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dissabte, 7 de juliol del 2018

El amor como energía, ser conscientes de ello

Antes de nada, decir que en este artículo, entendemos por "energía" la capacidad potencial de generar una acción, de movilizar, de crear. Sin energía nada se mueve, nada puede hacerse, y nada puede existir. Hablaremos del amor desde un punto de vista "técnico", como una energía que nos mueve a relacionarnos con el mundo, analizando cómo lo expresamos las personas. Para ello, definimos tres niveles de expresión, dependiendo del nivel de auto-conciencia de la persona. Este tratamiento analítico es muy importante, pues las personas somos seres mentales, y necesitamos entender qué nos pasa y porqué, más aún en un tema tan importante como el amor. Reflexionar en lo que se expone a continuación, puede elevar nuestra visión de los que  somos, y hacernos más felices a nosotros y a nuestro entorno.

Nivel 1. Afectividad y sexualidad habituales

Habitualmente cuando hablamos del amor, nos referimos a su aspecto afectivo. que es cuando sentimos atracción por algo o alguien que vemos como deseable, como bueno o hermoso, o que simplemente despierta en nosotros el deseo de cuidarlo, de tenerlo cerca, de estar por él, despierta de alguna nuestra bondad activa, queremos hacer cosas buenas por él. Este seria el aspecto "dar" del afecto, también está el aspecto "recibir", por el cual esperamos recibir afecto de "quien debería tenernos afecto", por ejemplo nuestros padres, familia, pareja, amigos. A menudo se mezcla el identificar el amor no sólo con este aspecto afecto, sino también, en mayor o menor grado, con el aspecto sexual, biológico. Tenemos aquí toda la variedad de casos típica de la humanidad: desde personas cerradas a su afectividad que prácticamente sólo viven el amor a través del sexo y nada más, pasando por otras que lo balancean en más o menos, hasta personas cerradas al sexo que quieren vivir el amor principalmente en su faceta afectiva, bondadosa. Entre estos extremos se mueve actualmente la mayor parte de la humanidad (escrito a principios de siglo XXI, para conocimiento del que lo lea mucho tiempo después, si es que estos textos sobreviven).

Nivel básico: el amor se expresa como afecto-sexo hacia otras personas


Incluso una persona determinada no siempre está fija en una posición concreta de esta escala afectividad-sexualidad, sino que se mueve entre esos dos extremos dependiendo de la otra persona con la que se relacione y de las circunstancias. 

Vemos que el amor en esta manifestación habitual es siempre dual: nosotros y el objeto amado, damos y recibimos afecto y/o sexo. Es siempre relativo a un objeto, nos relacionamos con algo externo a través del amor. Si no tenemos ese objeto al que amar, no podemos amar a nada; el objeto puede ser cualquiera, incluso un trabajo o un club de fútbol. Por ello, podemos verlo como una energía que nos hace relacionarnos con el mundo, pero no es una relación intelectual, fría, sino emocional, transformadora, enérgica. 

Nivel 2. Vivir directamente nuestra afectividad personal

Algunas personas desarrollan la consciencia de su propia afectividad, se dan cuenta claramente de que su afectividad hacia cualquier objeto externo es su afectividad, surge de ellas mismas. Al darse cuenta de ello claramente, hasta cierto punto se independizan de los objetos externos de afectividad. Este es un cambio de perspectiva importante: la persona vive de modo directo su afectividad, independientemente de si se dirige a tal objeto o a tal otro. Cuando no se es auto-consciente de la propia afectividad, la persona es dependiente del exterior: si la persona amada no nos corresponde, sufrimos, o si no podemos dar afecto a quien queremos, también sufrimos. Incluso siendo correspondidos, si no lo somos en la medida deseada, o en la forma deseada, también sufrimos.

Se dice que el amor es la energía primordial del Universo (“Dios es amor” -1 Juan 4:8-); cuando esa energía queda parcialmente atrapada en nosotros, no puede circular y vivificarnos, sufrimos. Siempre es nuestra mente la que actúa abriendo o cerrando el flujo del amor, decidiendo si en tal situación, con tal persona, deberíamos ser amados o deberíamos dar amor, y en que forma y medida. Pero nuestra mente tiene la capacidad de percibir claramente el origen de nuestra afectividad, y es de nosotros mismos, de nuestra interioridad; es entonces cuando nos volvemos capaces de relajar ese control de la mente, de soltar ... y nos volvemos capaces de vivir nuestra afectividad directamente, con cierta independencia del exterior.

Afectividad y ego
Hay personas que llegan a este conocimiento buscando protección de las decepciones que han tenido con el amor, del dolor que han soportado, o de la incertidumbre inherente a depender de objetos externos que pueden fallarnos; esas personas son lo suficientemente conscientes e inteligentes para analizar la situación de relación que ha salido mal, y son capaces de irse hacia su propia afectividad interior, para vivirla directamente, sin depender de nadie, soltando ataduras externas. Por ello, tienen más facilidad para "querer y dejar de querer, o dejar ir" a los demás; en el aspecto sexual, pueden ser más promiscuas sin sentirse superficiales por ello, al contrario, están viviendo su propia sexualidad más intensamente. Ya no sufren si el objeto exterior desparece o deja de ser "adecuado", y esto es claramente una ventaja... para ellas, porque para los demás, si todavía están en el nivel anterior de dependencia, pueden ir sembrando dolor a su paso, al romper relaciones con suma facilidad. Además, al tener más conciencia y conocimiento, ven a la otra persona que sufre de desamor como alguien perdido en la ignorancia, como alguien que vive erróneamente el amor, y no se compadecen en absoluto, piensan "ya se le pasará, y quizás aprenda algo de esto".

Vemos que no todo son ventajas en esta forma más interior de vivir el amor: puede ser que estas personas utilicen a los demás como instrumentos para vivir intensamente su afectividad y sexualidad, o sea, que los utilizan para su gozo personal. También suele suceder que estas personas no se entreguen a sí mismas en la relación amorosa: pueden dar mucho afecto, pero interiormente guardan una "distancia de seguridad"; en realidad, hay un miedo actuando, el miedo a entregarse totalmente y a ser dañado en consecuencia, y de ahí el querer conservar una independencia: te doy mi afecto, si, pero no a mí mismo. Esto es típico del ego, que siempre está a la defensiva, a veces de formas muy sutiles.

