

Cada persona reacciona ante este tipo de tragedias de forma distinta, hay quien se encoge de hombros y simplemente dice "mala suerte, se hizo lo que se pudo", otros en seguida piensan en consecuencias legales y castigos, hay quien se queda en un mar de preguntas aparentemente sin respuesta del tipo "¿por qué han de suceder desgracias así a un niño que justo empezaba su vida?", aún otros, cerrando sus corazones al drama, lo ignoran, justificándose con pensamientos tales como "hay muchos niños muriendo en el mundo de forma injusta como para prestar tanta atención a uno en concreto", como si la existencia de muchos casos quitara la importancia que tiene cada uno de ellos, cada drama humano.

Realmente para quien busca un sentido a la existencia estos casos complican mucho la búsqueda  de comprensión, pues parecen completamente fuera de todo sentido, incluso parecen crueles. Seguramente por esta dificultad, que de hecho nos encontramos casi cada día cuando vemos las noticias, muchos han renunciado a entender, algunos son escépticos a todo los trascendente, incluso se muestran agresivos, destructivos, contra quien defiende un sentido trascendente de la vida, otros que también renuncian a entender lo hacen en sentido contrario, creyendo que un Dios que todo lo dispone tendrá sus razones que son incomprensibles para la razón humana. ¿Realmente está fuera de nuestro alcance la comprensión del sentido de la vida, con sus desgracias incluidas? Fácil está claro que no, ¿pero imposible? Seguramente la palabra clave sea: conciencia.

No hay comprensión posible sin conciencia; una conciencia despierta, amplia y a ala vez profunda, que contemple con ánimo de entender, sin perderse en razonamientos intelectuales, en pensamientos, nada de lógica, simplemente ser y mirar atentamente con interés de profundizar, de entender. Todos tenemos la capacidad de ser conscientes, sólo que no la tenemos desarrollada por igual. El sistema educativo tradicional se preocupa sobre todo por desarrollar el intelecto, y la sociedad "avanzada" tecnológicamente más bien lo que promueve es la estrechez de conciencia, proporcionando mucho trabajo a todo el mundo, todos estamos muy ocupados y "no tenemos tiempo" y todo tipo de "distracciones" para descansar del trabajo. Con este entrenamiento y este estilo de vida, nuestra conciencia es estrecha, superficial, y no alcanza demasiado lejos, y por supuesto, no da para iluminar el sentido de la vida y el sentido de las desgracias. Así que si de verdad queremos entender algo más, si queremos trascender la visión estrecha y superficial de la vida, necesitamos ejercitar nuestra conciencia en profundidad y en amplitud.

Daría para un libro entero, o para unos cuantos, desarrollar convenientemente el párrafo anterior; en este corto artículo nos contentaremos con mostrar sólo un aspecto de los diversos resultados obtenidos al trabajar la conciencia: la percepción del sentido profundo de ser.  En el trabajo de profundización, que es sólo una parte del trabajo, todo meditador acaba encontrándose cara a cara con ese ser interior,  ese observador que está más allá, por detrás como si dijéramos, de todo lo que acontece. Es tan profunda su conciencia que todo, absolutamente todo, parece exterior, incluso los propios pensamientos, las emociones y el cuerpo, se ven desde esa conciencia central como externos a ella. Y no obstante la sensación de conexión es absoluta, eres más allá de todo lo externo, pero estás conectado con todo, eres plenamente consciente de todo, incluso de tu ser más profundo. Al principio la percepción de ese ser interior viene como un flash corto e intermitente, con la práctica paciente se va estabilizando; al cabo de un tiempo tienes la extraña sensación como de "ver doble", a veces tu conciencia es la superflua habitual, a veces espontáneamente se profundiza y te centras, te sitúas en el centro de todo tu campo de conciencia. 

Entonces, ¿cuál es la relación entre la profundización de la conciencia y el sentido de la desgracias? Cuando aprendes a centrarte en esa sensación profunda de ser te das cuenta que potencialmente todos la tenemos, incluso aunque no se sepa simplemente por que no se le presta atención. Desde esa conciencia profunda todo se ve mucho más relativo: la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, la juventud y la vejez, la vida y la muerte, son estados, no son el ser, el ser es inmune a ellos, para el ser son cosas que suceden, pero que no le afectan directamente. De hecho nada puede dañar a ese ser central. Julen también lo tiene, también lo es, y hablamos en presente, no en pasado, así que de hecho sigue siendo ese es, ese ser central indestructible, sólo que probablemente no se había dado cuenta todavía. Para el Julen central, para su ser, lo que le ha sucedido es simplemente algo que ha sucedido, el sigue siendo, el Es. Esta conciencia central pues lo relativiza absolutamente todo, marca una distancia desde la cual se puede observar lo que acontece.

Después de meses de viajar por el inmenso subcontinente indio por fin el buscador encontró el hogar del sabio que buscaba. Llamó a la puerta y una suave voz le invitó a entrar. El sabio se encontraba en ese momento almorzando frugalmente, y le invitó a acompañarle. El buscador estaba impaciente por saber, por empezar a obtener respuestas, así que recién terminado el refrigerio sin más tardar preguntó.

- Oh sabio entre los sabios, no debes conocer el dolor y el sufrimiento que nos afligen al resto de los mortales, ¿verdad que es así?

- No es así, al contrario, conozco muy bien el dolor y el sufrimiento, como todo ser humano

- ¡Caramba! No lo entiendo, creía que las personas realizadas espiritualmente habían trascendido el sufrimiento, ¿no es así maestro?

- Trascender no equivale a ignorar amigo mio, pues ¿que sabio merecería realmente ese calificativo si no conociera de primerísima mano todos los sufrimientos que padecemos los seres humanos? No, en verdad, para conocer realmente algo has de haberlo vivido con intensidad, si no es así, sólo lo conoces en teoría, pero no en la práctica.

- Entiendo, pero entonces maestro, ¿tu también sufres? ¿Si sufres, para qué sirve estar iluminado, si sigues sujeto al sufrimiento?

- Como todo ser humano podemos experimentar dolor, pero la diferencia es que no me importa en absoluto, el dolor sucede, está ahí, y yo lo contemplo desde mi morada interior con total aceptación y comprensión, sé que forma parte de la existencia humana, y también se que no afecta a mi Ser. No me identifico con ese dolor, sino con el Ser que trasciende al sufrimiento, al dolor e incluso al pensamiento. Conozco el dolor, lo siento, pero no me afecta en absoluto. Eso es la trascendencia del sufrimiento hermano mio.




dilluns, 24 de desembre del 2018

Volviendo a la inocencia con sabiduría

La mente de cualquier adulto generalmente está llena de pensamientos, yendo y viniendo y volviendo ... en un carrusel sin fin.

¿Recuerdas cuál era tu estado mental en tu infancia? ¿Qué pensamientos llenaban tu mente?

 

Probablemente bien pocos, era impulsos simples, deseos inmediatos, percepciones directas ... más que un pensar era un simplemente estar allí, viviendo el momento en el momento.

A medida que más retrocedes en tu infancia, menos pensamientos encuentras; Tal estado mental se llama inocencia. Y es un estado agradable, feliz, en paz, pero muy despierto, muy vivo.

Hoy en día, la meditación es un tema de tendencia en Occidente, y uno de sus objetivos es reducir el número de pensamientos involuntarios.


Meditar es como regresar a aquel estado mental tan pacífico, el de nuestra infancia: simplemente esté aquí y ahora, despierto, observando, percibiendo.

Pero no es el mismo estado infantil: un niño reacciona a las percepciones, actúa impulsado por los deseos, es movido por sus emociones como un barco a la deriva es movido por el viento y las olas; en cambio, un meditador adulto experimentado no reacciona automáticamente, y no es impulsado por deseos ni emociones, su mente es estable, tiene un temperamento ecuánime, y en el centro profundo de esa mente hay un observador que contempla toda la escena, contempla delante suyo el mundo corriendo y girando.



Desde ese centro profundo de la mente, el observador no se ve afectado por nada. Cuando debe actuar lo hace, pero actúa, nunca reacciona. Tal estado mental se denomina sabiduría, es un estado de visión amplia, libre de prejuicios, pero que posee el conocimiento, la experiencia de una vida, que puede usar y usa cuando es necesario.

Entonces a través de la meditación podemos volver a la agradable inocencia, pero esta vez con conocimiento, con sabiduría. Tener conocimiento no significa estar pensando continuamente, por el contrario, los pensamientos se reducen al mínimo, los pensamientos involuntarios ya no están allí.


 Nos convertimos progresivamente en un inocente sabio.

diumenge, 18 de novembre del 2018

Aceptación positiva, con plena conciencia

La aceptación de lo observado es junto con la observación atenta de los que sucede la base de la práctica de la atención plena - mindfulness, y también suele ser la parte menos comprendida, porque aceptar suele identificarse con rendirse, con dejar de intentar buscar soluciones, con el derrotismo, en definitiva con actitudes pasivas o negativas. Por otra parte no aceptar la realidad puede generar fácilmente frustración. Pero hay un punto de equilibrio entre aceptar las cosas con actitud derrotista y no aceptarlas y frustrarse por ello.

Aceptación positiva

La aceptación a la que se refiere la práctica de la atención plena es un hacerse cargo de la situación, tanto si es en presente como si está en el pasado. Esto es, no negarla, aquello está sucediendo o ha sucedido, y después asumir una actitud pro-activa, positiva, hacia ello. Lo contrario de esta aceptación es negar la realidad, no querer verla, ocultarla o intentar pasarla por alto, o simplemente oponerse a ella de forma reactiva, emocional. La aceptación positiva es, primero de todo, interior: en nuestro pensar aceptamos que eso es así, lo sabemos; en cambio en el exterior podemos intentar hacer muchas cosas para cambiar la situación, pero desde esa aceptación interior a lo que es.  Algunos ejemplos de aceptación positiva:

Un misionero o un colaborador de una ONG, destinado a un país como India o a países africanos, ve la miseria a su alrededor, la acepta interiormente, y gracias a esa aceptación es capaz de no caer en la frustración y otras actitudes negativas, y estar muchos años, día a día, trabajando para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de ese denominado tercer mundo. 
Un enfermo terminal que acepta interiormente su situación tampoco cae en la depresión, que es un estado emocional surgido de la no aceptación, y por ello será capaz de disfrutar de todo aquello que pueda disfrutar en ese último período de su vida, en vez de perderlo lamentándose hasta el final.
Y un ejemplo de aceptación negativa:
Un joven, sensible a la realidad social, la encuentra absolutamente equivocada, no ve en ella casi nada bueno, sólo ve problemas, injusticias, conflictos. Es sensible a ello, pero no es un activista, pues cree que no se puede hacer nada para cambiar de verdad las cosas, hay demasiadas inercias al cambio, y él carece de los recursos necesarios. Exteriormente acepta porque no tiene más remedio, pero interiormente no lo acepta, al contrario, le produce cierta frustración.