Aquí de nuevo tenemos toda la gama de posibilidades humanas: personas muy afectivas con todo el mundo pero más cerradas en su aspecto sexual debido a sus ideologías (recordemos que la mente actúa como un "grifo" del amor, abriendo o cerrando su flujo), o bien usando a los demás como meros objetos sexuales si es que su ideología le indica que eso es lo correcto. Se puede caer en esta visión egoísta del otro como mero instrumento para vivir la propia sexualidad. También algunos "seguidores informales" del Budismo creen que al obrar así están siguiendo la doctrina del "no apego", una de las vías del Budismo para liberarse del sufrimiento, aunque lo tienen mal entendido, no es eso, es un concepto más profundo, en este blog hay varios artículos sobre el amor y el apego, por ejemplo: sobre el amor y el apego.

Esta utilización de los demás para vivir la propia afectividad sucede debido a que la persona vive el amor de forma egocentrada. Tanto en el nivel 1 como en el nivel 2 la relación amorosa está supeditada a la conveniencia personal; esto puede ser sutil, siendo necesario estar muy auto-consciente para detectarlo: puede ser que una persona esté siendo afectuosa con otras no como expresión natural de su ser, sino como medio de sentir esa afectividad en su interior, de disfrutar ella del dar afecto, y del recibir afecto a cambio.

Interiorización: el afecto se vive en sí mismo, con cierta independencia de los objetos externos

Nivel 3. Vivir la esencia de la afectividad

La persona puede profundizar más su auto-conciencia en el aspecto afectivo, buscando conectar con la esencia de su afectividad. Así como en el nivel anterior se vivían los estados de afectividad personal, más o menos independientemente de los objetos externos, en este nivel se vive la afectividad en sí, impersonal, trascendiendo totalmente la dualidad sujeto-objeto.  En el nivel básico se depende del exterior, en el nivel siguiente, se depende de los estados afectivos interiores, se disfruta del hecho de amar, y por ello la persona no se entrega, es un gozo personal, una especie de sensualidad amorosa, de estar enamorado de la emoción del amor. Cuando vivimos la esencia misma de la afectividad, soltamos todo, incluso esos estados afectivos personales, que se trascienden, al igual que se suelta el ego, aquel que desea vivir la afectividad pero tiene miedo a ser dañado si se abre demasiado y se entrega.

Afectividad unificada, no hay dependencia alguna
Al vivir la afectividad directamente, podemos expresarla en cualquier situación, en cualquier momento; tenemos la libertad absoluta de vivirla siempre, de experimentar estados afectivos positivos de forma continuada, de hecho, son parte integrante de nosotros mismos, no necesitamos desearlos ni provocarlos, los somos. Se vive directamente un estado de felicidad como algo muy real. Y se establecen relaciones afectivas que se viven desde esa profundidad, como una expresión gozosa de nuestro ser. Puede entregarse totalmente, sabiendo que nunca va a salir dañado, pues al haber soltado toda expectativa de ser correspondido, de dar y también de recibir a cambio, no tiene nada que perder. Sólo se puede amar así cuando se vive más o menos centrado en el Ser, cuando el ego personal está muy debilitado, y todas las protecciones del ego se han soltado por innecesarias. Es en este nivel que podemos escribir la palabra Amor con mayúsculas, pues es cuando realmente lo somos y lo expresamos, sin filtros ni barreras. Este es el amor incondicional, o sea, el que se expresa sin condiciones, y también es el amor sin apego del Budismo, pues das sin atarte, que no es lo mismo que dar sin entregarte: ahora puedes entregarte totalmente sin atarte.

La persona puede llegar a experimentar este estado cuando se da cuenta de que en el nivel anterior, el de disfrutar directamente de los estados afectivos, hay egoísmo, hay una utilización de los demás para provocar esos estados, y por tanto es un amor imperfecto, tanto si lo ha visto en sí mismo, como si lo ha visto en otros.

Amor-energía-consciencia

El amor es una energía de relación, y para manifestarse necesita medios, nosotros somos el medio. La forma de manifestación concreta depende de nuestra mente y de nuestro nivel de conciencia; si estamos muy condicionados por la mente, por sus ideas fijas de "cómo deberían ser las cosas", nuestra expresión del amor estará igualmente condicionada. Sólo cuando relajamos nuestros controles, ideologías, miedos, y conectamos nuestra mente con nuestro ser interior, el amor-energía puede expresarse entonces a través nuestro de forma limpia, directa, tal como es en esencia. Es ese amor que es capaz de cumplir fácilmente e incluso superar la definición de San Pablo, que de otra forma nos parece inalcanzable, sólo reservada a personas santas:
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. San Pablo. Primera Carta a los Corintios.



diumenge, 1 de juliol del 2018

Desmitificando la iluminación y la auto-realización

Muy en general se ve al concepto "alcanzar la iluminación" como algo poco deseable, reservado a adeptos y anacoretas que se aíslan del mundo, y viven extasiados y desconectados de la realidad cercana, la que vivimos el resto de las personas.  En realidad, la analogía con la luz, con iluminar, nos indica que estamos hablando de ver claramente, de esclarecer bajo la luz del entendimiento, o de la percepción simple y directa. Se suele distinguir entre la iluminación intelectual, que es aquella en la que la mente llega a ver un asunto o problema en profundidad y extensión, con claridad, de la iluminación espiritual, en la cual vemos claramente la realidad del espíritu, no creemos en él con fe ciega, sino que lo vemos. 



Toda iluminación, tanto la intelectual como la espiritual, tienen grados: se puede ver de forma tenue, con más claridad, o con mucha claridad. Para iluminar mentalmente un asunto suele se necesario primero dedicar mucho tiempo a reflexionar, estudiar el tema, a "mirarlo" mentalmente, intentando poner luz sobre él. A menudo la iluminación llega de golpe, como si se encendiera la luz: el entendimiento se consigue de repente, y ya es nuestro para siempre, veremos el asunto con más y mejor entendimiento. 

La separación que hacemos entre conocimiento material, "real", y conocimiento espiritual es de hecho artificial, pues la realidad es una, única, y comprende todo el espectro de conocimiento. Hace milenios intentar entender la naturaleza última de la materia era metafísica, hoy en día para nosotros es simple Física, aunque la materia sigue siendo igual ahora que entonces. De igual modo, la práctica de la meditación era reservada a unos pocos monjes aislados en monasterios, mientras que actualmente es una práctica cada vez más extendida entre la población en general. Etiquetamos como "real" o "espiritual" al conocimiento desde nuestro conocimiento actual; cuando profundizamos, vemos que todo es simplemente conocimiento. 