Beneficios de la aceptación positiva

Cuando aceptamos plenamente, interiormente, nuestra mente no se desequilibra fácilmente por las situaciones difíciles: adquirimos ecuanimidad. Desde esa ecuanimidad, podemos valorar mejor la situación, y de ello resulta una mejor capacidad de acción encaminada a mejorar las cosas, si es que es posible. No te tomas la situación, que quizás es muy negativa, como algo personal, sino como algo que simplemente sucede. Al hacerlo así, abres la puerta a la comprensión amplia del porqué sucede lo que sucede, a la empatía con el que sufre, a la bondad de la aceptación tanto de lo bueno como de lo malo, y a una sabiduría práctica consistente en entender lo que sucede para poder hacer lo posible para mejorar las cosas en cada momento, y si no se puede hacer nada, se acepta también.

Como conseguirla

La mejor combinación para adquirir una habilidad como la aceptación positiva seguramente es la práctica de la meditación sedente (sentado) más la auto-observación atenta de cómo nos tomamos las cosas conforme suceden. 

Un esquema básico para la meditación de la aceptación positiva puede ser el siguiente:

  • Preparación: 2-3 minutos de respiración profunda y lenta, y/o estiramientos y/o auto-masajes para relajar el cuerpo.
  • Conciencia plena corporal: Fijar la atención plenamente al cuerpo: mínimo 5 minutos, y hasta 10-15, anclando la atención a las sensaciones de la respiración, del calor corporal, de su estado general, y sobre todo a la sensación de bienestar que suele estar ahí pero a la que no solemos prestar atención. 
  • Aceptar: recordar situaciones personales, vivirlas de nuevo, de forma desapegada, aceptándolas desde la ecuanimidad, desde la comprensión bondadosa ("no supe hacerlo mejor en ese momento", o "los demás no supieron", o "las circunstancias fueron las que fueron",  etc.). De 5 a 10 minutos.
  • Salida: como la preparación

diumenge, 4 de novembre del 2018

Tener "buen juicio" es una habilidad que deberíamos trabajar

Juzgar

Juzgar es formar una idea, una opinión, sobre una persona, una cosa o unos hechos, pero no una opinión cualquiera así en general, sino más bien en el sentido de decidir en favor o en contra, de afirmar o de negar, de ver como  correctos o incorrectos unos hechos y por extensión a las personas que los realizan, a sus actitudes y comportamientos.

Juzgamos continuamente

Se juzga en base a unas creencias personales, o a unas costumbres o unas normas escritas. Juzgar es innato en nosotros: lo hacemos continuamente, de forma automática, tanto a nivel personal como a nivel social, y por eso las sociedades modernas tienen una enorme cantidad de normativas, desde la de las comunidades de vecinos o de cualquier club social hasta el gobierno de la nación, y todas esas normas sirven para juzgar comportamientos, para afirmar que son correctos o no. 

Juzgar bien es complicado

Pero no obstante no existe ningún conjunto de creencias, costumbres o normas que sea completo, entendiendo por completo el contemplar todas las posibilidades y sus variantes que se presentan en toda acción humana; por tanto todo juicio será siempre hasta cierto punto parcial, incompleto e incluso puede llegar a ser claramente injusto, pues juzgar lo puede hacer cualquiera, pero ser justo no es tan fácil ni frecuente: ser justo tiene relación con ser equilibrado, exacto, preciso, estar en su justa medida.  

Este asunto de la incompletitud de toda normativa o conjunto de creencias como base para enjuiciar lo correcto o lo cierto y distinguirlo de lo incorrecto o lo falso ya fue establecido hace 100 años, a principios del siglo XX, por diversos pensadores e investigadores que dedicaron sus esfuerzos a buscar ese sistema infalible que permitiría establecer la verdad sin error alguno, pero seguimos actuando como si todavía existiera la posibilidad de la certeza absoluta. La historia de esa búsqueda de la certeza está muy bien explicada en un libro en formato de cómic, ameno y muy recomendable: Logicomix, una busqueda épica de la verdad

Juzgar para represaliar

Juzgar como negativo o incorrecto el comportamiento de una persona de por si cierra la puerta de la comprensión sobre su comportamiento, pues ¿para qué entenderlo si lo vemos como incorrecto? En cambio el juzgar negativamente abre otra terrible puerta: la que nos lleva a la represalia, la hostilidad, la ira, el querer castigar, querer venganza y la emotividad negativa. No en vano para muchas personas obtener justicia es sinónimo de obtener venganza. Este es también un comportamiento típico humano, el represaliar al que obra mal, es un instinto heredado, un acto de defensa que en principio es correcto, pero que hay que vigilar de cerca para no caer en la negatividad irracional. Pues lo "malo" tampoco es un concepto claramente definido, universal, sino relativo.
Justicia clásica: aplicar ciegamente
las normas y castigar (con la espada)
su incumplimiento. Podemos hacerlo mejor.


Juzgar para mejorar como personas

Viéndolo desde otro punto de vista: ¿cuál debería ser la utilidad del juzgar como correcto o incorrecto? Podríamos decir que es detectar comportamientos erróneos para en la medida de lo posible corregirlos, pero ya hemos dicho que el concepto erróneo no es absoluto sino relativo. Las acciones que son dañinas, para uno mismo o para otros, podrían parecer buenos candidatos para ser etiquetadas como erróneas; pero  a menudo ese daño proviene de mantener una cierta posición mental cerrada que al sentirse cuestionada reacciona con negatividad y dolor, a veces simplemente actuar de forma diferente a lo que se espera de nosotros ya está dañando, ¿es correcto entonces juzgar como malas tales acciones?

¿El desmontar unas creencias, dañando entonces a la personalidad que se apoya en ellas, es "malo"?  Depende de cómo se haga, y de las circunstancias en las que se haga. Es complicado, hay muchos matices y condicionantes a tener en cuenta en el momento de juzgar. Y no obstante necesitamos tener una opinión en la que apoyarnos, necesitamos tener un juicio formado.  

El buen juicio es no personal

Una manera infalible de mejorar nuestro juicio es, y no es fácil de hacer,  olvidarnos de nosotros mismos cuando vayamos a juzgar. ¿Por qué? Porque entonces será un juzgar imparcial, no somos parte interesada en el juicio, y podemos ver las cosas con perspectiva. Podremos juzgar para ayudar al otro, para poder opinar sobre cómo mejorar la actuación, y no para protegernos a nosotros. Por esto se pide imparcialidad en los jueces, aunque es casi como pedir la Luna, ya que cuando lo que juzgan les concierne personalmente, difícilmente serán capaces de mantener la imparcialidad, como ocurre en casi todas las personas.
 
El renunciar a protegernos a nosotros mismos, el enjuiciar sin motivos personales, desactiva el instinto de supervivencia-defensa, que es el que conduce al deseo de represalia y otras emociones negativas, y es lo que nos hace imparciales, ja que no somos parte interesada en el juicio. Esto ya es un gran avance en el juzgar, es necesario, pero no es suficiente, incluso así aun podemos equivocarnos mucho en nuestro juzgar, pues todavía sigue estando presente el otro gran problema, la incompletitud de nuestro conocimiento, de nuestro discernimiento racional. 

Necesitamos también la humildad de reconocer que no lo sabemos todo, que no lo comprendemos todo, añadiendo entonces prudencia, reconocer las circunstancias, el ser comprensivos y benevolentes con aquello que vamos a juzgar, que en definitiva son personas como nosotros, imperfectas. En suma, para juzgar como más sabios seamos mejor, más justos seremos.

Buen juicio en situaciones muy personales

Entonces las situaciones en las que será más complicado mantener un buen juicio serán aquellas altamente personales, en las que nos atacan verbalmente o se nos muestra hostilidad manifiesta, o bien cuando nos sentimos traicionados o desengañados por alguien en el que confiábamos.

En efecto, es difícil mantener el buen juicio cuando alguien te juzga injustamente, o al menos eso crees, y por ello te agrede con su actitud hostil. Puedes sentir la emoción negativa de ser tratado injustamente,  la indignación,  que fácilmente puede hacer que reacciones con más hostilidad, creando un círculo vicioso entre tu y tu atacante. En esta situación es preciso aplicar los mismos principios: olvidarte de ti mismo, relajarte, procurar no sentirte dañado, no lo serás si tu no te dejas, y  no quedarte con la negatividad sino al contrario intentar ser proactivo: mirar de entender la motivación profunda del otro que suele ser miedo a ser dañado de alguna manera.  A menudo la otra persona es inconsciente de su miedo, su reacción de ira contra ti es también en buena parte inconsciente, y reaccionar  contraatacando reforzará todavía más la ira.
 
¿Cómo mantener en esas situaciones la imparcialidad? La emotividad de esas situaciones tan personales fácilmente nos arrastrará, y nos lo tomaremos todo como muy personal, seremos muy parciales en nuestro juicio.  

Ira: nos han juzgado negativamente
Aquí es en donde entra en escena la inteligencia emocional, que nos permite gestionar la emotividad sin dejarnos llevar por ella. Una excelente herramienta de gestión emocional es la práctica de la atención plena. Combinándola con los otros factores que hemos mencionado, prudencia, benevolencia, ser comprensivos, querer ayudar en vez de querer defendernos, nos permite conservar nuestro buen juicio incluso en medio de las circunstancias más adversas. Y si tenemos que defendernos, lo haremos en su justa medida, sin caer en batallas sin sentido y en la sinrazón. 

Entrenar la habilidad de mantener el buen juicio en situaciones personales

Se realiza dos tipos de trabajo: meditación diaria en soledad, y trabajo práctico durante situaciones complicadas con otras personas.
Damos a continuación un esquema  de sesión de meditación de unos 25 minutos para entrenar la capacidad de mantener el buen juicio en situaciones complicadas; suponemos que la persona ya ha practicado meditación básica durante un tiempo y por ellos está preparada para aplicarla a este caso práctico, si no es así recomendamos empezar por una práctica meditativa básica diaria y mantenerla por al menos 2 meses antes de empezar esta práctica específica.