Como decíamos, la iluminación tiene grados: no es un todo o nada, hay toda una gradación de la luz disponible. La vieja imagen del iluminado desconectado de la vida sólo sucede cuando uno busca aislarse del mundo para encontrar otra realidad, entonces encuentras exactamente lo que buscas: desconexión. Si permanecemos aquí, y buscamos conocimiento tanto externo como interno, seguiremos estando aquí, no nos desconectaremos, sólo veremos las cosas desde un punto de vista distinto, con mejor conocimiento y más perspectiva. Se puede estar iluminado y conservar un alto pragmatismo y sentido práctico de la vida. 

La iluminación gradual, "aterrizada" (una vez más uso este calificativo inspirado en el profesor de mindfulness Fernando Tobías) o sea sin desconectarse del mundo, se consigue realizando un trabajo constante, personal, sobre uno mismo a través de la meditación. Sus efectos son diversos y comprobables:

  • percepción del automatismo del pensamiento y de las emociones
  • percepción del "observador" de esos pensamientos y emociones
  • incremento de la paz, de la serenidad y ecuanimidad mental 
  • estabilidad emocional
  • aumento de la empatía
  • capacidad incrementada de ver el fondo de las cuestiones
  • disminución de las "necesidades" ilusorias y del deseo en general
  • mayor satisfacción vital, mejora de la calidad de vida
  • mejora de las relaciones interpersonales
  • ( . . .)
Gozo incondicional (aunque
en la imagen se debe a enamoramiento)

Todos estos efectos no son el objetivo, aunque habrá quien desee conseguirlos y por ello se disponga a meditar, sino efectos colaterales de la iluminación gradual. El verdadero objetivo es simplemente ver con claridad, más allá de ideas previas o ideologías cerradas. Es saber, conocer, realizar. Si sólo buscamos algunos de esos efectos, sin duda los conseguiremos en cierto grado, pero sólo los conseguiremos todos en alto grado si nuestro objetivo es simplemente saber, ver bien, entender.

Y hay más efectos, los que hemos descrito sólo son los que encuentras en los grados más elementales de iluminación, y son alcanzable por todos nosotros si tenemos suficiente constancia en la práctica. La visión que se consigue del mundo y de todo lo que contiene, y de nosotros mismos en los grados superiores es realmente difícil, o imposible, de describir a quien no haya alcanzado cierto grado de iluminación. Se puede intentar describirlo con palabras, pero su entendimiento ha de esperar el momento:

  • sentimiento profundo de unidad con todo lo existente
  • pero al mismo tiempo, sensación de ser alguien más allá de todo lo existente
  • conciencia de Ser: sólo Ser, sin hacer, sin pensar, sin materialidad, simplemente "yo soy"
  • percepción de una interioridad tan profunda que parece no tener fondo, parece ser infinita
  • sensación de gozo incondicional (me gusta especialmente una definición de un libro de Paul Brunton: la meditación para la iluminación es un arte que nos enseña a ser felices incondicionalmente)
  • bondad extrema, interna, incondicional
  • sensación interna de energía sin límites
  • silencio mental, la mente parece una catedral vacía, inmensa, en la que estas sentado en un banco central, contemplando
  • (. . . )

Estos serian los efectos observables por uno mismo de un segundo nivel de iluminación. Es destacable que "desde fuera" no son directamente observables: la persona iluminada parece "normal", sólo a veces ciertos comportamientos denotan que ahí hay algo más. En cambio la persona que está en proceso de iluminación nota que su vida ha cambiado totalmente por dentro, nada es como era, todo se ve distinto. Hay más, mucho más, pero ya no tendría sentido intentar describirlo, sólo tiene sentido vivirlo, experimentarlo por uno mismo. 




dimecres, 13 de juny del 2018

No dualidad, emociones y trascendencia

Visión dual y visión no dual del mundo

La no dualidad es una forma de ver el mundo en la que no distinguimos separación alguna entre todo lo que contiene, más bien lo vemos como un todo integrado, en el que cualquier parte de él se puede ver como parte sólo porque nuestra mente es capaz de separarla conceptualmente, pero en realidad no existe tal separación, sólo es un concepto nuestro. 

   
Cada ola está separada del mar sólo como concepto en nuestra mente, el mar es un todo.


No es esa nuestra visión habitual, más bien lo vemos al revés, todo lo que nos rodea es etiquetado, categorizado, separado. Esa es una de las funciones principales de la mente: separar el todo en componentes, discriminarlos, diferenciarlos, analizarlos y crear conceptos: el mar, las olas, las olas rompientes y las olas del mar profundo, olas oscilatorias ... la mente va creando conceptos al analizar detenidamente el movimiento del mar. Con la educación que recibimos desde niños se potencia al máximo esta función analizadora de la mente, tanto que acabamos viendo el mundo como una inmensa colección de "cosas" independientes y separadas; es la conocida "ver los árboles y no ver el bosque". Es la visión dual del mundo.

Ver la dualidad es útil para sobrevivir

Nos observa atentamente :-)

Los animales superiores también tienen esa capacidad de discriminación, de tomar conciencia de la dualidad entre ellos y el mundo, y la utilizan para su supervivencia; un lobo, un castor, incluso una hormiga, distingue claramente los límites de su territorio, en todo momento sabe si está dentro o fuera de él, tiene ese concepto primario de dentro/fuera, mío/no mío, y distingue claramente los lobos de su manada de los que no lo son. En el ser humano esta capacidad se ha desarrollado completamente. Al mirar algo, de forma inmediata lo categorizamos, comparamos y analizamos. Tanto es así, que incluso hemos desarrollado la capacidad de hacerlo con nosotros mismos: nos categorizamos, comparamos y analizamos, separándonos conceptualmente del resto de la humanidad. Somos altos o bajos, jóvenes o viejos, listos o menos listos, progresistas o conservadores, hábiles o torpes, y un larguísimo etc, pues hay incontables categorías y subcategorías para clasificarnos a nosotros y a los demás. 
 