Fase 0: preparación. Como en cualquier sesión de meditación, hay que preparar el cuerpo para tenerlo inmóvil pero bien despierto durante toda la práctica.
Fase 1: Práctica de la conciencia plena corporal. Durante 10 minutos atendemos plenamente al cuerpo (estiramientos y auto-masajes con plena atención, observar la respiración, escáner corporal, ...). Ojos abiertos o cerrados, como convenga.
Fase 2: Atender plenamente a las emociones negativas: preferentemente con los ojos cerrados, rememoremos alguna situación en la que hemos sido agredidos verbalmente o tratados con hostilidad o injustamente, o engañados, etc, una de esas situaciones que comportan emotividad negativa, y durante 5 minutos aproximadamente contemplemos esa escena y nuestra emotividad sin emitir juicio alguno, solo observando, manteniendo la distancia, como si estuviéramos viendo una obra de teatro, sin tomar partido. Estemos muy atentos a ello, y si notamos que emerge cualquier pensamiento sobre lo observado, no le prestemos atención, y volvamos a simplemente atender a la escena.
Fase 3: Reprogramar nuestra respuesta. Imaginemos ahora que volvemos a vivir esa situación pero esta vez ya tenemos plenamente desarrollada nuestra capacidad de mantener el buen juicio, estamos provistos de ecuanimidad, benevolencia, comprensión del otro, y deseo de ayudar a mejorar el clima que se ha enrarecido con emociones negativas, no nos defendemos, si no que intentamos comprender y ser proactivos, positivos. Procuremos visualizar no solo las imágenes sino la sensación sentida de paz interior y deseo de ayudar a mejorar la situación. Nos quedamos ahí unos 5 minutos.
Fase 4: Salida. Volvemos poco a poco a la conciencia habitual, abrimos los ojos, y saboreamos el estado emocional y mental en el que nos encontramos ahora. Un minuto. 

El trabajo práctico durante situaciones complicadas con otras personas consiste en, cuando nos suceda, acordarse de respirar profundamente unos instantes, sentir esa respiración, sentir como las emociones alteran el cuerpo, permitirlo y experimentarlo plenamente sin reaccionar, esto es muy importante, observar sin reaccionar por unos instante antes de actuar. Y mientras actuamos, intentar seguir conscientes de nuestro estado momento a momento. Este es el primer paso: gestionar la emotividad. Más adelante, cuando lo tengamos más o menos asumido, podremos ir incorporando los otros elementos en nuestra respuesta: ecuanimidad, benevolencia, comprensión del otro, deseo de ayudar, y si nos defendemos hacerlo en su justa medida.





dissabte, 27 d’octubre del 2018

Convicciones

Convicciones y creencias

Convicción, del latín convictio (creencia firme), compuesta de con (junto con), vincere (vencer) y el sufijo -ción (efecto, acción de), se refiere a una idea o esquema mental que se cree absolutamente cierto y que por ello la persona lo aplica a su comportamiento, opiniones y demás elaboraciones mentales. Como en cualquier creencia, se puede estar convencido de algo sin poder demostrar a los demás la verdad de la creencia, incluso sin poderlo demostrarlo a uno mismo. 

Como usamos las convicciones para juzgar con parcialidad

Las convicciones son parte de esa base sólida de ideas propias que la mente utiliza para poder juzgar situaciones y personas en base a esas creencias; siendo el juzgar una de las funciones básicas de la mente, está claro que se crea una necesidad innata de mantener algunas convicciones personales. Si no tengo ninguna convicción, ¿puedo opinar, juzgar, hechos y comportamientos, como correctos, incorrectos, acertados, desacertados, etc? En la siguiente figura vemos en un esquema cómo la mente genera juicios a partir tanto de conocimientos sólidos, fundados, como de creencias más o menos fundadas.

Elaboración habitual de juicios de valor y opiniones
En este modo de funcionar se ven varios problemas:
  • creamos juicios no sólo a partir de conocimientos firmes, si no también a partir de creencias mantenidas como verdades pero que pueden serlo de forma parcial, o incluso no serlo en absoluto;
  • la persona, o más precisamente, la personalidad común, se confunde con sus ideas, creencias y juicios de valor, en un entramado conocido como ego, o identidad psicológica, por ello, ciertos hechos o contradicciones a las creencias  de la persona son vistos, a menudo inconscientemente, como amenazas a la propia persona, a su sistema de creencias, y por consiguiente la persona reacciona a la defensiva rechazando aquello que la niega;
  • los juicios en los que participa ese ego a menudo son automáticos, reactivos, no se decide juzgar algo, simplemente sucede, juzgamos sin decidirlo, es un comportamiento típico del ego el reaccionar automáticamente ante supuestas amenazas.
Veamos algunos ejemplos de como sucede esto continuamente. En el siguiente caso una convicción firme, semejante a "la escuela privada concertada es mala para la igualdad de oportunidades, por tanto debería ser erradicada", ha sido creída e interiorizada hasta tal punto que no hay tonalidades de opinión para la persona, sino solo blanco o negro, y cualquier opinión no coincidente es atacada inmediatamente, convirtiendo una conversación sobre intereses profesionales mutuos en un combate dialéctico sin salida.