Llevar al extremo la dualidad, fuente de sufrimiento

Está claro que analizar y categorizar es tremendamente útil para la supervivencia; no sólo distinguimos cosas básicas como hacen los animales, somos capaces de crear un medio ambiente de máxima comodidad, controlando las fuerzas naturales, transformando el medio ambiente, creando materiales, deteniendo enfermedades ... Pero por otro lado el vernos a nosotros mismos tan tremendamente clasificados y diferenciados respecto al resto del mundo conlleva miedo y sufrimiento, pues somos débiles, expuestos no sólo a enfermedades, accidentes, vejez y muerte como el resto de seres vivos, sino también a otras fuentes de sufrimiento como vernos en categorías que no nos gustan: nos consideramos feos y queremos ser guapos, tontos y queremos ser listos, viejos y queremos ser jóvenes, etc, o bien nos consideran los demás lo que no nos gusta. Esta situación provoca diversos trastornos psicológicos. 

Así, el problema surge cuando utilizamos de forma indiscriminada la capacidad mental de separación dual, útil para la supervivencia en nuestro medio, para categorizarnos a nosotros y/o a los demás en infinidad de categorías "negativas", o no deseadas.  


Cruzadas: destruir otras religiones con otras ideas de Dios
El odio y todas sus formas derivadas, por ejemplo, es una reacción emocional que surge respecto a algo externo que hemos categorizado como indeseable; el instinto de supervivencia animal, activo en nosotros,  interpreta nuestro rechazo como un peligro, y entonces se activa el deseo de destruir aquello, de que desaparezca de la existencia. Si no hubiera tal categorización negativa de ese algo, no se presentaría tal deseo destructivo. Vemos pues que las emociones negativas, que básicamente son todas derivadas de las primarias miedo (huir del peligro) o ira (destruir el peligro), son adaptaciones del instinto de supervivencia animal a la mente humana, la cual al estar categorizando y conceptualizando absolutamente todo, activa el instinto en numerosas ocasiones sin que exista realmente ningún peligro real para la persona. Como consecuencia la persona tiene unas emociones-pensamientos muy sensibles a la negatividad, es fácilmente perturbable, la persona es fácilmente "negatilizable" por decirlo así.

Incluso los sufrimientos "naturales" compartidos con el resto de la vida los sufrimos más, pues somos conscientes de que estamos enfermos, o de que se acerca nuestra muerte; en un animal este conocimiento no se da, se siente dolor, debilidad, pero no hay el sufrimiento de saber que te está ocurriendo a ti y la resistencia inútil a ello. 

Probablemente los autores del libro del Génesis, la primera parte del Antiguo Testamento, iban por ahí: la expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal debe de ser una metáfora que simboliza el despertar de la mente humana, de esa capacidad de separarlo todo, de verse a uno mismo como un ser independiente del todo, y por tanto aislado, sólo, en frente de todos los peligros, sujeto a ellos. Ese antiguo texto presenta a la humanidad como castigada por el Ser supremo por su osadía de querer tener el conocimiento, simbolizado por la manzana del árbol del bien y del mal. En efecto, el precio de obtener el conocimiento que tenemos es esa separación extrema como individuos aislados del resto del mundo, que conlleva el miedo a ser dañados, destruidos. La individualidad del ser humano puede ser una pesada carga. Pero también puede ser la puerta de entrada a un siguiente estado de evolución, a una forma más elevada de vivir y de ser.

Cultivar la mirada no dual 

Podemos ejercitarnos, a voluntad, en cultivar una forma de ver el mundo más integrada, más como un todo, sin estar constantemente analizando sus detalles, rompiendo el todo en infinidad de partes. La realidad es una, y recuperar esa visión de la realidad es sanador, y además es auténtica. Es un relajar la mente y dedicarte a contemplar y no a analizar. Al contemplar un paisaje lo ves como un todo; al contemplar un cuadro no analizas la época, corriente, técnica, etc a la que pertenece, te limitas a disfrutar de su contemplación. Al escuchar música te limitas a eso, no a pensar en quien canta, a que grupo pertenece, etc. Esa práctica de contemplación, de vivenciar experiencias sin analizarlas, relaja la mente y nos prepara para una visión menos dualista, más integral del mundo. 
 
Colonia de pingüinos, ¿se ven como individuos aislados? ¿como un todo vivo? ¿y con la isla?
En esta línea es útil la relajación vivencial y la conciencia plena en el cuerpo: nos centramos en la sensación de corporalidad, o en el cuerpo en sí; el cuerpo no discrimina nada, no piensa, simplemente vive aquí y ahora. Por ello, dirigiendo nuestra atención al cuerpo de forma plena, atenta, la mente deja de analizar temporalmente. Cuando adquirimos práctica, podemos llevar nuestra conciencia a integrar el cuerpo con el ambiente, a verlo todo como una única realidad física, no separada, no dual. Cuando se consigue, se experimenta una paz difícil de describir: uno ya no se siente separado, aislado, uno es uno con todo.

Evolución humana: inteligencia emocional

Desde hace algunas décadas hemos aprendido que se pueden educar y gestionar las emociones. Hemos visto como se producen las emociones negativas, y como muy frecuentemente las sufrimos sin motivo real; ¿qué utilidad y sentido tiene enfurecerse o deprimirse por que nuestro equipo de fútbol haya perdido un partido importante?, o  es realmente útil y deseable que haya gente que "nos caiga mal", que intentamos evitar todo lo posible porque nos afectan negativamente? La inteligencia aplicada a las emociones nos lleva a discriminar en nuestras propias reacciones emocionales, distinguiendo claramente si nos son útiles o por el contrario nos hacen daño. Es un discriminar más aún, aplicando categorías a las emociones, clasificándolas, viendo su origen y evolución, para poderlas gestionar y controlar, como hacemos con todo lo demás en nuestras vidas. De la misma forma que aprendemos a usar el mando de la TV para cambiar de canal cuando el programa no nos gusta, también adquirimos un mando para cambiar nuestras emociones cuando las que se presentas son poco útiles y perjudiciales. 

Evolución humana: trascendencia y espiritualidad

La capacidad de analizarlo todo desde una perspectiva dual, de separación, puede también evolucionar en profundidad, objetivando todo nuestro campo de conciencia: vamos observando nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestros pensamientos, y llega un momento en que todo es objeto de contemplación, y queda apartado el sujeto que lo observa todo; ese sujeto-observador no es nada de lo observado (esa es la esencia de la visión dual, el sujeto y lo observado), no es cuerpo, ni emociones, ni mente ... ¿qué es pues? Ahí llegamos a las puertas de la trascendencia, sobre la que hemos escrito algunos artículos en este blog, y de la espiritualidad, entendida como una vivencia conectada a niveles no materiales, sutiles. Una herramienta fundamental para vivir la trascendencia es la relajación vivencial, la meditación, y la práctica de la conciencia plena o mindfulness. Hasta aquí todo este artículo ha sido bastante teórico, para pasar a la práctica es necesario ejercitarse uno mismo.