Un grupo de docentes de la escuela pública está conversando sobre innovación educativa en un descanso, surge el tema de la diferencia de recursos disponibles entre la pública y la concertada, uno de ellos en seguida que nombraremos como A adopta una postura muy crítica del estilo de "deberían retirar todas las subvenciones a la escuela privada, no quiero que mis impuestos se destinen a escuelas elitistas", otra docente que llamaremos B replica "esas escuelas también realizan un servicio público, y además la mayor parte de su financiación procede de fondos privados", entonces A reacciona diciendo "esto si que no me lo esperaba de ti, defender la escuela privada, con razón la derecha tiene más votos que nunca ..." con lo que la conversación inicial degeneró en una discusión sobre política mezclada con reproches mutuos.
La situación política actual es otro claro ejemplo de cerrazón en las convicciones personales, no sólo entre políticos profesionales, sino en general. Cuando las convicciones personales sobre la sociedad son cuestionadas, a menudo se recurre a argumentaciones falaces, al negacionismo de realidades, o incluso a la descalificación del presunto "adversario" que sólo pretende ofrecer un punto de vista alternativo a una realidad compleja. Además de mantener opiniones como si fueran verdades absolutas debido mezclar el ego personal con el asunto, además aquí suele haber presente una gran falta de humildad, creyendo poseer la verdad absoluta sobre realidades muy complejas que muy pocos, o quizá nadie, son capaces de entender completamente. Sólo hay que ver un debate televisivo para verlo.

La aportación que la práctica de la conciencia plena puede hacer

La práctica de la atención plena (o mindfulness) así como de otros tipos de meditación relaja la identificación con nuestras opiniones, debilitando el ego psicológico, y por ello dejamos de tomarnos nuestras propias ideas como algo personal, pasan a ser simplemente conocimientos más o menos consolidados, siempre revisables, siempre abiertos a mejorar nuestra comprensión de la realidad. Por ello nuestra actitud deja de ser reactiva, a la defensiva, y pasa a parecerse a la de un investigador de la vida, siempre dispuesto a compartir lo que sabe y a aprender cosas nuevas, Nos volvemos imparciales, libres de cambiar de opinión si es necesario. Además esta actitud nos abre a la empatía con otras formas de ver el mundo. El siguiente esquema intenta ilustrar este cambio de modo de funcionar.
Con conciencia plena nos sentimos libres para revisar nuestras creencias





En este blog ya habíamos hablado de este tema tan importante, el ser capaz de formarnos una imagen de la realidad que sea imparcial, integradora, empática con otras visiones, en diversas ocasiones:





dimarts, 16 d’octubre del 2018

Meditar para el bienestar emocional y mental

El autor de este ensayo es un estudiante de 18 años que vive en Leicester, Reino Unido. Traducido y resumido del original en inglés.

El año pasado casi abandono la escuela.

Estaba dividido entre dos mundos: mi padre en Gales, un individuo inteligente y carismático, y mi madre en Leicester, que siempre había sido amable y paciente. Después de años de no entender el conflicto entre los dos, tuve que averiguar más sobre el mundo de mi padre. Me fui a Gales en enero de 2017 con la intención de no volver.

Sin embargo, volví a Leicester la semana siguiente, después de haber experimentado de primera mano las burlas coercitivas y el comportamiento destructivo de mi padre. Esto fue suficiente para darme cuenta de lo que realmente es vivir con problemas de malestar mental, y de que necesitaba un método confiable para poder controlar mi propia mente.

Muchas personas de mi edad tienen que lidiar con relaciones perturbadoras, problemas de identidad y género, abuso de drogas y alcohol, y las luchas con problemas emocionales y mentales a largo plazo como la depresión y la ansiedad. Algunos acuden a facultativos para manejar estos problemas. Si bien estas son vías válidas, para mí la solución ha sido la meditación.

¿Cómo medito?

Al meditar, me siento con las piernas cruzadas, excluyo al mundo exterior y me concentro en desarrollar sentimientos positivos específicos, como el amor o la compasión. A veces, lo único en lo que puedo concentrarme es en el dolor en mis rodillas, pero cuando cesan todas mis distracciones, puedo sentir una profunda sensación de calma y paz.

"¿Y qué?", Podría decir: "Me siento bastante relajado después de un par de cervezas. Esto suena como una tontería para mí ".

Probablemente hubiera estado de acuerdo con eso hace uno o dos años. De hecho, es cierto que para las primeras sesiones es posible que no experimentes resultados instantáneos. Hay mucha confusión acerca de la meditación. Algunas personas piensan que se trata de perderse a uno mismo, mientras que otras piensan que se trata de encontrarte a ti mismo; algunos piensan que la meditación tiene que ver con parar la mente y ser como una piedra. Para mí, después de soportar tanto dolor y confusión durante mi infancia, estaba decidido a encontrar un método que, basado en el razonamiento lógico, estuviera dirigido a producir resultados positivos duraderos.