Sobre trascendencia tenemos en este blog:
Y sobre inteligencia emocional, gestión de las emociones y potenciación de las emociones positivas encontramos:

Sobre espiritualidad no tenemos aún, en el momento de escribir estas líneas, ningún artículo concreto, pues la finalidad de este blog es la de promover el conocimiento y la práctica de la relajación, la meditación y la conciencia plena.
 
 
 


dilluns, 4 de juny del 2018

La personalidad positiva

En el último artículo hablamos de como desprogramar la reactividad emocional negativa por medio de la atención plena. En este artículo nos enfocamos no en las emociones negativas, sino en el desarrollo estable de las positivas, para lograr tener una personalidad bàsicamente positiva, independientemente de las circunstáncias.

La vida es esencialmente positiva

La vida es expresión, es crecimiento y aprendizaje, es interrelación, y todos estos aspectos son esencialmente positivos, pues positivo es sinónimo de afirmativo, de constructivo, como lo negativo es sinónimo de negación, de destructivo. Pero la humanidad es complicada, la sociedad es compleja, con exigencias y circunstancias que a menudo niegan a la persona, la ponen en entredicho, la cuestionan.  La persona, ya desde su niñez, se encuentra con impresiones negativas que frecuentemente producen un estancamiento de la expresión positiva que es de forma natural toda persona. Esos estancamientos se producen a tres niveles: en nuestros sentimientos, en nuestros pensamientos y en nuestras actitudes. 

Bloqueos en los sentimientos, pensamientos y actitudes

El sentirse negado, minusvalorado, puesto en duda, genera en la persona que no ha trabajado su inteligencia emocional una fuerte emoción negativa, que si sucede más de una vez, si va sucediendo de vez en cuando, termina por estabilizarse, por convertirse en un sentimiento de rechazo, o de miedo a ser rechazado; esto es muy frecuente que suceda cuando en la infancia se nos dice que no somos muy inteligentes pues nuestras notas son justas, o que no valemos para cierto deporte. A veces, un comentario negativo por parte de un adulto hacia un infante queda grabado en la memoria por muchos años. Queda un sentimiento, a veces subconsciente, de negación, de no ser suficientemente bueno, de no ser válido.

Esos sentimientos más o menos conscientes provocan un estado mental de desasosiego, un no estar plenamente convencido de uno mismo y del entorno, y entonces la persona puede querer ser mejor, distinta, puede suceder que se cree una anhelo de cambio de la propia persona o de su entorno. Pero también van sucediendo cosas en el día a día que muestran que no es tan fácil cambiar, cosas que siguen siendo negativas, y así se establece una forma de ver el mundo fundamentalmente negativa, que lo ve como problemático, como distinto a lo que debería ser, incluyéndonos a nosotros mismos, que también desearíamos que fuéramos más ... muchas cosas, más inteligentes, más pacientes, más decididos ...

Y con esos sentimientos e ideas establecidos, viene la actitud preconcebida hacia todo lo que me rodea: el mundo se ve como un campo de batalla donde los problemas se van sucediendo uno detrás de otro, sin descanso; mi valoración de los sucesos y de las demás personas van en función de si me benefician personalmente o me perjudican. Vemos la vida como una sucesión de preocupaciones y tensiones. Nos sentimos sometidos constantemente a prueba. Esta es la auténtica razón de que haya tanta gente estresada, cansada, siempre esperando al fin de semana y a alas vacaciones, pues estar siempre batallando contra todo es realmente muy cansado, muy estresante. 

Actitud positiva, proactiva

Todos tenemos la capacidad, preciosa, de ver, de darnos cuenta de las ideas que tenemos aceptadas en nuestra mente y por las cuales solemos guiarnos. Y una vez las hemos detectado, objetivado (esto es, verlas como objetos, desde nuestra posición como sujetos que las observan), podemos también re-educarnos a nosotros mismos. La creencia de que esto no es posible, de que "nosotros somos como somos", es sólo eso, una creencia basada en no haber desarrollado nuestra habilidad innata de auto-observarnos con atención. 

Para llevar cabo esta reprogramación de nuestra actitud es importante tener claro que no hay que confundir los estados negativos con las dificultades exteriores,  las que tenemos que afrontar y son plenamente normales, naturales.  en cambio Los primeros los estados negativos son interiores, negativizan nuestra forma de ser y de estar en el mundo; con un estado negativo "a cuestas", los problemas exteriores son más pesados de resolver, hacen que nuestro esfuerzo por superar las dificultades de la vida sean más arduos, pues estamos como disminuidos por dentro.

Estuve hablando con un conocido del gimnasio donde voy de vez en cuando; tiene un físico realmente impresionante, no en vano entrena su cuerpo dos horas diarias siete días a la semana; combina el entrenamiento en boxeo tailandés (Muay Thai) con las pesas, y lleva algunos tatuajes grabados, que le dan aún más aspecto de "tipo duro". No obstante en la conversación me confesó que había pasado un par de meses decaído, deprimido, por "acontecimientos exteriores" según sus palabras, recalcándome que no era nada interior suyo, sino exterior. Me llamó la atención ese tipo hercúleo, en un estado interior deprimido, negado, por causas exteriores; no se daba cuenta de que su negatividad era totalmente suya, era elección suya, y que el exterior no tenía por qué provocar esa respuesta. Su personalidad no era ni de lejos tan fuerte como su cuerpo.

Cuando la persona reflexiona profundamente en esto, y además trabaja su visión interior, su conciencia plena de sus estados interiores, de sus condicionamientos, actitudes, sentimientos, se vuelve capaz de dejar a un lado la negatividad, de desconectar su estado interior de los problemas exteriores; entonces ve claramente que la vida, su vida, es siempre positiva, pues cualquiera que sea la dificultad externa, tanto si la resuelve como si no es capaz de hacerlo, eso no altera en nada su propia validez como persona, que siempre se está afirmando de forma positiva en su acción en el exterior. El triunfo deja de medirse por los resultados exteriores y pasa a estar conectado con la acción en sí, con el hacer todo lo posible en cada momento, con esa sinceridad en la acción, en la expresión de la persona, con ser uno mismo, ese es el triunfo. Claro que se sigue buscando y valorando el éxito externo, pero interiormente ya no se depende del resultado. 

Forma de conseguirlo

En este blog nos limitaremos a las técnicas basadas en la relajación y la atención plena. La relajación vivencial nos permite relajar esas tensiones continuadas que hemos desarrollado en lo que vemos como una lucha continuada, y nos ayuda a tomarnos las cosas con otra perspectiva; además, el tomar plena conciencia de los estados relajatorios nos prepara para esa auto-observación de nosotros mismos necesaria para desactivar los condicionamientos negativos. Complementando la relajación con la reflexión calmada de todo lo que hemos dicho, y combinándolo con prácticas de atención plena y de autoobservación, podremos ir desmontando las reacciones y actitudes negativas. Puede ser un proceso largo,  pero muy satisfactorio y provechoso, y además lo iremos notando a medida que progresemos, no es necesario llegar a un nivel avanzado para beneficiarse de ello.

diumenge, 27 de maig del 2018

Gestión de la emociones negativas con atención plena

Cayendo en la negatividad
Si no vigilamos de cerca, atentamente, lo que pensamos, podemos fácilmente caer en el lento pero constante desarrollo de una tendencia compulsiva a pensar en negativo. El problema no es lo que determinada persona haya dicho o no haya dicho, haya querido decir o no haya querido decir; el problema real es que hemos desarrollado la compulsión de quedar afectados por lo que cualquiera diga sobre nosotros, lo que es equivalente a decir que estamos desarrollando una tendencia a ser disgustados, molestados, o directamente cabreados por cualquiera. Nos estamos haciendo a nosotros mismos "disgustables", "molestables", "cabreables", o sea, emocionalmente frágiles bajo estrés. Es como si nos entrenáramos para ello, pues cada vez que reaccionamos así, reforzamos el comportamiento; acabamos siendo sensibles a las más mínimas señales negativas de los demás, y quedamos a completa merced de los demás, de sus actitudes hacia nosotros.


Atender al pensamiento
¿Cuál es el remedio? Des-programar el hábito adquirido. Se puede hacer por métodos diversos, pero aquí mencionaremos sólo el entrenamiento en la atención plena: cuando ya hemos progresado un poco en la adquisición de esta habilidad personal, estaremos preparados para empezar a aplicarlas en la des-programación del hábito de la reactividad negativa. En efecto: al ser capaces de atender, con cierta perspectiva y distanciamiento, lo que pensamos en cada momento, podremos detectar cuando la mente divaga hacia recuerdos desagradables o pensamientos negativos, y una vez detectado, podremos también desviar la atención voluntariamente hacia el presente, hacia el aquí-y-ahora, hacia nuestras sensaciones vitales, nuestro cuerpo, o simplemente detener el flujo de pensamientos y buscar el silencio mental. No nos dejaremos llevar inconscientemente por la reactividad. Ésta es una habilidad preciosa, que llega de forma natural a medida que vamos progresando en la práctica de la atención plena. Y cuando la aplicamos a la vida diaria, cuando enfrentamos sin reaccionar las situaciones que antes nos invadían de emociones y pensamientos negativos, y lo hacemos atendiendo amablemente, con cierta distancia, a lo que está sucediendo, poco a poco vamos des-progamando nuestros viejos hábitos, los que nos hacían tan vulnerables emocionalmente.

Pobreza recibida con alegría
A medida que des-programamos nuestra actitud de reacción negativa, nos viene otra habilidad maravillosa: la de poder escoger libremente nuestras reacciones. Podemos por ejemplo escoger responder con gentileza, con amabilidad, ante cualquier situación por estresante que pudiera parecer; es posible hacerlo, cuando se va adquiriendo la habilidad de no dejarse llevar por reacciones negativas. Entonces dejan de "caerte mal" ciertas personas, ya no necesitas evitarlas, para impedir que te alteren tu estado de ánimo, porque nadie puede alterarlo, eres demasiado estable para ello. 

Hay también otro efecto muy importante, y es que nos volvemos más empáticos, más tolerantes con las personas, e incluso con nosotros mismos. Al eliminar la reactividad negativa, nuestra capacidad de escuchar, de entender al otro, y de aceptarlo con sus defectos y sus virtudes, se ve grandemente aumentada. Y ṕor las mismas razones, eliminamos también la posibilidad de caer en pensamientos negativos hacia nosotros mismos del tipo "no me gusto a mí mismo". Todos nos equivocamos, nadie es perfecto, es más, todos tenemos el derecho a equivocarnos y a ser imperfectos; además el ser humano "viene de serie" con la importante habilidad de aprender de los propios errores. 


Escoger la bondad constante
Así que no se trata de ser unos santos, invulnerables a toda maldad humana, en absoluto, se trata simplemente de usar bien nuestras capacidades innatas, de aprender a observar de cerca nuestras reacciones, pensamientos y emociones, y si vemos que son negativas, con toda la paciencia enmendarlas. Sólo cuando renunciamos a usar estas valiosas capacidades, y nos estancamos en la negatividad, es cuando podemos conducirnos a nosotros mismos a la negatividad compulsiva. Usando bien nuestras capacidades, la reacción negativa todavía se presentará, pero seremos capaces de captarla, de distanciarnos de ella, de no dejarnos arrastrar por ella, y de escoger libremente nuestra respuesta, la mejor que sepamos dar en esas circunstancias. 

Adaptado de "Conquest of mind - E. Easwaran"

 

dilluns, 7 de maig del 2018

Meditar no es solo entrenar la mente o la atención plena

Debates sobre lo que es la meditación

Hace poco tiempo, en una charla sobre mindfulness aplicada a la educación, una profesora preguntó si las prácticas simples que estábamos describiendo, como las de atender plenamente a lo que estamos haciendo en el momento presente, era meditar, a lo que contesté que no, que para mí meditar es un buscar una trascendencia, una espiritualidad, mientras que las prácticas que estábamos describiendo estaban orientadas a fines mucho más prácticos, como son desarrollar la atención, calmar las emociones, mejorar el clima escolar ... inmediatamente otra profesora intervino para expresar su desacuerdo con esta clasificación. 