Después de investigar varias tradiciones y escuelas de meditación, descubrí que una parte clave del proceso meditativo es poder identificar los estados mentales que producen sentimientos negativos y luego trabajar para reducirlos e identificarlos. Y también con los estados de ánimo positivos trabajando para aumentarlos. Por lo tanto, la meditación es una metodología para familiarizar la mente con la positividad.

¿Cómo mejora la meditación nuestro bienestar emocional y mental?

La principal fuerza motriz de la meditación es la concentración y la atención plena. Al aprender a concentrarnos únicamente en estados mentales positivos sin distracciones, nos entrenamos para desarrollar patrones de pensamiento positivos. Esto es similar a un músico practicando escalas y acordes, o entrenar nuestros músculos en el gimnasio a través de repetición de ejercicios. Finalmente, a través del entrenamiento en meditación, las secuencias mentales positivas se arraigan, se estabilizan, y es posible acceder a ellas sin esfuerzo. Como el bienestar emocional y mental provienen de estados mentales positivos, podemos entender cómo la meditación, cuando se practica correctamente, tiene un gran poder para mejorar nuestro bienestar.

La evidencia

Para saber más sobre cómo la meditación ha ayudado a otros, hice un estudio de caso de cinco personas que usan la meditación: un médico, un practicante budista, un investigador y dos de mis amigos en la universidad.

1) La doctora Judith Casson, médico de cabecera en Hinckley, ha estado practicando meditación de atención plena durante quince años. Ella ha descubierto que es una herramienta inestimable para su propia salud mental y ha sido testigo de la implementación positiva de las prácticas de atención plena en colegas médicos y en sus pacientes. Ella piensa que la meditación es como "sembrar una semilla de la cual crece la compasión y la paciencia a largo plazo".
2) Existe abundante evidencia científica de que la meditación mejora la salud mental. La neurobióloga Sara Lazar, PhD, afirma en una entrevista con el Washington Post que, después de realizar estudios, se descubrió que la meditación aumenta la materia gris en diferentes partes del cerebro, incluido el hipocampo izquierdo que se asocia con la regulación de las emociones. Esto podría probar un vínculo neurobiológico directo entre la estabilidad emocional y la meditación.
3) Derek es un practicante budista que comenzó a meditar hace casi cincuenta años. De niño, luchó con serios problemas de salud y casi muere. "Tuve que aprender a lidiar con una gran cantidad de sufrimiento y tormentos mentales, que actuaron como un gran incentivo para tratar de trabajar con mi mente". 45 años más tarde, ahora es capaz de mantener la estabilidad mental a pesar de los continuos problemas de salud.
4) Después de solo un mes de practicar una meditación básica de atención a la respiración, mi amiga Ellie, quien sufre de trastorno de estrés postraumático y ansiedad, dice: "La meditación me ha permitido encontrar la paz en los momentos más difíciles, ha sido un auténtico cambio de vida". De manera similar, mi amigo Alex, que sufre de parálisis cerebral y depresión, también ha recurrido a la meditación. En sus palabras, "Me ha dado claridad cuando la racionalidad sale por la ventana".
5) En mi caso, después de un año y medio de practicar la meditación, yo mismo soy mucho máscapaz de lidiar con los desafíos diarios, mi estrés se ha reducido, no me frustro tan fácilmente y rara vez me deprimo. La mayoría de las veces no estoy desconcertado cuando las cosas no salen como esperaba. Mi empatía y compasión han aumentado dramáticamente y también puedo pensar con claridad y organizar mi tiempo. No soy perfecto, pero puedo ver claramente una trayectoria ascendente de paz y estabilidad mental.

¿Dónde estoy ahora?

Ha pasado un año y medio desde que tuve que cortar lazos con mi padre, y aunque todavía estoy lidiando con el dolor y la pérdida, la meditación me ha ayudado a seguir adelante y puedo enfrentar mis adversidades con una mente feliz. Al meditar en la compasión, también aprendí a ver las cosas desde la perspectiva de mi padre, que me abrió los ojos al comprender su sufrimiento.

Al igual que convertirse en piloto lleva muchos años de entrenamiento y conocimiento, desde mi propia experiencia, creo que a través de la práctica constante podemos volar nuestra mente hacia una salud mental profundamente mejor a través de la meditación.





dilluns, 24 de setembre del 2018

Conciencia plena mientras dormimos

Nuestra mente es un fluir continuo de conciencia momento a momento, un poco como un suministro interno de noticias de última hora de Twitter. Si nos quedamos dormidos con una mente no en calma, entonces nuestro suministro de noticias durante el sueño reflejará eso. Por ejemplo, podemos tener un sueño intermitente, o un sueño inquieto o despertar a las 3 a.m. incapaces de conciliar el sueño debido a pensamientos ansiosos.

En cambio si nos tomamos una pequeña cantidad de tiempo cada noche antes de quedarnos dormidos para pacificar y relajar nuestra mente, entonces nuestro suministro de "noticias mentales" reflejará ese estado. Nuestro sueño será más profundo y más reparador, e incluso podemos tener sueños reveladores que nos pueden ser de ayuda al despertar. Practicando más, podemos llegar a meditar mientras dormimos.