En realidad, hay cierta confusión con la definición de meditación, e incluso un poco también con la de mindfulness, y en este artículo intentaremos poner un poco de luz en el tema; vaya por delante que no es nuestro propósito crear polémicas o discusiones: se puede definir lo que es meditar desde diversos puntos de vista, y de ahí vienen las discusiones, pues cuando se defienden definiciones que parten de bases distintas pocas coincidencias se encontraran, y querer llevar la razón en una definición particular contra otras igualmente válidas que se basan en premisas distintas es una tarea que no puede tener nunca éxito, incluso aunque fuera deseable imponer el criterio propio. 

¿Cuál será pues nuestra base para definir lo que es meditar y lo que no es meditar, y por que tomaremos esa base y no otra? Lo definiremos en base a la motivación de la persona que medita, y no en base a la técnica concreta; será un responder a la pregunta ¿qué buscamos? ¿qué queremos conseguir?. Y, ¿por qué escogemos esta base de definición y no otra? Por su simplicidad, especialmente para las personas que se acercan al mindfulness, al Yoga, y a otras tradiciones, y necesitan definiciones claras y simples, sin tecnicismos. 

Meditar para trascender

Definamos pues meditar como la práctica que realizamos con la motivación de llegar a una visión y vivencia trascendente, o espiritual, de la realidad. ¿Y que entendemos por trascendencia? En otro artículo de este blog, Trascendencia: qué es, dificultades, advertencias y oportunidades que nos aporta,  decíamos:

La trascendencia no trata de cambiar marcos mentales, sino de adquirir un punto de vista más elevado, con más amplitud, desde el cual observas todas las ideas con desapego, de forma ecuánime, sin identificarse con ninguna de ellas. No buscamos un marco mental óptimo para triunfar en el trabajo, o en nuestras metas personales, al contrario, soltamos, aflojamos nuestro aferrarnos a ideas, y quedamos en libertad, desligados de cualquier idea, ideología, visión concreta. 
En la trascendencia de todos los marcos mentales, que pasan a verse como relativos, soltamos también toda identificación con ellos, en mayor o menor grado, pues la trascendencia también tiene grados, siendo muy poco usual que una persona haya trascendido al 100% todos los marcos mentales. En todo caso, al trascender las ideas, se trascienden también las identificaciones, y es un proceso que puede ser especialmente duro, al menos al principio, pues sientes que tu propio yo se debilita, se disuelve, ese yo compuesto de ideas, opiniones, tendencias, ideales, sueños, todo eso, se ve en perspectiva, se suelta, se afloja, y hay una vivencia de disolución de uno mismo.
Es un proceso que nunca ha de emprenderse a menos que se sienta la verdadera necesidad de hacerlo; y la única manera de sentir esa necesidad de desprendimiento total es a través del deseo de conocer la realidad tal como es, incluso a ese precio de perderse a uno mismo. Porque la realidad en sí misma es trascendente, no puede conocerse estando limitado, cerrado, dentro de un marco mental personal determinado. Cuando en la persona se despierta esa necesidad, ese anhelo de saber, de vivir la realidad total, esa fuerza es tan grande que es capaz de arrasar con todo lo que antes se vivía, que era una realidad parcial, nuestro pequeño mundo personal. 
La técnica concreta que utilicemos no afecta a esta definición: pueden ser prácticas simples, como atender a la respiración durante un minuto, o difíciles, como permanecer media hora plenamente consciente en total silencio mental: la persona usa esas técnicas para entrar en estados meditativos, en los cuales la visión de la realidad trasciende la común. La práctica de mindfulness también queda comprendida como una técnica (o conjunto de técnicas) que pueden usarse en el contexto de la meditación o fuera de él.

Prácticas meditativas de desarrollo personal

En cambio si la persona no está interesada en esa visión más impersonal de la realidad en que las ideas sobre uno mismo y el mundo son vistas como relativas, sino que más bien lo que busca es funcionar mejor en el mundo, con todas las variantes posibles, ser más eficiente en el trabajo o en los estudios, ser más feliz, mejorar la satisfacción personal con la vida, ser más estable emocionalmente, etc etc entonces el realizar las prácticas que sean para lograr esos objetivos no lo consideramos meditar, sino un trabajo personal, interior, de desarrollo. Creemos que esta clasificación tiene la ventaja de clarificar mucho el panorama de tradiciones y técnicas, evitando confusiones. 

Buscando mindfulness en Google aparecen multitud
de imágenes en las que se adopta una asana de Yoga,
con apariencia de estar meditando.
¿Meditando para vender más?
Por ejemplo, es una imagen frecuente la de niños/as en edad escolar practicando mindfulness como si fueran yoguis en meditación profunda. En realidad, buscar una trascendencia a esa edad es desaconsejable, pues la personalidad aún está en formación, y es prematuro comenzar a debilitarla sin dejar primero que haya cumplido su función: nadie debería meditar, en el sentido de buscar una trascendencia, antes de los 21 años, que es la edad en la que se cree que se completa la formación de la personalidad. Se puede y es altamente recomendable usar técnicas adaptadas de mindfulness, yoga, y otras tradiciones con el fin de ayudar a un desarrollo sano y equilibrado de la personalidad, al desarrollo personal. Lo mismo se puede decir en el ámbito de la empresa, en el que se busca, casi siempre, más eficiencia laboral, una motivación muy diferente de la trascendencia: en general no se medita en la empresa, lo que se hace es usar técnicas tomadas de las tradiciones meditativas, convenientemente adaptadas, con fines prácticos (recuerdo ahora las palabras de un profesional de este tipo de prácticas en empresas, que lo califica como "mindfulness aterrizado"), buscando un desarrollo personal en la línea de resistencia al estrés, concentración, etc. Habrá quien quiera considerarlo meditación, en nuestra clasificación no lo es con toda claridad.

Claro que también podemos relajar el concepto de trascendencia, y considerar que buscar un funcionar mejor es buscar un trascender las propias limitaciones personales, es una trascendencia no espiritual, sino material; visto así, las prácticas meditativas de mejora personal se consideran meditación, pues buscan una trascendencia. Vemos pues que no hay una línea clara definitoria, no puede haberla, lo que sí se define claramente son las dos posiciones extremas: la espiritualidad que implica una trascendencia del yo personal como objetivo principal, o bien la mejora  del yo personal sin ningún interés por trascenderlo.

En este sentido, es perfectamente posible encontrar personas que trabajan seriamente las prácticas de mindfulness y tienen una personalidad fuerte, y un ego muy bien definido, pues es precisamente eso lo que buscan. O quizá sólo practican mindfulness para soportar mejor el estrés ... antes de acudir a una reunión de negocios en la que van a realizar una absorción hostil de otra empresa, o acudir al campo de batalla en el caso de mindfulness militar.

Si el lector se extraña de que una práctica originalmente espiritual pueda usarse para fines que no tienen nada en absoluto de espirituales, tenga en cuenta que las muchas tradiciones espirituales consideran que para trascender nuestro ego primero ha de controlarse la mente, y por eso abundan las prácticas para entrenar el control mental; se puede, y así se ha hecho, aprovechar ese control mental no para trascender, sino para fines absolutamente materiales, egoístas, incluso poco éticos.

Entre los extremos

Pero como todas las clasificaciones no ha de tomarse como excluyente de situaciones intermedias, las hay. Al meditar con el objetivo de la trascendencia, como efecto colateral se obtienen beneficios relacionados con el crecimiento personal: ecuanimidad, paz mental y emocional, mejor salud, más empatía, y muchas otras. Y en el otro extremo, al ejercitarse para la mejora personal usando técnicas basadas en tradiciones meditativas, hasta cierto punto puede ocurrir un cierto nivel de trascendencia de la idea del propio yo, y de otros puntos de vista egocentrados, y esto también está documentado. De forma que entre los dos extremos, meditar para la trascendencia y practicar ejercicios meditativos orientados estrictamente a la mejora personal, encontramos todos los matices posibles, dependiendo de la persona, de las prácticas realizadas, del tiempo dedicado, de quien te dirige la práctica, y de otros factores. De forma que decir si alguien está realmente meditando o no, quizá sólo esté claro en esos casos extremos. En muchos casos podríamos decir que se medita de forma superficial, sin un objetivo claro de trascendencia, siendo el objetivo otro más práctico.

Recuerdo una conversación con un maestro de Yoga Kundalini (una variante que se interesa especialmente por las energías del cuerpo y su conexión con la energía universal), un hombre con dedicación exclusiva al Yoga, del cual es realmente un erudito; comentando sobre el fenómeno de mindfulness lo etiquetó rápidamente, con un semblante que denotaba desacuerdo: "mindfulness es quitar toda la vertiente espiritual a la meditación". Y no le faltaba razón, pues el mindfulness que se está practicando en muchos sitios es precisamente eso, como hemos explicado, sólo que nosotros consideramos que, sin espiritualidad, sin trascendencia, no es meditación, es un entrenamiento mental.





dimarts, 1 de maig del 2018

Perfecta simpatía

La simpatía se define como una tendencia a ser afectuoso y amistoso con las personas (y también con todo ser vivo), una armonía con los sentimientos de personas distintas, que entran en simpatía, es una emoción afín al amor. El contrario de la simpatía es la antipatía: la repulsa o rechazo hacia una persona o hacia su actitud o comportamiento, y como emoción es afín al odio.

Habitualmente en nuestra actividad social nos movemos entre esos dos extremos, según con quien coincidamos, o a quien leamos, o con quien intercambiemos opiniones. La simpatía y la antipatía son emocionales, generalmente instintivas, o sea, automáticas: surgen por reacción espontánea. Y cuando adoptamos, enfrente a un interlocutor, las actitudes basadas en las emociones correspondientes, que son la actitud simpática o la antipática, bien entendido que son los dos extremos, y que entre los dos extremos existe toda una gama intermedia, nuestro interlocutor probablemente lo notará, se sentirá aceptado, acogido, respetado, o bien se sentirá rechazado, negado. 

Siendo emociones instintivas, automáticas, son susceptibles de regulación inteligente por cualquier persona que se haya ejercitado suficientemente en el control de su atención y de su auto-conciencia. Podremos pues, escoger el sentimiento y actitud simpática, neutra, o antipática. La primera, la simpatía, es obviamente una emoción positiva, y su contraria, una emoción negativa, que puede provocar en el otro, en nuestro interlocutor, la misma reacción hacia nosotros. 

Sabemos que las emociones negativas tienen su valor, que es informarnos al momento de que algo dañino está ocurriendo, de forma que podamos protegernos, esa es la función primordial de las emociones negativas. Cuando la persona ha trabajado su interioridad, su presencia plena, no se siente en peligro fácilmente por ninguna opinión contraria a su parecer, ni por ningún ataque personal, exceptuando aquellos de peligro físico, claro está. Así que sus emociones negativas reducen grandemente su influjo sobre él, no necesita defenderse. Además, sabiendo que si se deja llevar por una actitud negativa hacia otra persona, no conseguirá nada más que la misma actitud negativa hacia él por reacción, ve claramente la inutilidad de tal reacción.

Se abre entonces otra posibilidad: la de cultivar la simpatía incondicional, constante. Tal estado positivo exige comprensión y tolerancia: cuando nos encontramos de cara con ideas, opiniones, comportamientos que vemos como erróneos, injustos, inadmisibles, etc, nos hacemos conscientes de nuestro rechazo, pero al instante aceptamos la imperfección del ser humano (incluidos nosotros), lo complicado que puede ser adquirir una visión correcta y equilibrada de las cosas, y aplicamos nuestra tolerancia hacia esa persona o situación que vemos como imperfecta, no la rechazamos, la aceptamos.

Es el mismo tipo de aceptación que se aplica en mindfulness: aceptar lo que está ocurriendo aquí y ahora, no reaccionar, lo cual no significa que nos parezca bien, ni tampoco que no vayamos a intentar cambiar las cosas para mejor.  A esta aceptación, le añadimos empatía, comprensión, tolerancia, o compasión, otro elemento básico en mindfulness. La actitud es de no tener ni un asomo de negatividad, de no querer eliminar, destruir aquello que nos disgusta; al contrario, hay una actitud positiva de construir, de mejorar en la medida de nuestras posibilidades aquello que vemos como mejorable, pero siempre desde una aceptación tolerante, incluso de un afecto incondidional. Y como hemos dicho antes, al actuar así no se provoca el rechazo del otro hacia nosotros, el cual se siente aceptado por nosotros. Y desde esa conexión con el otro podemos trabajar en el sentido de intentar mejorar la situación, en vez de caer en el rechazo, la incomprensión, y el cierre de posiciones, defendiendo cada uno la suya. 

Es una simpatía perfecta, que incluye a todo el mundo, que no rechaza sino que acoge, que comprende, que tolera, y que sienta las bases para poder ser escuchado, para poder intentar ayudar si es posible.