Atención plena sutil, durante el sueño


El entrenamiento en atención plena durante el sueño es un método especial conocido de hace mucho dentro por ejemplo del Budismo (Yoga del sueño: Dream Yoga). Todas las noches hay muchas imágenes y sensaciones en nuestra mente, como nuestros sueños y otras apariencias sutiles. Al comienzo de nuestro entrenamiento, carecemos de una  atención suficientemente sutil, por lo que no recordamos ninguna de estas cosas. Sin embargo, al afinar nuestra atención eventualmente podremos recordar nuestros sueños todas las noches.

Al aprender a identificar cuándo estamos soñando podremos soñar lúcidamente, lo que significa estar más o menos conscientes de que estamos soñando, con un cierto control sobre lo que sucede, y así transformar la experiencia del sueño en experiencias de auto-conocimiento.

Encontrar veinte minutos al día para meditar puede ser para muchos un desafío, ¡qué increíble sería si pudiéramos utilizar las horas de sueño para la meditación profunda e ininterrumpida todas las noches! Esta práctica hace que el tiempo que dormimos sea increíblemente productivo.

Para desarrollar esta habilidad, debemos tratar de entrenar todas las noches, comenzando cuanto antes mejor. Al fomentar la costumbre, crearemos nuevas conexiones cerebrales, como es sabido que ocurre siempre que nos esforzamos en adquirir nuevas habilidades, que algún día nos permitirán meditar durante toda la noche sin esfuerzo.

Entrenamiento de la atención sutil 

Establecer la determinación de permanecer atento durante toda la noche es fundamental para el éxito de esta práctica. Necesitamos tener un deseo sincero de poder llevar nuestra conciencia a través de la noche sin olvidar. Antes de intentarlo, podemos meditar brevemente sobre nuestra decisión de mantener la conciencia de que estamos soñando hasta que nos despertemos.

Necesitaremos paciencia en esta práctica porque estamos contrarrestando el hábito profundo mantenido toda la vida de volvernos inconscientes cuando nos dormimos. Es fácil frustrarse por la mañana cuando nos despertamos y sentimos que no recordamos nada, no debemos caer en el desánimo, recordemos que cada intento sincero, decidido, lentamente irá creando las conexiones cerebrales necesarias, quizá lentamente pero firmemente, si nuestra decisión también se mantiene firme

Podemos distinguir varios niveles de desarrollo de la habilidad, y cada uno de nosotros decidirá hasta cual pretende llegar.

  • Nivel 1: seguimos inconscientes mientras dormimos, pero al relajar profundamente nuestra mente antes de caer dormidos, nuestro sueño mejora en calidad, descansamos mejor. Para entrenar la habilidad necesaria, antes de caer dormidos meditamos sobre algún tema relajante, o éticamente elevado, sobre la bondad, etc, intentando sentir como el objeto escogido se va difuminando conforme nos dormimos, acompañando el proceso. La tradición hindú aconseja la repetición de mantras antes de caer dormido. Al día siguiente al instante de despertar, y antes de moverse, dedicar unos pocos minutos  a recordar nuestro estado antes de caer dormidos, y a sentir nuestro estado actual,  de semi-vigilia.
  • Nivel 2: somos capaces de darnos cuenta de que estamos soñando, y podemos retener un recuerdo parcial del sueño cuando despertamos;  por ello, somos capaces de mantener un diario de sueños, donde registramos parte de lo que soñamos cada noche. Este diario sirve como refuerzo para la habilidad: nuestro cerebro se da cuenta de que nos interesa recordar el sueño, para al día siguiente registrarlo en el diario, y por ello refuerza la habilidad necesaria. 
  • Nivel 3: despertamos parcialmente en el escenario del sueño, y podemos hasta cierto punto controlarlo. Seremos capaces de bloquear los malos sueños y disfrutar de los agradables. Es la continuación del nivel anterior, al que llegaremos si nuestra decisión de seguir mejorando nuestra conciencia sutil es firme.
  • Niveles superiores: nos damos cuenta de que nosotros no somos ese cuerpo que nos representa en el sueño, si no que somos la conciencia, que puede identificarse con el soñador o bien elevarse y contemplar de forma no identificada todo el escenario y sus protagonistas. Es muy parecido a lo que puede suceder  en una meditación de conciencia plena durante la vigilia, en la que el meditador es un observador sin juicio pero con conciencia plena de todo el escenario, que incluye su propio cuerpo, emociones y pensamientos. Dependiendo de la persona concreta, diversas tradiciones (como el Sufismo o el Budismo) consideran que este estado puede conducir a experiencias de tipo místico.

"Cuando despertamos de un sueño a la conciencia despierta, no pasamos de la irrealidad a la realidad, pasamos de un nivel inferior de realidad a un nivel superior. Y, dicen los místicos de todas las religiones, hay un nivel aún más alto, comparado con el cual esta vida despierta nuestra es tan insustancial como un sueño.
Sin embargo, hasta que nos despertemos, nada suena más absurdo que la afirmación de que estamos soñando, y nada parece más sólido que este mundo de los sentidos. ¿Por qué debería ser así? Si la bondad original es nuestra naturaleza real, ¿por qué no podemos verlo así? La respuesta es simple: porque vemos la vida no como es, sino como lo que nosotros somos. Vemos 'a través de un cristal oscuro', a través de las lentes distorsionantes de la mente: todas las capas de sentimiento, hábito, instinto y memoria que cubre el núcleo puro de la bondad en lo profundo ".  Eknath Easwaran.

Referencias